A Calmarse

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Por Oscar Gamboa Zúñiga

No sé si los que están enfrascados en tanta polarización han dimensionado los peligros que para nuestra magullada democracia significa lo que están haciendo y hasta donde podemos llegar si esto sigue escalando.

Al momento de escribir esta columna se ajustaban los 73 años del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y las personas mayores que aún recuerdan esos aciagos momentos saben que más allá de los actos de los protagonistas de la política que estaban inmersos en la polarización en esos momentos, algunos medios de comunicación fueron azuzadores de odios fratricidas que luego llevaron al país a una espiral de la muerte que ya se convirtió en una cultura que sigue vigente, aunque hoy tenga algunos factores adicionales que la motivan.

La información periodística de los fines de semana se está volviendo un monologo que mengua, al menos en mi caso el disfrute de leer columnas de opinión o editoriales en algunos medios de comunicación masiva ya sea escritos o televisados. Ya eso se parece más a la guillotina que se llevó en Francia cabezas como las del Rey de Francia, Luis XVI, y su esposa, María Antonieta de Austria; también la del propio Maximilien Robespierre. Aquí esas guillotinas mediáticas se están llevando a sansón y a los filisteos. Y caerán en ella quienes opinen o hagan público que se identifican con tal o cual lado de los sectores de la polarización, como si ese derecho no fuera un mandato de la democracia misma y de las propia leyes.

En una de mis columnas anteriores me referí a las redes sociales y su papel informador o desinformados en el proceso de vacunación. Esta vez, las menciono en el contexto de la polarización porque también se han convertido en toboganes del odio, el irrespeto y la verdulería que desvirtúan su verdadero espíritu cual es, que sirvan de conectores de las información sobre hechos veraces y útiles para la sociedad en cualquier disciplina. Ya les han cambiado su utilidad y hasta les han graduado de fiscales y jueces porque no solo se acusa, sino que se condena a través de estas redes.

Tengo por costumbre no descuidar la actualización académica en diferentes temas y por ello para buscar alguna explicación al porque estamos en esta locura, he encontrado alguna explicación en el psicólogo Abraham Maslow y la pirámide que el creo y que es una teoría de motivación que trata de explicar qué impulsa la conducta humana. La pirámide consta de cinco niveles que están ordenados jerárquicamente según las necesidades humanas que atraviesan todas las personas. Necesidades básicas o fisiológicas (biológicas), necesidades de seguridad, necesidades sociales, necesidades de estima o reconocimiento y necesidades de autorrealización.

Creo entonces que nos quedamos en las necesidades de estima o reconocimiento, o sea, nuestra sociedad exhibe una baja autoestima y por ello, por nada nos irritamos, reaccionamos con calentura y siempre andamos a la defensiva para contestar con dos piedras en las manos y ello nos lleva también a que con cualquier cosa queremos hacernos notar y el histrionismo se vuelve postura del día-día , creyendo que con eso ganamos afectos y/o admiración, así sea que ello esté fundamentado en información falsa y hasta irresponsable. Creo que la forma atropella como se está llevando la vida, con o sin pandemia nos ha vuelto indiferentes, poco detallistas, individualistas, egoístas y a veces hasta mala leche. Esas conductas nos golpean porque son en todas las direcciones y sin darnos cuenta nos estamos bajando el autoestima al colectivo de la sociedad y ello lleva entonces a conductas revanchistas y cargadas de odio.

Estamos ya casi inmersos en la campaña política para elegir un “nuevo congreso” y el próximo presidente de la república. Creo que, en el marco de lo anterior, estaremos frente a una de las campañas mas agresivas de las últimas décadas que sino prima la sensatez, la madurez y la grandeza, cualquier cosa puede pasar. Ya recordarán ustedes el episodio de una marcha en Bogotá cuando un furibundo marchante agredía verbalmente a un contradictor gritando a todo pulmón. ¡plomo es lo que hay para ustedes…plomo! y por el tono de su desenfrenada agresividad, no tengo dudas que si tuviera un arma en ese momento, la hubiera accionado. ¡Qué horror¡

Es hora de que le ayudemos a la sociedad, a la democracia y al país para que desactivemos esta bomba de tiempo que es una carrera alocada hacia un vacío que trae consecuencias impredecibles. La mejor ayuda es calmarnos, sosegarnos y tomar las cosas con calma y tranquilidad. No nos molestemos si alguien piensa diferente a lo que nosotros pensamos porque también estamos pensando diferente a como piensan los otros, o sea, estamos y debemos estar en condiciones de igualdad a la hora de ejercer nuestros derechos a pensar libremente.

La semana que termina se supo de otra masacre en el corregimiento de Mondomo- Santander de Quilichao en el departamento del Cauca, cuatro (4) personas asesinadas. Una más, que triste, que dolor. ¿Hasta cuándo? Ojo con lo que acabo de escribir en esta columna y estas masacres y asesinatos selectivos que están ocurriendo. Dios proteja a Colombia.

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