Biodiversidad, ‘boom’ minero y derechos humanos

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Guido Germán Hurtado Vera
Historiador y Politólogo
Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacifico Colombiana, CIER
Universidad Autónoma de Occidente

Se sostiene que Colombia es el segundo país con mayor diversidad en el mundo. En el 2008, cuando era Embajador en España el exministro de Minas y Energía, Carlos Rodado Noriega expuso su diferencia respaldado en las opiniones de expertos biólogos, «Colombia debe ser el país más biodiverso ya que con sólo el 1 por ciento de la superficie emergente de la Tierra, acapara el 10 por ciento de las especies del mundo». Sin embargo, «la biodiversidad no sólo está para contemplarla, sino también para protegerla y ponerla al servicio de la humanidad de manera racional”, ya que “los derechos humanos no pueden pasar por encima de los derechos de la naturaleza» (El Periódico de Aragón. 18 de julio de 2008).

Según el Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011. “Colombia rural, razones para la esperanza”, las comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas son las que más sufren los daños ambientales, culturales y socioeconómicos causados por los megaproyectos mineros. De hecho, el 80% de las violaciones de los derechos humanos que ocurrieron en Colombia en los últimos diez años se produjeron en regiones minero-energéticas y el 87% de las personas desplazadas proceden de estos lugares.

El Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en el 2005, otorgó licencia a la multinacional canadiense Sunward Resources Ltda. para la explotación de oro, cobre y molibdeno en el denominado proyecto Mandé Norte. Ubicado en el bajo y medio Atrato y donde habitan comunidades afrodescendientes e indígenas Embera. En el 2009 las comunidades afectadas por el proyecto expresaron que no se cumplió con la consulta previa ya que se hizo de manera fraudulenta. Las comunidades denunciaron que las personas que se oponían al proyecto minero en la zona fueron señaladas de pertenecer a la guerrilla, estigmatizándolos y poniendo sus vidas en riesgo. En el 2010 el ejército bombardeó el lugar dejando tres indígenas heridos. (PBI Colombia. Boletín informativo trimestral número 11, mayo 2009).

En el Nordeste Antioqueño miles de familias han vivido durante siglos de la minería artesanal, principalmente aurífera. Los pequeños mineros han sobrevivido en medio del conflicto y del abandono estatal con la mínima producción que sacaban de sus minas. Pero según los planes del Proyecto Visión Colombia 2019, el Nordeste Antioqueño será el principal distrito minero nacional, para lo que se  plantea incrementar la explotación de multinacionales y reducir la minería artesanal. Según, Peace Brigades International, la entrada de las grandes empresas se hizo en realidad a finales del año 2010 mientras, se cerraron 70 minas y se detuvieron a 118 personas relacionadas con la minería informal en la zona. La situación de violencia y la militarización en el lugar se incrementaron. Hubo amenazas de grupos armados ilegales como las Águilas Negras, los Rastrojos y los Paisas, presencia de paramilitares en veredas del municipio de Remedios, asesinatos de líderes mineros en Segovia, entre otras situaciones. Ante esto, los mineros se organizaron en comités para luchar por sus derechos (PBI Colombia. Boletín informativo trimestral número 17, marzo 2011).

Ubicada en el costado occidental de la serranía de San Lucas, entre los departamentos de Antioquia y Bolívar, Guamocó alberga una de las reservas de oro más grandes del mundo. El oro, el agua, y la diversidad biológica siempre presentes en las montañas que conforman esta región han sido elementos esenciales en la base material y cultural de la vida de las minorías étnicas habitantes de este territorio. En Guamocó residen varias comunidades indígenas y afrocolombianas y ambas tienen en común el no reconocimiento de sus derechos por parte del Estado. En el municipio de Montecristo, declarado de interés minero, hay varias comunidades Embera Katio afectadas por la minería. Denuncian que han llegado empresarios y han tumbado sus aldeas y contaminado sus ríos; algunos indígenas están enfermando y muchos han salido de su territorio. Sin embargo, no tienen cómo defenderse porque oficialmente no tienen derecho sobre estas tierras. Los negros cimarrones llegaron a Guamocó huyendo de la esclavitud, buscando una región lejana y de difícil acceso para poder vivir en paz. Desde ese momento sus descendientes han vivido y trabajado en esta región, y tampoco cuentan con territorios colectivos reconocidos. (PBI Colombia. Boletín informativo número 18, noviembre de 2011).

Según los ejemplos arriba señalados, el enunciado de Rodado Noriega que indica que los derechos humanos no pueden pasar por encima de los derechos de la naturaleza, se cae por su propio peso. Porque la forma como en Colombia se adelantan hoy los grandes proyectos minero energéticos, no sólo ponen en peligro la biodiversidad del territorio sino además resultan ser incompatibles con el tema de los derechos

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