“Con el uniforme y la pistola no vamos a bajar los homicidios”: coronel Hoover Penilla

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Por Claudia Palacios

@ClaudiaPCNN

Las cifras lo muestran claramente: mientras otras capitales han logrado reducir sus índices de criminalidad y homicidio, en Cali crecen. El recién llegado a la comandancia de la Policía de la ciudad está aún en etapa de diagnóstico y no se atreve a señalar responsables, pero por sus respuestas infiero que la solución pasa por que la comunidad beba menos licor y le dé oportunidades a los jóvenes para ocupar sanamente su tiempo libre. ¡Ah!, y por que las instituciones dejen de tratar a los jóvenes delincuentes como papas calientes.

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Claudia Palacios: Coronel, ¿por qué mientras otras ciudades han podido bajar sus índices de criminalidad y homicidios, en Cali suben?

Coronel Hoover Penilla.: Me he tomado la inquietud de sacar las estadísticas desde el año 90. La tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes más baja fue en el año 90, con 63; de resto, son tasas que están por encima de los 70 y que llegaron incluso a 121 por cada 100.000 habitantes. O sea que esto no es un tema de ayer. Otras ciudades que han manejado tasas parecidas han aplicado procesos de continuidad en las políticas, porque este tema no es solamente de Policía y pasa por modificar comportamientos agresivos. Hay que persistir.

 Claudia Palacios: Cinco asesinatos diarios para una ciudad que está casi que tratando de renacer de las cenizas es un índice demasiado alto. ¿Qué hace falta para que las estrategias funcionen: presupuesto, voluntad política, responsabilidad ciudadana? 

Coronel Hoover Penilla: Decir esto en 20 días que llevo acá es un poco apresurado. Creo que todos los que han pasado al menos por la comandancia de la Policía de Cali han hecho sus mejores esfuerzos, pero aquí hay unos comportamientos que definitivamente hay que mejorar desde la raíz. Cali está llegando a un punto inmejorable para modificar esa tendencia, hay un despertar de la sociedad, y la Administración actual está comprometida con estos temas.

Claudia Palacios: Ya que habla de modificar comportamientos. Sabemos que uno de los detonantes para la comisión de delitos es el consumo de licor. ¿Cree que hay que poner una ley seca?

Coronel Hoover Penilla: Ese es un tema muy sensible, pero veamos el ejemplo de Bogotá cuando tenía  tasas de homicidio muy altas y el alcalde planteó la «Ley Zanahoria». En ese momento la medida fue impopular, pero al transcurrir el tiempo, todo el mundo la aplaudió porque los resultados le dieron la razón.

Claudia Palacios: Pero en Cali hay ya hay una Ley Zanahoria, hasta las 3:00 a.m….

Coronel Hoover Penilla: Esto requiere un estudio en el que se escuche a los empresarios. Pero mire, producto del consumo de bebidas embriagantes –no solo en establecimientos públicos sino en los lugares de residencia y en tiendas de barrio–, el volumen de riñas en un fin de semana promedio en Cali está en el orden de 1.800, y si es puente, sube a 2.300. Esto nos indica que la ingesta de bebidas alcohólicas nos lleva a tener un comportamiento que no corresponde. Tenemos que modificar conductas, hay que hacer unas campañas.

C.P.: ¿O sea que no se trataría de ser más estrictos con la Ley Zanahoria, sino de restringir la venta de licor en las tiendas y de hacer una campaña para que la gente no consuma tanto licor? 

C.H.P.: Los volúmenes de homicidio que se presentan los fines de semana coinciden con las horas posteriores al cierre de los establecimientos públicos. Las personas con estados de alicoramiento empiezan a deambular en la vía pública, discuten, de ahí pasan a la agresión física y quedan los lesionados y homicidios.

C.P.: Usted fue comandante en Pereira y ha desempeñado cargos en otras regiones. ¿Será que es que en Cali tomamos demasiado guaro?

C.H.P.: No solamente eso, manejamos unos niveles de intolerancia muy complejos. El crecimiento de la ciudad con personas que vienen buscando nuevas oportunidades y se ubican de manera informal crea entornos propicios para las disputas. Además, están las estructuras criminales.

