Creatividad, innovación y emprendimiento

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La creatividad es uno de los elementos fundamentales por el cual el mundo avanza, pero esta la realizan personas que definen lo que somos, lo que hacemos y lo que podemos llegar a ser, en un mundo globalizado y con todos los sistemas de información y comunicación que permiten identificar los problemas que emergen y que cambian permanentemente.  Se debería formar a las personas para que desarrollen la creatividad, pero por prejuicios culturales, o tal vez tan sólo por el sistema educativo, desde muy niños se inculca la idea de dar una respuesta correcta y las demás opciones dejarlas a un lado, sin siquiera mirar alguna posibilidad diferente.

La habilidad de generar ideas, crear soluciones a problemas nuevos y satisfacer diferentes necesidades presentadas, se puede interpretar como creatividad. Por esta razón se puede considerar como una habilidad ilimitada del ser humano aplicable a toda situación y que puede y debería ser desarrollada con procesos educativos desde la primera infancia, a través de estrategias pedagógicas durante los distintos niveles educativos.

Para fomentar entre los estudiantes el uso de un pensamiento creativo, hay que romper los esquemas de lo tradicional, logrando que por su propia cuenta generen una combinación entre la razón y la emoción, proponiendo soluciones concretas a problemas que están en su contexto real, aproximando un mundo de academia a la realidad. Esto sólo será posible con el desarrollo de contenidos específicos en diversos cursos donde los estudiantes generen interés, sin ser propuesto de manera ‘obvia’ por un docente.

Al entender la creatividad como el concepto de generar una idea, así sea de la más simple a la más elaborada, se puede afirmar que los seres humanos nacen creativos, pero se plantea entonces aquí una pregunta importante: ¿Por qué dejamos de ser creativos? Colombia es un país que, gracias a su sociedad y diferentes hechos históricos, ha propiciado en la población cierto pensamiento errado que ha hecho que dejemos de ser creativos.  El sistema educativo colombiano enseña múltiples conocimientos pero no induce a confiar en sí mismos; por esta razón se escuchan frases como “aceptar el destino”, “es que usted no nació para eso”, afirmaciones estas que limitan la creatividad y que para muchos en esta sociedad implica que “soñar despierto es perder el tiempo”.  No conforme con estos criterios de una sociedad costumbrista, se debe enfrentar desde muy niño con compañeros de clase y docentes que están constantemente cuadriculando la mente de un educando potencialmente creativo. Por otro lado, se interpreta un cambio como una amenaza y es mejor, según ese costumbrismo colombiano, “dejarlo ir” y continuar en “la zona de confort” como nos enseñaron a estar desde pequeños.

¿Qué motiva salirse de la “zona de confort”?  Al presentar una necesidad o tener un problema, se arriesga a pasar la línea y se entra a una zona de aprendizaje, iniciando un proceso de cambio que genera desarrollo.  Es en ese momento donde la tensión creativa ha superado la tensión emocional y permitirá entonces ser una persona innovadora.

La innovación, de acuerdo al Manual de OSLO (3ª edición), “es la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores.”

Una innovación es la implementación de una solución nueva a un problema o a la satisfacción de una necesidad, dirigida a mejorar la competitividad o el rendimiento de la empresa, o el conocimiento y habilidades de las personas. La creatividad está en la base del proceso de innovación y es ingrediente fundamental de la actitud innovadora, aunque no suficiente.

Hoy el tema de innovar no es una elección sino una obligación que el mercado exige para poder obtener una ventaja competitiva, ya sea personal o dentro de las organizaciones. Como la creatividad y la innovación son procesos largos con pocos éxitos y muchos fracasos, se debe tener preparados a los jóvenes emprendedores que con su “forma de pensar, razonar y actuar centrada en las oportunidades, planteada con visión global y llevada a cabo mediante un liderazgo equilibrado y la gestión de un riesgo calculado, cuyo resultado sea la creación de valor que beneficia a la empresa, la economía y la sociedad.” (Ley 1014 del 26 de enero de 2006).

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