¿Departamentos sin asambleas?

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luza-2011Por Luz Adriana Betancourt, 

@Luzbeta

¿Alguien sabe para qué sirven las asambleas departamentales? ¿Considera usted que sin los diputados, los departamentos dejarían de existir o desmejorarían su administración?

Sinceramente, y corriendo el grave riesgo de enojar a los 21 diputados de mi Valle del Cauca, como periodista debo decir que no considero necesarias las asambleas, así como tampoco me parece necesario el Concejo.

Es probable que todos los afectados por mi opinión estén gritando “¡y el control político a los gobernantes!”. Pero, ¿cuál control, si lo que hacen es presión para obtener ventajas o por lo menos para sobrevivir en su privilegiado puesto y hasta le quitan facultades administrativas al gobernador de turno cuando no cede a sus pretensiones? Caso contrario es cuando llegan aliados con el gobernador, que les ofrece dejarlos decidir sobre quiénes ocuparán los cargos disponibles y a quiénes se les adjudicarán algunos contratos. En esas famosas coaliciones el control político ni siquiera es una obra de teatro, más bien llueven los halagos mutuos (pueden revisar las actas de la Asamblea y sus discursos en www.valledelcauca.gov.co/asamblea).

Habrá excepciones. Y a riesgo de meter la mano al fuego y quemarme, espero que los diputados del partido MIRA sean diferentes a la tradición clientelista por su condición de grupo cristiano (y hago la salvedad de que soy católica).

Así como no puedo ni debo generalizar, es importante que cada lector de esta columna piense seriamente en lo que conoce de cada diputado y cada concejal. Si tiene una buena impresión o una buena experiencia (no porque le haya conseguido puesto, sino porque ha visto su trabajo en general), pues me alegraría mucho que en el cuadro de comentarios que está al final de esta columna en la www.elpueblo.com.co, de manera que no se vea lambón el texto, usted mismo argumente quién sirve y por qué.

En mi caso, que estuve en algunas sesiones de la Asamblea del Valle, presentando presupuesto de la Secretaría de Cultura y sustentando la ejecución del plan de desarrollo, debo reconocer que diputadas y diputados se portaron como damas y caballeros: respetuosos, atentos, propositivos, con buenas ideas y buenos discursos, críticos pero a la vez amables. Así que no se trata de un asunto personal. Incluso puedo pasar por malagradecida, pero aún con esa buena imagen de casi todos los que conocí en 2010 y 2011, el tema es otro: ¿se necesitan sí o no?

¡No! Y hasta los mismos diputados saben que esto es cierto. Sus funciones podrían suprimirse y no habría perjuicio para el departamento. Por ejemplo, la aprobación del presupuesto cada año implica un doble trabajo: si ya el Gobernador con su gabinete, especialmente con expertos de Hacienda y Planeación, hicieron el plan de gastos e inversiones, puede sobrar la revisión de la Asamblea. Incluso hay diputados que llegan nuevos o con una experiencia tan limitada, que no tienen ni idea de qué necesidades tiene un departamento.

Decretar tributos y contribuciones sí es importante, ¿pero cada cuánto se hace? Y en cambio, pagamos sueldos mensuales de 26 salarios mínimos, según la ley, es decir, unos 13 millones de pesos, que con descuentos de seguridad social quedan en 10 millones libres, más o menos. En total, al Valle del Cauca, el funcionamiento de la Asamblea en 2013 le costará 5.700 millones de pesos entre todos los sueldos y el sostenimiento de su sede. Y eso que es un presupuesto apretado y que por ello se quejan los asambleístas. El asunto no es si ese dinero es mucho o poco, sino si la inversión es útil.

Otras funciones como crear y suprimir municipios se pueden consultar con expertos en la materia, que es lo correcto, o mediante un referendo. Y en cuanto a expedir disposiciones de Planeación, Economía, Ambiente, Transporte, Educación, etc., ¿para eso no están los equipos de profesionales en cada secretaría de la gobernación?

Solicitar informes de gestión es una forma de control político, pero esto podrían hacerlo mejor las veedurías si estuviesen funcionando como pretenden las normas. Y al Estado le saldría más barato fortalecer mecanismos de veeduría, de tal manera que ante malas actuaciones del gobernador o sus funcionarios, sean reportados a la Procuraduría o a la Contraloría, según el caso.

Suene mal o bien, los diputados igual que los concejales son una estructura que funciona más para “agrandar la industria de la política” que para servir a los fines de la administración pública (y conste que dije industria y no negocio). ¿Cuánta gente quedaría desempleada si no existieran 21 concejales en Cali y 21 diputados en Valle del Cauca? Pues además de esas 42 personas, sobrarían sus asistentes, sus asesores y sus beneficiarios de contratos. Pero algún día tenemos que pensar como colombianos en procura de construir mejores instituciones, en lugar de pensar como individuos egoístas aferrados a una posición ventajosa del poder legislativo, sabiendo que las administraciones municipales y departamentales podrían ser más ágiles y efectivas sin las trabas que les ponen concejales y diputados.

No se trata de excluir a nadie de la vida pública, pues muchos de esos diputados y concejales que hoy en día andan reunidos en hoteles y restaurantes, moviendo los hilos del poder y tejiendo redes, podrían ser muy útiles haciendo verdadero trabajo comunitario o de planeación o de infraestructura, si fuesen funcionarios del Ejecutivo.

Generalmente las alcaldías y gobernaciones tienen las famosas nóminas paralelas porque los funcionarios de planta no dan abasto para atender tanto trabajo. Hacen falta subsecretarios y directores técnicos que alivien la carga de los secretarios de despacho, quienes deben tomar decisiones a diario en medio de la atención al público, la planeación, los requisitos de contratación, etc.

Y si es la representación de cada municipio la que hace falta, pues que se expida alguna norma que obligue a que los gobernadores tengan en su gabinete representación de la totalidad de sus municipios en el primer o segundo nivel de mando. Lo difícil es que el Congreso o el Presidente de la República estén dispuestos a “darse la pela” en el mundo político para desmontar maquinarias electorales locales a cambio de intentar una más ágil y efectiva administración pública., además del ahorro que obtendríamos sin esa burocracia y sin el costo de esas elecciones. Hace muchos años existió un proyecto de ley y la consulta en un referendo para tomar la decisión de acabar con las Asambleas, pero pudo más la influencia política que la fuerza de la razón, y dichas iniciativas se hundieron.

El país tiene 398 diputados en 32 departamentos, cuyos jefes políticos están en Senado y Cámara, y estas dos corporaciones a su vez pueden frenar al presidente de turno. Por lo tanto, tal vez tendremos que esperar a tocar fondo para poder asumir el problema.

Mientras tanto, yo que siempre he tomado el derecho al voto como algo muy serio y responsable, y por ende me tomo el tiempo de revisar trayectorias públicas para decidir por quién votar en todos los niveles, por ahora me siento desmotivada al ver que los ciudadanos del común pensamos más en el bien de la nación, que nuestros representantes en el Estado, quienes de hecho están ahí gracias a nuestros votos.

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