Chao Pepe

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Por

Alejandro Sánchez González

@AlejoSaGo

 

Latinoamérica, tierra de coloridos caudillos. No es fácil concebir la región sin las particularidades de su liderazgo político. Para bien o para mal, buena parte de la convulsionada historia latinoamericana ha sido dirigida por los caprichos de unos pocos. Y es que con unas instituciones democráticas aún pendientes por consolidar, existe un gran espacio para maniobras individuales. En el más repudiable de los casos, las dictaduras militares han impuesto sus agendas personales utilizando el terror estatal como mecanismo de coacción. Pero también existe un lado amable y constructivo del caudillismo. Algo que refleja una bipolaridad antagónica e irreconciliable dentro de quienes ejercen el poder ejecutivo con vehemencia en el continente. De esto fue ejemplo Uruguay en el pasado cuatrienio. Donde José ‘Pepe’ Mujica impuso su agenda con el carisma y la originalidad como principales banderas.

La casa la cuida Manuela. Una perrita de tres patas que en compañía de una banda de gatos silvestres tienen el honor de vigilar la residencia presidencial. La chacra, como le llaman en Uruguay a las moradas humildes, la compro Mujica ya hace más de veinte años. Por esa época él y su esposa, la ahora senadora Lucia Topolansky, se dedicaron al cultivo de flores en su propiedad, actividad que aun realizan. El Pepe, como lo conoce la gente, es un tipo austero. Un estilo de vida que practica y predica con una convicción casi espiritual. Por eso no abandona su chacra. A este sencillo lugar a las afueras de Montevideo, han llegado personajes de todo el mundo que incrédulos quieren corroborar esta historia sin precedentes. Tan lejos ha llegado su leyenda, que un jeque árabe le ofreció un millón de dólares por su destartalado Volkswagen modelo 87. Oferta que rechazo al igual que el pomposo palacio presidencial.

Mujica es un producto de su época. Las luchas sociales de los 60s y 70s lo formaron como líder político-militar dentro de una estructura guerrillera conocida como los Tupamaros. Su militancia lo llevo a la cárcel 4 veces. Una de ellas por 15 años, 7 de los cuales permaneció completamente aislado. Por esa época Uruguay, al igual que el resto del cono sur, lo regia una alianza cívico-militar liderada por Juan María Bordaberry. Quien a principio de los 70s consolido su hegemonía política por medio de las desapariciones y la represión. Mujica estuvo encarcelado por buna parte de la dictadura de Bordaberry, y solo recobro su libertad hasta que la democracia fue restablecida en 1985. Desde entonces un indulto le permitió abandonar la clandestinidad y desempeñar la política de forma legal.

Con el indulto los Tupamaros se hicieron partido. Y para medírsele a las fuerzas tradicionales en las elecciones, eventualmente se unieron a la gran coalición de izquierda conocida como el Frente Amplio. Con el apoyo de esta coalición Mujica inicio una brillante carrera política. En los 90s El Pepe se dio a conocer como un extrovertido senador. Lugo, durante el mandato de Tabaré Vázquez, ocupo el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. El Frente Amplio lo avalo para nominarse como el reemplazo de Vázquez, y de esta forma se convirtió en el primer mandatario del país en el 2010. Desde este momento Mujica puso a su pequeño país en boca de todo el mundo. No solo por su particular forma de gobernar, si no por consolidar una serie de políticas progresistas que ponen a Uruguay a la vanguardia de la región.

El pasado domingo Vázquez fue reelegido. Y con esta coyuntura democrática, la carrera política de El Pepe seguramente llega a su fin. A sus 79 años el curtido político solo pretende dedicarse a los menesteres de su chacra una vez termine su mandato. Y es que ya son más de cinco décadas de militancia, lucha guerrillera y servicio público que el invirtió en una causa que en su momento movió miles de jóvenes. Mujica entiende que hoy los retos son diferentes, y que requieren el compromiso de nuevos líderes. Así lo expreso en su carismático discurso ante la ONU. Donde denuncio que el consumismo voraz solo puede ser combatido por una nueva generación que vea en la austeridad la materialización de la libertad.

En este mismo discurso Mujica también hablo de la situación de Colombia. En su intervención el mandatario pidió el apoyo de la comunidad internacional al actual proceso de paz. Solicitud que ha hecho en diferentes espacios. Como cuando Mujica, un confieso ateo, le hizo al Papa Francisco la misma petición. Y es que el mejor que nadie entiende la inviabilidad de la lucha armada en la actualidad Latinoamericana. De igual forma, comprende que la reconciliación es un proceso lleno de dificultades pero alcanzable. Su vida entera es un testimonio de ello. Ahora solo podrá apoyar el proceso desde la informalidad de su chacra.

Existe una escasez que aqueja las canteras del caudillismo amable y constructivo en la región. No en vano Emir Kustrica, reconocido cineasta y músico serbio, llamo a Mujica “el ultimo héroe de a política”. La excepcional historia de este hombre lo convierte en una mayúscula excepción dentro de la escena política global. Por esta época que recordamos el primer aniversario de la muerte de Nelson Mandela, vemos que tano los ‘héroes’ como los retos han cambiado fundamentalmente. El apartheid contra el que lucho Mandela ya no es un ente tangible. Ahora está oculto dentro de un modelo económico que se disfraza de progreso y prosperidad. Así como los retos cambiaron, quienes los enfrentan también son diferentes. Por esto la invitación a la austeridad que hace El Pepe lo convierte en un caudillo de una nueva época.

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