De Grecia a Popayán

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ray-charrumpiPor Ray Charrupí
Twitter: @raycharrupi

Viendo el partido de Grecia Vs. Colombia en el Mundial de Futbol Brasil 2014, muchos pensamientos y sentimientos vinieron a mi cabeza y a mi alma; primero me sentí obviamente orgulloso al ver el alto porcentaje afro descendiente de la selección Colombia, y como un equipo mayoritariamente afro, genera orgullo a millones de colombianos y extranjeros amantes del buen futbol; paso seguido,  ver las jugadas de fantasía de Cuadrado, me hicieron calificarlo como un atrevido, intrépido y valiente jugador, en el que hay que poner especial atención como astro del futbol mundial.  Cuando decidí pensar en Grecia más que como Selección de fútbol, como país,  mi cerebro empezó a recordar lo que ha sido Grecia.

Grecia como imperio fue la autora de una palabra o concepto que hasta hoy nos rige, estoy hablando de la razón, y las formas de cómo llegar a ella; ese gran imperio gestó súperhombres como Platón, Sócrates, Aristóteles, etc; y sobre todo y más importante, Grecia es el origen de la civilización occidental.

Grecia que fue tan grande y con tantos grandes y destacados genios, hasta el siglo pasado tuvo sus últimos visos de grandeza con el hombre mas rico del planeta, Aristóteles Onassis, el multibillonario que tuvo naviera, aerolínea, tabaquera, y fue dueño de medio Wall Street. Onassis, el último grande de los griegos se hizo a una de las damas mas codiciadas del mundo occidental, me refiero a Jackelin Kennedy, quien pasó a ser Jacky Onassis.

Pero eso fue historia de grandeza, y en la actualidad Grecia es una de las naciones más pobres y con menos protagonismo en el mundo actual;  no se entiende como el otrora Imperio griego, ya no tiene a grandes personajes, ni hace nada grande que impacte o llame la atención del globo. Esto quiere decir que con Grecia en la actualidad no está pasando NADA, Grecia vive de su recuerdo y se satisface recordando su historia, contemplando las ruinas de tu trascendencia.

Esto le puede pasar a cualquiera, y para no buscar ejemplos muy lejanos, miremos a Popayán, la capital del departamento del Cauca.  “La ciudad Blanca” ostenta el titulo de ser la ciudad que más presidentes ha aportado a Colombia, de corrientes políticas distintas, pero que al final tenían un probado liderazgo.  Popayán fue el paso obligado de todas las relaciones políticas, económicas y sociales en la Gran Colombia, y era la capital airosa del Gran Cauca. Solo hasta el siglo IXX Popayán concibió uno de los dos hombres mas ricos de Colombia, Don Ignacio Muñoz, quien junto a Don Pepe Sierra se podían calificar como Reyes Sol de Colombia.

Ya para mediados del siglo XX Popayán había entrado en franca desgracia y letargo que le alejaba del desarrollo; una idiosincrasia seudofeudalista, un notablato zángano producto de un modelo parásito esclavista y latifundista, el caucanibalismo depredador entre los mismo payaneses, estancaron la ciudad en las tradiciones más retrogradas, conservadoras e inoficiosas.  Atender a códigos sociales como los apellidos y títulos, generaban la burla respecto del resto del país, que estaba concentrado en generar bienestar a partir del trabajo, y sobre todo la consecución del capital.

En 1983 Popayán padeció un terremoto que pudo ser la oportunidad, como esa crisis que las grandes sociedades aprovechan para resurgir.  Para no hablar de las ciudades orientales que hoy son orgullo después de sufrir catástrofes ambientales, miremos aquí cerca el caso de Armenia, un verdadero ejemplo de recambio y desarrollo, alineada perfectamente al Triángulo del Café junto a jóvenes ciudades como Pereira y Manizales (si Manizales sigue con sus tradicionalismos, corre riesgo de rezago).

Cuando se llega a Popayán se llega a un pueblo, cuando se debería llegar a una ciudad próspera, pujante y con desarrollo,  como Barranquilla, Cali o Medellín, todas más jóvenes y menos relevantes en la historia que la ciudad Blanca. Las únicas obras civiles que indican que Popayán puede ser una ciudad, son el Centro Comercial Centenario que en buena hora tomó terrenos parásitos en manos de la Iglesia y el Hotel San Martin, el primero obedece a la grandeza de un arquitecto de apellido Naranjo, hijo de ferreteros lejanos a la “aristocracia” patoja (como son llamados los payaneses), el hotel es obra de Rafael Martínez, un empresario que en sus inicios en el mundo de los insumos agrícolas, fue calificado por la sociedad payanesa como un “venido a más”.  Me quito el sombrero ante estos ejemplos de grandeza que han hecho fortuna en Popayán y hacen más y más por erradicar el síndrome de chisme, bochinche y pequeñismo patojo.   El puente deprimido de la Esmeralda es la única obra pública que amerita especial reconocimiento para las administraciones de Popayán. Es tan conforme y pequeño el espíritu de la ciudad y la sociedad payanesa que el edificio mas alto es el de la lotería con solo 10 pisos; – el evangelio reza: “por sus obras los conoceréis”.

Popayán en la actualidad no cuenta con mayor representación en el ámbito nacional, es decir,  no mucha gente de relevancia nacional es de Popayán, la ciudad no esta sacando liderazgo y lo peor es que a los prometedores no los respalda o cuida.  Intentos de cantantes, golfistas o tenistas, quedaron como borrachines de la papal tomando aguardiente “puessss”.  El payanés más conocido en Colombia es FernanMartinez quien tiene en su cuenta de twitter 219 mil seguidores.  Mis amigos, los hermanos Cardona (Manolo, Francisco, y Juancho) son unos berracos ejemplos de grandeza que más bien fungen como Caleños.

Esta columna la escribo desde el dolor de ver una ciudad que le debo mucho, sumida y presa en la pequeñéz; soy egresado de la  Universidad del Cauca y tengo grandes amigos y recuerdos en las calles de esa ciudad, a Popayán le debo el arte de no comerle cuento a nadie, pero allá no enseñan a ser, a buscar tus sueños y que estos sean grandes.  Ojala esta columna sirva para que lluevan comentarios con información que me obligue a desvirtuar el fracaso que es Popayán hoy. Ojalá me tenga que retractar.

Pero viendo liderazgos como el de Juan Pablo Matta Casas, es muy difícil ver la luz, la que solo llegará a Popayán si entiende que todo el Cauca, tiene su oportunidad en la diversidad de sus gentes.  Dedico esta columna a Francisco Escobar “Roncha”, un hijo del sector de la Esmeralda, que hoy es el editor del portal las 2orillas.com, él es un ejemplo de grandeza y renovación de los referentes Payaneses; no se porqué la Unicauca no lo ha llamado para que dicte conferencias y sirva de ejemplo a jóvenes en el Paraninfo.

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