Aprendamos de nuestra Selección

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pablo-uribePor: Pablo Uribe

Twitter: @pablouribe90

Estoy escribiendo esta columna faltando, tan solo, unas cuantas horas para que nuestra Selección juegue una verdadera batalla contra la todopoderosa Brasil en Fortaleza. Debo decir que nunca antes había sentido un ambiente tan tenso en mi Cali bella. Sí, es tenso, tensísimo si se quiere, pero la tensión no viene de la tristeza, no, no es de esas tensiones que vienen antes de un castigo, es otra tensión, esa que sentíamos de niños antes de abrir el regalo de navidad, esa que se siente antes de la ceremonia de grado, o minutos antes de que vayas a recoger a la chica por la que te derretís, antes de abordar el avión para empezar ese viaje magnifico, es esa tensión de alegría profunda, es la presión que sentimos cuando la vida está a punto de darnos un regalo gigantesco.

Si, eso es lo que se siente en Cali, porque independiente del resultado, la vida, Dios, Pekerman y los guerreros de la selección nos van a llenar de orgullo el corazón. Que orgullo sentimos por esos gladiadores que han dejado el nombre de Colombia en lo más alto, tan alto, que cuando caminás las calles de Buenos Aires, con la camiseta de Colombia, los argentinos  – si los argentinos –  te paran a felicitarte por el “equipazo” que tiene Colombia. Que alegría siento, que orgullo, que bonito es poder vivir este momento histórico.

Solo queda esperar el resultado, y dejarle claro a “la sele” que sin importar lo que pase toda Colombia y las generaciones que se vienen, nos vamos a sentir orgullosos por lo todo lo que han hecho.

Quiero hacer una pequeña reflexión final, quiero que juntos, como la gran Nación que somos, aprendamos de este grupo de héroes, aprendamos que cuando hacemos bien las cosas, de la mano de Dios, no hay absolutamente nada en este mundo que nos pueda parar.

Y hacer bien las cosas implica darle las oportunidades a los que hacen bien las cosas. Para mí el mayor aporte que le dio el maestro Pekerman a la selección fue la meritocracia. Se acabaron las roscas malucas de Maturana, Bolillo y Leonel, en donde quien entraba era el amigo o el coterráneo, sin importar el rendimiento, el talento, la disciplina o la condición física de la persona. Se acabaron las palancas, se acabaron los protegidos de los directivos, se acabaron las convocatorias hechas para negocios, se acabaron los episodios de indisciplina, se acabaron las alineaciones fabricadas en las salas de redacción, todo eso, gracias a Dios, se acabó.

Si algo tenemos claro, absolutamente todos los colombianos, es que los muchachos que están hoy jugando en Brasil son los que merecen estar ahí y eso se ha traducido en resultados. Estamos donde estamos, en gran parte, porque las personas que están peleando los partidos son los mejores, los más disciplinados, los que tienen más talento, los que están en mejor forma.

Aprendamos de la selección copiemos lo bueno, que es mucho. Una de las cosas que más me duele de mi país es ver esa rosca tan gigantesca en todos los estamentos de la sociedad, a la gente que le dan las oportunidades, muchas veces, es porque tienen un apellido o una palanca.

Empecemos a darle las oportunidades al que las merece, al que mejor trabaja, al que es más honrado, al más talentoso. Hoy quiero proponer como reflexión para mi país: Más mérito, menos rosca.

ABREBOCAS: Estoy escribiendo esta columna faltando, tan solo, unas cuantas horas para que nuestra Selección juegue una verdadera batalla contra la todopoderosa Brasil en Fortaleza. Debo decir que nunca antes había sentido un ambiente tan tenso en mi Cali bella

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