¿Cómo entender nuestro conflicto interno armado?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Para entender nuestro conflicto interno armado someto al libre examen de mis lectores una definición personal: “un conflicto armado interno no es otra cosa que una confrontación violenta en una sociedad, entre varios actores que defienden concepciones de cultura, de economía, de humanidad, de política, de sociedad y de vida contrastantes con el propósito final de sostener, los unos, y transformar, los otros, el orden socioeconómico y político vigente a través de la guerra”.

Con base en esta definición, en Colombia tenemos, en primer lugar, una guerra de Estado contra la insurgencia, el paramilitarismo, las mafias de la droga y la delincuencia común organizada, fundamentada en la idea liberal de que “lo primero es la seguridad”. Esta guerra, financiada por los contribuyentes, significa combatir también a la población, sus formas de organización y sus maneras de cohesión social, en los territorios en donde se desarrolla el conflicto interno armado, para sostener el orden socioeconómico y político.

En segunda instancia, hay una guerra de grupos paramilitares contra la insurgencia –el paramilitarismo “desobediente”–, ocasionalmente contra las mafias de la droga que les compiten y, cuando no hay más remedio, contra el Estado. Del mismo modo que la anterior, esta guerra financiada por los propietarios (agricultores, comerciantes, empresarios, ganaderos e intereses extranjeros) debe, si pretende éxito, combatir la población con sus formas de organización y cohesión social, para mantener el orden socioeconómico y político.

En tercer lugar, existe una guerra de la insurgencia contra el Estado, los grupos paramilitares, contra las mafias de la droga contrarias a ella y, ocasionalmente, contra otras guerrillas por territorios. También esta guerra combate la población, su organización y su cohesión para transformar el orden socioeconómico y político vigente.

Finalmente, otras guerras: entre milicias, entre empresas del narcotráfico, etc., que obedecen otras lógicas, como por ejemplo el capitalismo criminal, en el caso de las empresas del narcotráfico, pero que no tienen como propósito sostener o transformar el orden socioeconómico y político vigente. Por lo tanto, careciendo de propósito sobre el orden socioeconómico y político, pese a ser conflictivas y hacer la guerra, no corresponden a la categoría de “conflicto armado interno”.

En consecuencia, tenemos un conflicto armado interno que obedece distintas lógicas: la jurídico-política del Estado (Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la seguridad del Estado); la político-económica (las guerrillas) y la netamente económica (paramilitarismo e intereses económicos nacionales y extranjeros), por una parte. Por la otra, una relación conflictiva con milicias y empresas del narcotráfico que obedecen a la lógica jurídico-política del Estado y a la netamente económica.

Esto significa que en La Habana no se está negociando el “conflicto armado interno” colombiano sino una parte, la que obedece a las lógicas jurídico-política y político-económica. Por ello, las palabras del presidente Santos: “Tengan la seguridad de que allá, en esas negociaciones, no vamos a negociar nada de lo fundamental”.

 

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