Y el pueblo imita su voluntad

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Por María Camila Arango

Hay una premisa del buen gobierno que Confucio alguna vez dijo inocentemente, sin saber que a esta alturas nos tendría obviándola en la teoría y omitiéndola en la práctica: “El buen gobierno consiste en que el gobernante sea gobernante, el ministro sea ministro, el padre sea padre y el hijo sea hijo”. Básico. Cumpla con las tareas para las cuales fue electo o designado y permítale a los demás hacer lo propio. Casi que son las mismas instrucciones que se dan en un salón de primaria.

Llevamos un poco más de un mes en cuarentena y con casi absoluta certeza puedo decir que el Gobierno Nacional se ha llevado la contraria públicamente más de diez veces, y el presidente y la Alcaldesa de Bogotá ¡ni se diga! Mientras tanto aquí estamos los colombianos: aturdidos viendo cómo compiten por los titulares como si fuera la final de un torneo de tenis. Parecemos un perrito de taxi que no tiene idea hacia qué lado mirar primero. Yo no sé a ustedes, pero a mí ese partido ya me tiene mareada.

El gobernante debe tener una conducta ejemplar, llámese presidente, gobernador o alcalde.

Y no solo basta con tomar decisiones acertadas, se necesita que el pueblo entienda esas decisiones y las acate. El orden en la toma de decisiones y su buena comunicación, se reflejan en la disciplina de quien las debe obedecer. El daño que un rifirrafe político le hace al país en momentos de incertidumbre es incalculable. Los colombianos el lunes escuchamos decir a Carrasquilla que no había más remedio que una reforma tributaria, el mismo día más tarde Duque insistió en que no era necesario. Una semana después el Presidente anuncia que el sector de la construcción retomará actividades, el mismo día más tarde la Alcaldesa dice que esa orden -por orden de ella- no aplicará en Bogotá. Mientras tanto los medios rifan sus primeras planas y alargan el juego solo por buscar más clicks.

Qué mareo.

Esto evidencia errores de lado y lado: a Claudia le sobra prepotencia y a Duque le falta liderazgo. Claudia nos está enseñando -lo quiera o no- a frentear al Presidente, a no respetar sus decisiones. Duque nos está demostrando que no ha puesto la casa en orden, que no tiene comunicación clara con sus ministros y que es incapaz de liderar una caravana entera en la misma dirección. Hoy eso implica poner en riesgo nuestra salud y desordenar una posible reapertura económica, implica desorden y confusión. Todos están comprobando que aquí nadie entiende su papel, ni siquiera los mismos ciudadanos que -en menos de 300 caracteres y tal como lo esperan los medios- abuchean al último que haya ganado el punto y animan al contrincante a responder con más fuerza.

Volvamos a lo básico: ideal fuese que el Presidente se pusiera de acuerdo con los demás mandatarios que hoy son su equipo. Que mostraran confianza, fortaleza, vendieran una línea de ruta clara y confiable. ¡Ideal sería que hablaran entre ellos! Los ciudadanos esperamos poder confiar en las decisiones que se tomen, necesitamos ver una unión entre gobernantes, una alianza responsable sin dejar de ser crítica. Queremos encontrar claridad en las palabras de quienes tienen en sus manos nuestra seguridad.

Hoy nuestros gobernantes le están haciendo mucho daño al país, se contradicen, se desautorizan, y el pueblo imita su voluntad. A 40 días de confinamiento, mareada con tanta información y perdida por tanta
incertidumbre, “he llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”.

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