Cuando la sal pierde su sabor

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Por: Richard Fredy Muñoz
Twitter: @RichardFredyM / gpswebtv.com

Al siguiente día del plantón organizado el miércoles pasado en diferentes ciudades del país contra el Ministerio de Educación, el periódico El Espectador en su edición impresa publicó varias fotos de la manifestación.

Según el pie de foto del artículo, en Bogotá solo “mil personas” salieron a protestar frente a la sede del ministerio en el CAN.

¿Mil personas? ¿De verdad?

Independiente del punto de vista que asumamos frente a temas tan controvertidos como el de la ‘ideología de género’, lo que no puede perder el periodismo, y en ningún caso un diario de la trayectoria y la reputación de El Espectador, es su credibilidad.

Muchos de sus periodistas han arriesgado y hasta ofrendado sus vidas en defensa de la verdad como baluarte y esencia de la razón de ser de nuestra profesión.

Un caso parecido ocurrió en las principales cadenas radiales del país, donde algunos comunicadores minimizaban la protesta y en tono de burla aseguraban que el plantón no superaba las dos mil personas.

Incluso si los marchantes fueran nazis, evangélicos, ateos, verdes o amarillos, los hechos no se pueden alterar para ayudarle a una ideología, a un partido, a un grupo político o a un funcionario.

Los hechos, son los hechos. No sé cuántas personas se reunieron en Bogotá, pero las cinco cuadras a la redonda del edificio eran un caos, incluido el acceso a Transmilenio de la estación del CAN.

Varios amigos me preguntaron, ¿por qué los noticieros de televisión no registraron las concentraciones en todo el país? Ya quisiera un dirigente político tener la capacidad de movilizar alrededor de un millón de colombianos sin caciques, sin buses a todos los barrios, sin refrigerios, sin megáfonos y sin plata.

Fue una movilización espontánea que puso a pensar al gobierno nacional en la necesidad de calmar los ánimos, pero en los medios, esa protesta nunca sucedió.

¿Mil personas? Colegas, la gente no es boba y ya no traga entero.

Me niego a creer que el desconocimiento intencional del evento se relacione con los miles de millones de pesos que según el Observatorio de la Universidad de Colombia, han sido invertidos desde hace dos años, en publicidad, por el Ministerio de Educación.

El periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinsky dejó una sentencia que no debemos olvidar si queremos permanecer fieles a nuestra misión de ser imparciales: “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.

Posdata: Es reprochable la actitud de quienes pretenden pescar en río revuelto para convertir esta discusión en una trinchera para el odio y la homofobia. Exigimos respeto para la ministra Gina Parody. Esta polémica no se puede rebajar a una tribuna de insultos y malos chistes para ridiculizar a otras personas por su condición sexual o su manera de pensar. Si queremos que nos respeten, el primer paso es escuchar y respetar los argumentos contrarios.

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