¿Y los partidos políticos qué?…

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Por: Camila Zuluaga

En Colombia no existe un partido político sólido a pesar de ser  imperativo de las democracias el papel que estos juegan. Ellos representan y reúnen  conceptos ideológicos que direccionan sus opiniones, exigencias e influencia frente a las decisiones de los gobiernos.  De la  fuerte estructura de las colectividades políticas depende el buen funcionamiento legislativo de las naciones y así mismo la enriquecedora deliberación en busca de consensos. Lamentablemente la realidad de la política en nuestro país es y ha sido opuesta a esta premisa democrática.

La realidad de los partidos políticos en nuestro país es lamentable: contamos con una multiplicidad de colectividades sin ningún tipo de fortaleza estructural ni representativa de los intereses de los ciudadanos. Si hacemos un resumen  nos encontramos con el siguiente panorama: el partido Conservador está completamente anquilosado y es “puestero” por definición. El partido de la U es una colcha de retazos llena de oportunistas queriendo estar cobijados por el caudillo del momento, primero Álvaro Uribe, a quien debe su nombre, y ahora el presidente Juan Manuel Santos.

El partido Liberal, doce años en oposición, cansado de la falta de oxigeno,  ahora es el partido de gobierno, a pesar de haber sido bastante crítico durante la campaña. El Polo Democrático, la opción de izquierda, surgió como una esperanza de pensamiento diferente, pero se hizo harakiri secundando a los hermanos Moreno sin tener posiciones claras frente a su accionar, pero sobre todo porque no supieron manejar los egos de sus integrantes, quienes resultaron creerse más grandes que el partido. Una de sus figuras más visibles, el actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, decidió armar rancho aparte, de los Progresistas, haciéndole honor a nuestra historia de débiles e inconstantes colectividades. Hoy solo vemos su representación en Bogotá y esperamos que no sea otro partido gaseoso y de momento. Pero me temo que así será.

Otro ejemplo es el Partido Verde, un desastre conocido por todos que surgió como  alternativa a esas prácticas políticas que  un sector de la sociedad rechaza y cuestiona, pero resultó todo un fiasco a causa de varias incongruencias de las relaciones entre  sus integrantes. Sumado a lo anterior, en las páginas de los periódicos de la semana pasada, de manera no muy destacada, encontramos que el exmagistrado de la Corte Constitucional, Jaime Araujo Rentería, lidera una demanda al Consejo Nacional Electoral para revivir la personería jurídica de la Unión Patriótica…

En conclusión, la lista es larga, pero lo anteriormente expuestos nos dan luces y nos demuestran cómo en Colombia, crear un partido, es igual que abrir una tienda. Cuando de partidos políticos se trata pesan más los intereses que las ideas. En este país la única colectividad sólida es la del dinero y la de los puestos. El congreso danza al son de los ofrecimientos burocráticos. Las propuestas claras y estructuradas de una visión de país  brillan por su ausencia. Proyectos tan importantes y trascendentes para el futuro como lo son el marco jurídico para la paz, la reforma tributaria, la reforma a la justicia, por exponer algunos ejemplos, no se debaten desde distintas ópticas, planteando los pros y contras de dichas iniciativas, como debería ser. Las decisiones se dan al vaivén de los intereses personales de los integrantes de los partidos y de la aceitada que esté dispuesto a dar el gobierno de turno.

Por lo anterior, me rehúso a pensar que en términos políticos y legislativos se puedan venir transformaciones importantes y significativas para el país. Una cosa más: a propósito de intereses, es vergonzoso lo que está pasando con la rama judicial y algunos magistrados de las altas Cortes; han decidido pelar el cobre con el único objetivo de quedarse anclados a su silla por unos años más.


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