Ciudadanos y preservación del medioambiente

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Álvaro Guzmán Barney

Director del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

En los últimos años se observa una movilización ciudadana creciente en defensa de los recursos naturales. Se han adelantado protestas, entre otros Departamentos, en la Guajira, en el Huila, en Santander del Sur y recientemente en el Quindío. Son manifestaciones ciudadanas, promovidas en algunos casos por grupos étnicos, que son acompañadas por autoridades municipales y que se contraponen, abiertamente y de forma no violenta, no sólo a iniciativas del Gobierno central que apoyan la minería, sino también a pronunciamientos de jurisprudencia que le dan prioridad a los “intereses nacionales” sobre el uso del subsuelo. De manera más específica, asistimos a una confrontación abierta entre dos modelos de desarrollo: el extrtactivista que se concreta en la idea planificadora de la “locomotora minera” como instrumento de crecimiento económico y como medio de obtener recursos para el Estado. No se tiene en cuenta el efecto ambiental y tampoco sobre el bienestar de las poblaciones locales. Por otro lado, se abre paso progresivamente un modelo que prioriza la sostenibilidad y el desarrollo local, natural y social. Éste último modelo, se centra en los intereses de la sociedad más que en los del Estado, en una economía sostenible como se ha argumentado con fuerza a nivel global en este siglo y es la única alternativa viable en el largo plazo para el planeta.

La semana pasada, según informa El Tiempo, más de 10.000 personas recorrieron las calles de Armenia denunciando los proyectos de minería que se avecinan en municipios del Departamento, con el visto bueno del Gobierno y agenciados por compañias multinacionales. Entre los manifestantes había estudiantes, alcaldes, funcionarios públicos y ambientalistas, entre otros. Según una de las asistentes, la marcha fue histórica, pués  “….la minería es poderosa, pero contra un poder, uno mayor que es la gente”. Más allá del hecho mismo que hace posible la acción colectiva, muy importante por cierto, que también se replica en otras manifestaciones, lo interesante es que el tema ambiental está entrando en la agenda pública y que “la gente” cada vez se traga menos el cuento del bienestar a través de las economías de enclave como las mineras y el enriquecimiento de unos pocos, incluyendo las élites incrustadas en el Estado.

Casualmente viajé a Salento y al Valle de Cocora el fin de semana anterior. La belleza del paisaje, del Quindío en general pero especialmente de esta parte que visité, es impresionante. No causa extrañeza la movilización ciudadana desde esta zona del país que ve su medio ambiente amenazado.  Menos aún el rol jugado por sus autoridades, especialmente la Personería de Salento. El municipio depende hoy de actividades agropecuarias, con diversos tamaños de propiedad que producen alimentos y requieren agua potable y la conservación de su producción en la zona de los nevados. El municipio depende crecientemente del turismo que, es importante anotarlo, también requiere de regulación ambiental para que sea sostenible. A este respecto, es urgente tomar medidas.

El casco urbano de Salento en un fin de semana que era además un “puente” muestra una congestión muy grande e inmanejable, en las circunstancias actuales. Debe existir un cálculo aproximado de los turistas y vehículos que ingresan que son muchos y producen demandas distintas y desechos en cantidad. Al recorrer el pueblo hay calles que tienen olores fétidos de alcantarilla y zonas en donde se acumula la basura sin tratamiento.  Al viajar al valle de Cocora, en carro es cierto, tuve que devolverme, en una oportunidad, por un trancón vehicular medio kilómetro antes de llegar a la zona de parqueo que estaba copada. No había Policía y como sucede también en Cali, a falta de autoridades funcionan los espontáneos.

Tanto en Salento como en Cocora el turismo es fundamentalmente de familias de una nueva clase media en expansión que viaja en carro, con niños, adultos de la tercera edad y el perro de la casa. Gente orgullosa de su país y de conocer una región de tanta belleza. Se debe mencionar que muchos viajan en buses enormes que precisamente crean problemas cuando se cruzan en vías muy estrechas. Con el turismo se presentan daños ambientales, pero, no es el mismo caso del daño irreversible de la “locomotora minera” antes mencionado. Con el turismo tenemos en frente y en perspectiva una real locomotora que puede traer mucho más bienestar colectivo, en toda la geografía nacional. Pero se requiere de regulación ambiental que lo haga posible en términos de sostenibilidad, como sucede en otras partes del mundo. Sobre esto hay mucho que aprender.

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