Zanjas falsas

0

ana maria ruizPor Ana María Ruiz Perea

@anaruizpe

 

¿Qué tienen que ver la música popular o las costumbres culinarias con la cultura nacional? Todavía hay personas, empresas y hasta entidades públicas que se hacen esta pregunta e intentan trazar distancias entre “la cultura” y la cultura popular, como si semejante zanja falsa mantuviera al “pueblo” fuera del alcance de alguien que no es más que una extensión arribista y excluyente de los mismos; al fin y al cabo, gústenos o no, somos todos el mismo pueblo. Y la cultura es la cultura.

Dos experiencias recientes me traen esta pregunta a colación. En el Congreso Gastronómico de Popayán escuché un comentario que -dándoselas de mucho popayanejismo– decía que las carpas instaladas para albergar los eventos de la programación de charlas y demostraciones, y para la venta de alimentos y bebidas, “volvían el Parque Caldas una sancochería”. Como si el sancocho, perdonen ustedes, no mereciera un gran capítulo en la historia de las cocinas colombianas tradicionales.

Que en esas carpas del Parque se comiera camarones de Guapi guisados en coco, se aprendiera a cocinar con la quinua prodigiosa o se observara a cocineros invitados contando secretos y recetas, no gustó a ojos de quienes entienden el espacio público como un asunto meramente de deleite visual arquitectónico, que no incluye a la gente que lo ocupa. Sin negar que hay cosas que pueden mejorar del Congreso, mientras el rescate de saberes culinarios populares se mantenga y fortalezca, hay una muy importante misión cumplida.

Y la segunda “colación” sobre el tema de lo popular y su trascendencia. Esta semana, en ese “festival de la palabra” en que se han convertido los tres días alrededor de la entrega del Premio de Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez, que tiene como sede a Medellín, Rubén Blades fue invitado para tener al cierre una conversación con Alberto Salcedo Ramos acerca de Gabo, la crónica y la música. El mismo Rubén Blades de Pedro Navaja, Decisiones, Creo en ti, Plantación adentro, Plástico, y un larguisísimo etcétera, estaba ahí en un escenario no para cantar, sino para encantar con la palabra.

Y encantó. “La pregunta de la relación entre música popular y cultura nacional muestra un prejuicio de valor que un verdadero intelectual no tiene” dice y despliega con fluidez la agudeza y sentido del humor que lo apalancan para pasar de las anécdotas personales (que fueron muchas y muy divertidas con Gabo) al ejercicio de narrar vivencias y preocupaciones compartidas con “GeGeEmeA” como le decía él a Gabo.

Un día le dijo a Gabo: “Voy a hacer un cuento corto y lo canto”. El resultado fue la canción que se llama GDBD (Gente Durmiendo Bajo Dictadura), en la que muestra qué tan común y corriente es la cotidianidad de una persona que va a ser protagonista de un asesinato. “No vamos a entender jamás cómo abordar la maldad si seguimos pensando que los malos tienen cachos y cola”.

Aunque Blades diga que su producción musical “no está hecha para la planta de los pies”, mucho se le ha bailado en toda América Latina desde finales de los 70. Rubén Blades quiere ser Presidente de Panamá, ya lo intentó en 1994 y ahora, por cuenta de “la esperanza invencible del que ha sido perdedor”, 25 años más tarde (en 2019) va a presentar su nombre nuevamente a consideración del pueblo panameño. Ese mismo pueblo que ha tarareado desde niño sus canciones, que lo vio como Ministro de Turismo y que sabe cuánto le conoce para haber sido tan atinado en la manera de contarle su cotidianidad al mundo.

Comments are closed.