Volvimos a crucificar a Jesús

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Por: Edilson Huérfano Ordoñez.

Twitter: @Padrehuerfano1

Sacerdote ortodoxo APC de Rusia , licenciado en educación de la universidad del Magdalena, estudios de teología y ciencias religiosa, gestión comunitaria, preescolar, experto en resolución de conflictos, conflicto social y armado colombiano. Integrante de la comisión política de la audiencia nacional por la paz zona norte del Cauca . Experto en procesos de paz con pandillas.

Mucho se habla de amor, de paz, de tolerancia, de evangelio social, de perdón, en fin, la moda es la paz. Todos hablamos de paz, mejor aún, ya nos creemos el cuento que somos los expertos en paz. Desde los pulpitos siempre se ha hablado de lo importante del evangelio y del Jesús humano, desde los altares se predica el perdón, y ponemos como ejemplo el típico caso de la mujer adúltera, es decir, María magdalena “la pecadora” Juan capítulo 8 y de allí en adelante ya se podrán imaginar lo que vivió esta humilde mujer.

La pregunta es: ¿quién o quienes se acostaron con ella para afirmar tal cosa? En fin, aun no me paso ese trago de su condición de pecadora por una sencilla razón, quienes la juzgaban eran los mismos que gritaban a cuatro voces en los templos, aquellos “seguidores de la ley de Dios”.

Hoy la historia no ha cambiado en nada,  y muchos líderes religiosos siguen buscando Marías Magdalena por todas partes y aunque se rasgan las vestiduras y se quiebran la garganta hablando del amor al prójimo y del perdón traen un mensaje que nada tiene que ver con el actuar real.

Millones de Colombianos hemos soñado con un país tranquilo, así como sueñan los hermanos testigos de Jehová con ese maravilloso día donde el león y el hombre vivan en armonía, sin que el león se devore al hombre. Hoy el hombre se ha vuelto tan salvaje que se invirtieron los roles naturales, el hombre se devora al hombre y las fieras se han vuelto domésticas, lo mismo pasa con algunos desde la religión, se han vuelto tan salvajes desde su pulpito, que el evangelio que predican ya no es de paz y amor, es un evangelio direccionado por el signo pesos.

Cuando digo que volvimos a crucificar a Jesús, hago referencia a los últimos acontecimientos del país frente a la posición religiosa sobre el proceso de dejación de armas entre el gobierno de Santos y las FARC,  la razón: El evangelio que yo conozco es una evangelio social y llamado a vivir en armonía, a silenciar los gritos de violencia, a perdonar a quien ha cometido faltas, y ayudar a quien se equivoca o lo necesita, en fin, un evangelio que invita a dar lo que no se tiene por el otro sin importar quien sea.

He escuchado a muchos líderes religiosos decir que en Colombia no se puede avalar un proceso así con la guerrilla, prácticamente que la solución es la bala para arreglar a esta patria polarizando la religión y el corazón de muchos de sus fieles, generando un efecto distinto al efecto Jesús, donde más bien se parecen al evangelio de Lucas 20; Versículo 9 al 19. Si la gente dice SI! o dice NO! en este plebiscito, es única responsabilidad de cada quien, más la decisión   no puede llegar desde un altar o pulpito para estas personas, mucho menos con los argumentos tergiversados sobre y la manipulación del mensaje de Jesús, mensaje de reflexión y de esperanza, y no el mensaje que varios desde la religión están enviando, un mensaje de odio, de rencor, sabiendo que si decimos ser siervos de Cristo, estamos en el deber de procurar la armonía para este país, pero muchos han hecho de este mensaje el fortín politiquero, volviendo a la época donde Jesús repudio a los maestros de la ley y fariseos, en pocas palabras, la fe como negocio político y económico y no fuente espiritual que emana ríos de paz.

 

 

 

 

 

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