C.P.: El personero Andrés Santamaría dijo que el presupuesto de la Policía debería aumentar de $14.000 millones a $49.000 millones. ¿Usted cree que esto es una cifra suficiente?

C.H.P.: Si el tema fuera solamente de carácter policial, ya se hubiera solucionado hacía tiempo. Nosotros no podemos llegar solos a esas zonas donde se están presentando los homicidios y pretender que con el uniforme y la pistola vamos a solucionar el problema. Allá hay que entrar también con otro tipo de alternativas.

C.P.: ¿Pero usted como comandante de la policía cree que necesita más presupuesto o no?

C.H.P.: Siempre el presupuesto es necesario y bienvenido, pero también hay que decir que con lo que actualmente tenemos estamos adecuados para afrontar la situación que se presenta.

C.P.: Usted recibió hace algunos días junto con el alcalde un informe que sugería que había que focalizar la estrategia de seguridad en 20 zonas calientes de la ciudad. ¿Qué van a aplicar de ese informe?

C.H.P.: Esos puntos calientes requieren una intervención policial para poder mitigar en ese momento los niveles, de violencia pero tiene que haber algo más que ataque el origen, la causa para parar el semillero de violencia y que no tengamos que estar permanentemente sofocando ese punto caliente.

C.P.: Y lo que agrava el problema es que la criminalidad está en manos de menores de edad. ¿Habría que declarar a la ciudad en emergencia infantil?

C.H.P.: Los adolescentes que están incurriendo en conductas tipificadas en el Código Penal han desbordado la capacidad de la infraestructura para internarlos. Ya ninguna de las instituciones del Estado quiere asumir la responsabilidad que le corresponde. Hay que buscar una solución entre todos, pues no es simplemente decir “esta es mi labor y miren ustedes de ahí para adelante cómo hacen la parte que les toca a ustedes”.

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C.P.: ¿Y usted sería partidario de que ellos sean juzgados como adultos desde antes de cumplir 18 años?

C.H.P.: No, yo creo que hay una legislación y hay que proceder de acuerdo con ella. No podemos seguir llevando a estos jóvenes a un centro de interrogación que no reúne las condiciones para desmotivarlos a desgastar una tapia y fugarse. Las plantas físicas que hay fueron construidas para otras cosas y luego acondicionadas. Quienes tienen la obligación de impartir disciplina dentro de estos sitios tienen que ser personas que tengan claro lo que tienen que hacer, saber con qué tipo de jóvenes están tratando. Estamos hablando de que en muchos casos son jóvenes que han cometido 1, 2 y hasta 3 homicidios, y los jueces nos piden a los policías dejarlos libres porque no hay dónde llevarlos. No podemos hacer eso.

C.P.: ¿Por qué matan los jóvenes?

C.H.P.: El domingo pasado le pregunté a un joven que asesinó a otro por qué lo hizo, y no supo dar una razón. No hay un motivo que verdaderamente justifique esas situaciones. En cuanto a estructuras criminales, con la capacidad de inteligencia y judicial se han desvertebrado 101 estructuras en lo que va del año. Uno sabe cómo atacarlas, pero con los jóvenes delincuentes no es tan sencillo. Yo trato de ir sobre todo en las noches a los lugares donde están, y me dicen las mamás: “Mi hijo es consumidor, se reúne con 4 o 5 amigos en su pieza, y cuando salen y ven en las esquinas a otros empiezan a disparase así no más”. No podemos seguir dejando que estos jóvenes tengan este tipo de comportamientos.

C.P: Coronel, ¿cuándo va a presentar su estrategia?

C.H.P.: En este momento estamos implementando ya estrategias para la disminución del homicidio, no solo con presencia policial sino con programas a jóvenes pandilleros, para que entiendan que eso no les está dejando nada positivo, ni a ellos ni a la sociedad. Hay que buscar algo en qué ocuparlos, ese es el clamor general de ellos, por eso se necesita el acompañamiento de la sociedad en general.

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