Y ¿dónde está el inspector?

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Por: Edilson Huérfano Ordoñez.

Twitter: @Padrehuerfano1

Sacerdote ortodoxo APC de Rusia , licenciado en educación de la universidad del Magdalena, estudios de teología y ciencias religiosa, gestión comunitaria, preescolar, experto en resolución de conflictos, conflicto social y armado colombiano. Integrante de la comisión política de la audiencia nacional por la paz zona norte del Cauca . Experto en procesos de paz con pandillas.

La realidad que viven miles de adultos mayores en el país frente a vulneración de sus derechos por parte de algunos de sus hijos o miembros del grupo familiar, no es ajena en Cali. Hechos como los que le voy a narrar hacen que como ciudadano se cuestione el papel de ciertos miembros o servidores públicos, los cuales pretenden estar por encima de los mismos jueces, creyéndose el cuento que son mas verracos que el diablo de la caja de fósforos, tal y como lo decía mi abuela; intocables por el hecho de pertenecer al “distinguido” gremio de los dinosaurios amaestrados en lo público. En fin, Margarita Tascon de Tovar, es una dulce abuela que irradia ternura, con un carisma al mejor estilo de aquellas abuelas alcahuetas con sus nietos, y un sabor, como dirían los buenos amigos de la gastronomía casera de leña y humo, es decir, una sazón como pocas. Pero no es de eso lo que quiero hablar, aquella dulce abuela está siendo víctima de violencia por parte de su propia hija, tal y como lo han venido denunciando algunos de sus hijos, en juzgados, en la inspección de policía del barrio los Guaduales del Cali seis, a donde llego la orden de un juez para que el inspector hiciera cumplir los derechos de los adultos mayores. Hasta allí todo era alegría porque la abuela Margarita por fin volvería a su propia casa, la cual en un acto de madre amorosa, de esas mismas que dan la vida por sus hijos, cedió un buen espacio a una de sus hijas, la misma que está acusada de maltrato contra su propia madre.

El acto de amor se volvió al poco tiempo un acto de terror para esta abuela, a tal punto según su hijo Rafael, la abuela margarita le toco salir de su propio techo.

La esperanza llego cuando se fijó fecha por parte del inspector de la comuna seis, y así cumplir la orden del juez; la alegría se volvió llanto, el inspector en un acto humanitario con la hija de doña Margarita, decidió que no haría tal proceso, que la abuela Margarita no tenía derechos vulnerados y suspendió todo.

Hoy ha pasado el tiempo y nuevamente un juez falla, se acudió a medios, hasta la misma secretaria de gobierno se comprometió en hacer cumplir la norma, pero sucedió lo mismo de siempre, nadie dice nada, y la abuela Margarita espera que la justicia le cumpla, porque tal parece que el inspector del Cali seis está por encima del juez, mientras tanto la abuela de ochenta años se pregunta: ¿y en dónde está el inspector?

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