Colombia, país de regiones

0

Por Oscar Gamboa Zúñiga

Los colombianos nos jactamos y somos orgullosos de nuestro país, entre otras cosas, por la diversidad que exhibe. Somos un país de regiones decimos a boca llena. Y estamos en lo cierto, lo cual es muy fácil de comprobarlo y sobre todo de disfrutarlo.

Hagamos un corto viaje por esta bella nación: Si estamos en Bogotá, el clima frio, el ajiaco, el saco y la corbata marcan la pauta; pasados 35 minutos de vuelo hacia el suroccidente, ya estamos en el Valle del Cauca donde tenemos un clima más cálido y una geografía más plana, el saco y la corbata no son tan impositivos y tenemos el sancocho valluno, la chuleta, el aborrajado y las marranitas; si nos movemos para Antioquia entonces llegamos a las montañas, y dominan la arepa, el mondongo y la bandeja paisa; si nos vamos al norte, llegamos al caribe conde la camisa guayabera, la arepa de huevo, la butifarra y el bollo e yuca marcan la pauta; para terminar y no agotar el espacio permitido en la columna, terminemos este viaje en el pacífico, donde ya el clima húmedo tropical, el océano es verde, el pargo frito o el sancocho de ñato, la marimba, el cununo y el guaza marcan la pauta.

Hagamos ahora una mirada desde otras dimensiones para analizar los problemas y las oportunidades que ser un país de regiones nos plantea. Es muy curioso que a medida que nos vamos alejando de Bogotá se nos van perdiendo cosas, lo cual nos hace sentir que vivimos en varias Colombia ya que las condiciones de vida más allá del cambio de entornos geográficos van empeorando, las inseguridades de todo tipo van apareciendo y lo mas grave no se encuentra fácilmente el desarrollo social ni económico.

Pero hay otras cosas que me llaman la atención, y es que a medida que vamos llegando por el norte o por el sur, el oriente el occidente a esa “otra” Colombia, van a pareciendo los grupos étnicos, Afros e Indígenas y se hace inocultable entonces que la pobreza y la desigualdad se hacen dominantes. Por ello me he inventado una triste ecuación: P=GE*D donde P es pobreza, GE, grupo étnico y D, distancia, o sea, pertenecer a un grupo étnico y estar distante de la capital, nos hace más pobres. Y lo más perverso es que si hacemos una mirada desde esta Colombia distante, encontramos que allá la práctica de la minería ilegal y los infalibles cultivos de uso ilícito, tienen un peso importante en la economía, lo cual nos sigue causando muchos dolores de cabeza ya que la terrible violencia es su colorario.

Mi reflexión entonces es, así como somos un país de regiones, porque no diseñamos políticas diferenciales para potenciar el desarrollo desde estas regiones que integran nuestra amada patria. Me explico, empecemos por la educación. Es francamente inentendible que la educación no exhiba una pertinencia según las fortalezas de cada región. Buenaventura que anda en medio de tantos problemas, como puerto concentra el mayor volumen de carga de importación y exportación del país pero ningún centro educativo del suroccidente tiene carreras relacionas con temas portuarios.

En el pacífico la pluviosidad es de las mas altas del planeta y los ríos son muchos, pero tampoco se incorpora esto en la educación hídrica y menos a la visión empresarial alrededor del agua y en lugar de exportar, se consume agua embotellada traída desde otras latitudes.

El coco es un fruto natural en la región, pero compramos en almacenes de grandes superficies, agua de coco importada del exterior… ¿quién entiende esto?

Si en Boyacá la fortaleza es la papa, allá deberíamos tener poderosos centros de investigación de este tubérculo y debería McDonald o las grandes cadenas mundiales que comercializan este producto deberían estarle comprando papas a Colombia por ser las mejores.

Y así sucesivamente… ¿se imaginan si a partir de las fortalezas de las regiones hiciéramos armónica la educación y los criterios de desarrollo económico y social? No hay dudas Colombia serías otra. Tamaño error seguimos cometiendo al trazar políticas nacionales sin particularizar esas diferencias regionales desde lo geográfico hasta lo cultural. Ello invita a que el concepto de desarrollo lo aterricemos para hacer posible que sea exitoso. No se trata de hacer del desarrollo nacional una colcha de retazos, sino una colcha de fortalezas.

Evocando alguna de mis anteriores columnas para decirles que seguiré de terco al menos proponiendo ideas a ver si alguno de los que va a gobernar este país se toma la molestia de mirarlas por si de algo le sirven y quizá las incorpore en la agenda de lo que quiere hacer por Colombia.

Comments are closed.