Culpar a la Naturaleza para despojarse de la responsabilidad

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Culpar a la Naturaleza para despojarse de la responsabilidad

Por Hernando Uribe Castro

Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

hernando-uribe-castroExiste una idea generalizada, impulsada por agentes políticos y medios de comunicación, que establece que la Naturaleza es enemiga de la humanidad. Un discurso de confrontación que se difunde, sobre todo cuando la sociedad enfrenta desastres por movimientos sísmicos, inundaciones, huracanes, tsunamis o sequías, y que tienen repercusiones directas sobre la población, sus vidas y sus pertenencias.

En 2011, ante la llamada “Ola invernal”, un periódico local expresaba: “Ya son veintitrés los muertos en el país por el invierno” (El País, 16-10-2011). El Gobierno Nacional, en cabeza del presidente Juan Manuel Santos, expresó: “Esta maldita Niña ha sido el karma de mi Gobierno».  Más recientemente, en agosto de 2014, un periódico de circulación nacional publica el siguiente titular: “Barranquilla emprende una ‘batalla’ para acabar con los arroyos”; en esta noticia periodística sobresalen expresiones como: “… el desarrollo de una serie de obras de infraestructura contra los arroyos…”; “La pelea de los barranquilleros con los arroyos es tan vieja como la misma ciudad….”;  “los arroyos han cobrado en los últimos 20 años la vida de 40 personas…”. O como ha acontecido también para el caso de la temporada de sequía en la Guajira, noticieros televisivos titulan: “El rostro de quienes sufren por la sequía en La Guajira”.

Titulares como estos se repiten de modo constante y a diario en los diferentes medios de comunicación, así como en los informes de las agencias oficiales o gremios económicos. Por ejemplo, frente al caso de la sequía en el Casanare entre abril y mayo de este año, el presidente de la Asociación Nacional de Industriales, Andi, Bruce Mac Master, expresaba que el “que no llueva no es culpa de las petroleras (…) Colombia es vulnerable al tema de la sequía. Lo que tenemos es un cambio global del clima en el planeta.”(El Tiempo, 25-03-2014).

La elite de poder es astuta al usar “la crisis ambiental global” como discurso para ocultar, tapar, velar y explicar sus perversas acciones depredadoras, extractivas y criminales con el ambiente en los diferentes lugares del territorio nacional.

El problema radica en que son discursos que contienen un sentido de juego de guerra donde el ser humano está en el bando bueno y la Naturaleza en el bando de los malos. Por tanto, la responsabilidad de las muertes, las pérdidas materiales y el sin número de afectados a lo largo y ancho del país, seguirán teniendo como principal homicida, a la Naturaleza. Este tipo de información desinforma porque remite a una visión ingenua de la Naturaleza como poseedora de una personalidad asesina, que es culpable de las desgracias humanas.

Una forma también de encontrar culpables sin derecho a la defensa. Se culpa a las lluvias, a la sequía, a las tormentas y a todo lo que humanamente no tiene como defenderse ante los estrados judiciales por las calumnias procedentes de modo intencionado por los verdaderos culpables de las circunstancias catastróficas.

Lo que hacen estos discursos es despojar al Gobierno, a las corporaciones globales, a algunas comunidades indiferentes y a los gremios, de su responsabilidad por la garantía del sistema viviente. Culpar a la Naturaleza y no a los agentes públicos y privados por su negligencia, omisión, descuido e ineficiente planeación y organización de las comunidades, los pueblos y las ciudades, es despojarse de toda responsabilidad, ética, jurídica y social.

En el Informe de Desarrollo Humano para Colombia se declaraba que aunque se desarrollan “acciones  en el ámbito local se ha acudido a la construcción y reparación de infraestructuras averiadas por el desbordamiento de ríos y quebradas, la inversión de infraestructuras como diques y muros de contención, “jarillones”, o colmatación de los ríos son necesarias, pero no determinantes para disminuir y eliminar las causas de los desastres. La conveniencia de trabajar sobre la gestión prospectiva del riesgo es determinante para evitar que los desastres se reproduzcan, cuesten vidas y elevados costos para las actividades que se desarrollan en las áreas rurales.”

En resumen, expresiones como estas, ayudan a construir una idea falsa de la naturaleza. Aportan a culparla de las calamidades humanas para despojarse de toda responsabilidad por la falta, ausencia o deficiente planeación y atención desde el Estado, sus agentes y agencias, así como de la responsabilidad ambiental y social de las corporaciones.

Las sequías en el Casanare y en la Guajira, no son casos aislados sino que son el resultado de los impactos de las empresas extractivas, petroleras, carboneras, ganaderas, que se encuentran en estos territorios, y que regularmente pertenecen a firmas extranjeras. Un uso excesivo y abusivo de la tierra y de sus elementos que son extraídos, transformados en mercancía y puestos en el mercado para que afloren las ganancias para los inversionistas privados con efectos letales para los ecosistemas y su diversidad, así como para las comunidades que en ellos habitan.

Cuando los territorios son despojados de su cobertura vegetal, cuando se secan las fuentes de la producción de agua por la explotación y extracción de recursos, así como la tala indiscriminada de bosques para la ganaderías, las condiciones micro climáticas de inmediato son impactadas y se transforman. Estas acciones interrumpen el ciclo natural de los territorios y por ello aparecen las consecuencias nefastas para la naturaleza y las comunidades.

 

Lo preocupante es que estamos ante un Plan de Desarrollo extractivo, neoliberal, que poca atención le presta a las cuestiones del medioambiente. En su discurso de posesión de agosto de 2014, el presidente de los colombianos Juan Manuel Santos no hizo ninguna referencia al cómo enfrentar los problemas ambientales en Colombia.

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