“Yo creo que el alcalde no tiene necesidad de robar”

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Por Luz Adriana Betancourt @Luzbeta

Esta frase la escuché mientras caminaba un día de esta semana, a las seis de la tarde, por la calle que separa la manzana donde está la iglesia La Merced de la manzana donde está la Casa Arzobispal. El detalle de lo religioso ni quita ni pone en este caso. Solo quiero resaltar el contexto casual donde me crucé con tres jóvenes adultos que supongo acababan de salir de trabajar y conversaban sobre la gestión del alcalde Guerrero. Los dos acompañantes de quien emitió la frase del título le respondieron: “Yo tampoco creo que Guerrero necesite robar”.

Me quedé pensando… No en las necesidades del alcalde, sino en la lógica colombiana de creer que robar es un asunto de necesidad. ¿Cuántas personas conoce usted que tienen mucho menos que el sueldo de un funcionario público y, sin embargo, nunca han robado? Me atrevo a asegurar que cada día mueren personas a causa de desnutrición o por la falta de atención médica, sin un peso en el bolsillo y, pese a ello, se negaron a convertirse en ladronas. También creo que quienes se abstienen de salir a arrebatar lo ajeno consideran que robar hace daño a los que se han ganado lo suyo, bien sea por esfuerzo, por suerte o por bendiciones. No es que sean miedosos, sino respetuosos.

En fin, los honestos son muchos aunque casi nadie note esa realidad. En cambio, hay gente que roba sin necesidad. Entonces hablemos de ellos, de los que hurtan aun recibiendo un buen pago como servidores públicos. Como la mayoría de los seres humanos no viven en estrato seis ni tienen tierras, empresas y acciones en la bolsa, asumamos que es una buena remuneración tener un salario superior a cinco millones de pesos para cargos como directores técnicos o subsecretarios, o recibir un pago de ocho millones para secretarios del Gabinete, más las prestaciones y primas extralegales.

Ahora veamos qué hay detrás de la frase del titular: encontramos la resignación de personas que aceptaron que al sector público entran unos pocos, como si encontraran una guaca con un tesoro sobre el que tienen el derecho de repartirlo. ¡Pues no, señoras y señores!, aunque se trata del tesoro público ni es guaca ni es pal’ que se lo encuentre.

Hay otra visión bien diferente y es la que podría llevarnos a construir un país con ciertas garantías para vivir, como Viena, Suiza, Nueva Zelandia y Canadá, que ocupan los primeros lugares en calidad de vida según la encuesta Mercer 2011, publicada por varios medios, entre los cuales consulté CNN, aplicada con 39 criterios como escuelas, clima, actividades recreativas, estabilidad interna, factores económicos, infraestructura moderna, alto nivel de atención médica, nivel de seguridad personal y congestión del tráfico.

Pero mientras sigamos pensando que un alcalde necesita o no necesita robar, seguiremos permitiendo que la política sea abordada por muchos personajes que buscan “llenar esa necesidad”, que en mi opinión no es física sino mental: la codicia.

Yo estoy casi segura, y en eso coincido con los tres jóvenes a los que escuché hablar en la calle, que el médico Rodrigo Guerrero no necesita robar. Pero más que eso, espero y confío en que Rodrigo Guerrero no es un ladrón, es un médico, es un líder cívico, es un trabajador incansable, es un ser humano honesto, que ha sacrificado su tranquilidad y su bienestar para evitar que otras personas menos preparadas y con intereses clientelistas llegaran a administrar el presupuesto de los caleños. ¿Notan la diferencia?

Por si acaso no queda clara la idea, les recuerdo que dos concejales de Cali en el año 2005 se apropiaron de 950 millones de pesos que debían haber sido destinados para pagar el estudio de niños de estratos uno y dos. Era dinero enviado por el Ministerio de Educación para pagar la ampliación de la cobertura educativa, ya que en los colegios públicos no había cupos suficientes. Y si no los detectan a tiempo, tal vez se hubiesen adueñado de una cifra mayor.

¿Acaso uno puede llega a pensar que dos concejales con familias de buen nombre y con larga trayectoria en la política “necesitaban” robar? Claro que no. Los que tenían necesidades insatisfechas eran los niños y sus familias, pero no robaron. Los que se apropiaron de la plata fueron los que ya tenían cómo vivir bien.

Llegará el día en que podamos decir “es que esos funcionarios públicos son muy trabajadores y honrados”, “yo estoy seguro de que ese alcalde o ese gobernador nunca robaría, porque se hizo elegir por su vocación de servicio”. Creer que es posible nos ayuda, porque solo cuando uno tiene metas altas y es exigente se logran resultados grandes.

En muy poco tiempo comenzarán a sonar nombres de candidatos que aspiran a gobernar el departamento, la ciudad y el país. Probablemente no sean muchos los que estén dispuestos a ser honrados, por encima de la tentación, al ver grandes sumas de dinero. Pocos personajes inteligentes, trabajadores y honestos quieren someterse a las difíciles pruebas de una campaña con contendores inescrupulosos; y si ganan, tendrán que oír su nombre siempre puesto en duda y hasta andar pagando abogados por cuenta suya, para que demuestren su inocencia en varias investigaciones interpuestas por sus enemigos políticos o por ciudadanos confundidos.

Tal vez lleguen muchos lobos disfrazados de ovejas: sonriendo, abrazando y fingiendo ser víctimas de la división de clases sociales. Algunos periodistas, algunos empresarios, algunos líderes barriales pueden creer que lo mejor es subirse a la campaña con más opción de ganar y no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, que a ciertas organizaciones políticas las mueve no el interés del servicio público ni el sueño altruista de construir un mejor país, sino la codicia para crear lo que hoy en día llaman en la fiscalía “una empresa criminal para defraudar al Estado”. Por eso, lanzo esta frase para quien la quiera pensar: “Yo creo que los ciudadanos no deben dejarse robar y tienen que hacer el esfuerzo por informarse sobre quiénes administran lo público”.

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