¿Y después qué?

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leo quinteroPor Leo Quintero

Los actos vandálicos que desdibujaron por completo la protesta de los buseteros en la capital del Valle fueron el punto de quiebre más complejo para el Sistema de Transporte Masivo de la capital del Valle, que después del miércoles pasado requiere una completa reingeniería para entrar en el alma popular y en el concepto de propiedad ciudadana, tal como ocurre con el metro de Medellín.

Porque este sistema paisa durante todos sus años no ha sufrido la penosa destrucción que padecieron los equipos del Sistema de Transporte Masivo de la capital del Valle, que, como recordó la primera autoridad de Cali tiene varios componentes o inversionistas, que es lo mismo.

Veamos. Las vías y estaciones del MIO fueron construidas por el Estado, con la plata de todos los ciudadanos producto de la sobretasa a la gasolina, que cancelan los que tienen y no tienen vehículo, porque en cualquier momento se montan en un automotor, desde una moto hasta un avión. Los articulados, padrones y alimentadores, son privados; eran de los antiguos propietarios de los buses del colectivo, que hace cinco años eran 5.200 y hoy llegan a 1.374. Ellos, unidos en cuatro grupos, GIT Masivo, Blanco y Negro, ETM y Unimetro, son los propietarios de los automotores. Y, por su parte, el integrador que es el Siur, o UT&RT, que está compuesto por una sociedad con capital 100 % privado.

De estos tres elementos, los más impactados por el vandalismo del miércoles fueron los operadores del sistema, con más de 90 vehículos dañados, y el Estado, que somos todos los ciudadanos representados en las estaciones del MIO que fueron destruidas parcialmente y saqueadas por grupos que, según los organizadores de la protesta de las busetas, son ajenos al movimiento de los transportadores.

Lamentablemente, entre los promotores de la protesta también hay socios del Masivo, quienes están a punto de perderlo todo porque llevan 5 años sin recibir cinco centavos de utilidad y, antes por el contrario, han debido capitalizar en varias oportunidades su inversión.

Hoy en día, hay grupos como GIT Masivo que tiene un déficit superior a los $36.000 millones, lo que genera una incapacidad administrativa y operativa, con los consecuentes atrasos en el aspecto laboral y en el cumplimiento de compromisos con el sistema financiero.

Para ayudar a que estos grupos económicos empresariales del MIO no se revienten, el gobierno nacional, preocupado porque todos los sistemas de transporte masivo del país estaban toteándose, aceptó la iniciativa que el gobierno caleño hizo hace más de un año para apalancar la operación del MIO: comprar el resto de las busetas y concederles un préstamo por $90.000 millones, que será garantizado por Metro Cali y pagado mediante una fiducia.

Claro que a la fecha la Nación no ha desembolsado los dineros, los que hoy en día se están pagando provienen de los fondos de Metro Cali que tiene en los bancos cerca de $320.000 millones, de la sobretasa a la gasolina y de la nula ejecución en construcciones durante los dos últimos años.

Lo que hoy en día es real es que el valor de las acciones de estos grupos económicos se redujo a la mitad. Es cierto también que hay inversionistas de Bogotá, Cali y de otras regiones del continente detrás de ellos, especialmente del más grande: GIT Masivo. Pero la caja de Pandora, abierta el miércoles, deja ver que hay intereses de inversionistas peruanos en el Siur, quienes ya dialogaron con sus representantes, que aseguran también que el MIO no ha sido lo rentable cuya proyección del negocio permitió visualizar. Por un factor sencillo: nunca se actualizaron los estudios de movilidad, porque las rutas del MIO, como dicen todos los expertos, no tienen la aceptación colectiva y porque la lentitud del sistema, apenas 19 km/h, hizo que muchísimos de los pasajeros se bajaran y compraran motocicletas, pagando casi lo mismo que mensualmente invierten en los pasajes del sistema, pero ganando en agilidad y movilidad en su andar por la ciudad.

Estos son los motivos que en Metro Cali conocen los expertos que prefieren no hablar del tema, pero que en las calles, los ciudadanos de a pie, saben muy bien, aquellos que tienen conocimiento de causa de que si se le pasó el bus del MIO, el siguiente llegará media hora o más tiempo después. Saben que las rutas están alejadas de su entorno, que lo bajaron de la buseta para hacerlo montar en el pirata y en el motorratón, con tarifas tan inciertas, que a un caleño del oriente de la ciudad hoy en día movilizarse vale más del doble que en el resto de la ciudad.

Los técnicos del MIO, los directivos de Metro Cali, los representantes del gobierno de turno, deben repensar el MIO, más que ganarle la batalla a los buseteros, los que un día de este año, o del otro, o dentro de varios años saldrán de las vías.

Ahora la lucha es por los pasajeros, para que se convenzan de que el futuro de la ciudad es el Sistema de Transporte Masivo, el MIO, pero con un eficiente servicio, con horarios cumplidos, con una flota que cubra a la ciudad. Porque de no hacerlo, el espacio que dejen las busetas seguirá alimentando la informalidad que durante el último año en Cali, en materia de transporte, no ha dejado de crecer; tanto es así, que hoy en día funcionarios estatales y miembros de la  Fuerza Pública en horarios no laborales cumplen con esa tarea como piratas.

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