De “corbatas” y otras vergüenzas

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Juan Fernando Reyes KuriPor Juan Fernando Reyes Kuri

Según todas las encuestas, el Congreso de la República es la institución pública más desprestigiada de Colombia; sin embargo, los congresistas no caen del cielo, ni salen del infierno, ni mucho menos aparecen por arte de magia, los elegimos los colombianos sea porque votemos o sea porque nos abstengamos de hacerlo; sea porque nos importe mucho, poco o nada la política; sea porque nos compren o porque votemos libremente. Lo paradójico es que aunque los escogemos, sea por acción o por omisión, los odiamos o rechazamos a casi todos, y quizá la razón para detestarlos tanto es porque nos vemos reflejados en ellos como sociedad, porque nos representan como somos y no como queremos ser; es decir, los políticos no son otra cosa que la expresión del entorno en que vivimos.

En los barrios, en las universidades, en las empresas, en las mismas instituciones públicas, casi todos hablan de una necesaria renovación, pero al final son muy pocos los que se comprometen: al cierre de la jornada electoral son las mismas estructuras políticas que criticamos las que se alzan con la victoria, ante los ojos de muchos ciudadanos pasivos que se resignan o que terminan entrando al círculo vicioso de la politiquería.

Es cierto que algunos pocos parlamentarios hacen bien su tarea, aunque la gran mayoría nos decepcionen. Es una vergüenza que contesten a lista en las sesiones y se vayan y que aun así les paguen; es una vergüenza que tengan cincuenta salarios mínimos legales mensuales para asesores y que la mayoría de ellos sean “corbatas” que se ganan la plata sin asesorar; es una vergüenza que muchos no estudien los proyectos de ley o de reforma a la Constitución y voten solo por intereses burocráticos o contractuales; es una vergüenza que algunos senadores o representantes lleven más de tres  o cuatro períodos consecutivos; es una vergüenza que muchos de ellos, en lugar de dar ejemplo de austeridad, viajen, por ejemplo, en clase ejecutiva; y es una vergüenza todavía mayor que la gran mayoría de ciudadanos voten por los que les dan u ofrecen y no por lo que los políticos vayan a hacer por la sociedad.

Necesitamos renovar el Congreso, de verdad renovarlo, pero no con las nuevas caras de la vieja política. Es necesario llevar al parlamento hombres y mujeres  que le jalen a una política decente, comprometida, respetuosa de los recursos públicos, defensora de los derechos de los ciudadanos, y que  tomen decisiones privilegiando el interés general sobre el particular. Necesitamos una bancada vallecaucana que se haga sentir en Bogotá, pero no para pedir puestos y contratos, sino para que el gobierno nacional le dé a nuestra región los recursos y el apoyo que nos merecemos. La responsabilidad está en la cancha de los ciudadanos, veremos qué tan verracos somos.

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