Zonas de reserva campesina: ¿construcción o destrucción de la nación?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Doctor en estudios Políticos

Profesor de la Universidad Libre

Twitter: @Florohermes

Durante estos días se ha planteado un debate en torno a las zonas de reserva campesina (ZRC) creadas por la ley 160 de 1994, a raíz de la pretensión de las Farc-EP de transformar esa beneficiosa figura legal, mediante una enmienda constitucional, en “territorios campesinos que gozarán de autonomía política, administrativa, económica, social, ambiental y cultural, y en la administración de justicia a través de los mecanismos de la justicia comunitaria”, dentro de los cuales no podría operar la fuerza pública, lo cual sería una perniciosa figura constitucional.

En otras palabras, pretenden las Farc-EP que tales factores administrativo, ambiental, cultural, económico, de justicia, político y social dentro de las ZRC, los cuales son “demostrativos de lo nacional” en cualquier construcción de un Estado-nación, queden por fuera del ámbito de lo nacional colombiano, al tiempo que desean que una de las grandes instituciones unificadores del pueblo de acuerdo con el liberalismo político, las fuerzas armadas, no opere dentro de sus límites. Nada dicen al respecto de la otra institución unificadora del pueblo: la educación.

Significa, entonces, que las Farc-EP al pretender transformar las ZRC, por medio de su constitucionalización, quieren desde lo local quebrar nuestros frágiles procesos de construcción de la nacionalidad colombiana, llevados a cabo ininterrumpidamente desde nuestra independencia, que por lo frágiles permiten la existencia actualmente de sectores sociales con “poca identificación con la nación”, de acuerdo con las investigaciones de la profesora de la Universidad de los Andes, Ingrid Johanna Bolívar.

Por lo tanto, la reacción del gobierno nacional, para muchos intransigente y para otros desproporcionada si se quiere la paz, encuentra desde la Ciencia Política una clara, precisa e inequívoca explicación: la propuesta de las Farc-EP con respeto a unas ZRC con autonomía política constituye un intento franco de fracturación y desvertebración de una nación construida sobre una nacionalidad fragmentada, lo cual es políticamente inadmisible a casi doscientos años de vida independiente, porque de lo que se trata es de hacer cada vez más consolidado nuestro Estado-nación y no cada vez más fragmentado.

Esto quiere decir, que las negociaciones de paz que se adelantan en La Habana, antes que ser un camino para consolidar nuestra nacionalidad colombiana (que aun no ha encontrado su centralidad) mediante la disminución de la fragmentación cultural, social y territorial, podrían conducir a hacer más distante la unificación de la nación, podrían avocarnos a unos mayores regionalismos, permitirían reeditar los cacicazgos y los gamonalismos fuertemente heridos por la Constitución del 91, se establecerían como impedimentos para la consolidación de nuestro Estado-nación y, en fin, se convertirían en un impedimento de la tan anhelada paz.

En conclusión, para un Estado central con “instituciones políticamente débiles”, pese a la creciente y sostenible letalidad estructural de las operaciones de la Fuerza Pública que las Farc-EP quieren por fuera de las ZRC, la pretensión de su autonomía amenaza la soberanía nacional.

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