Después de la crisis

0

Por Oscar Gamboa Zúñiga

Normalmente después de profundas crisis en cualquier sociedad, suceden cambios de paradigmas y de algunas conductas. Esta vez, en el caso de Colombia, se han juntado dos crisis, la de la pandemia del Covid 19 y la del paro nacional. En ambos casos, al iniciarse el problema no se esperaba que el desenlace fuera el que resultó ser.

No nos digamos mentiras, al inicio de la pandemia, quizá influenciados en su momento por personas como el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump se pensaba que con la llegada del verano el virus iba a desaparecer en muchos lugares del planeta y que eso sería cosa de unos cuantos meses, pero no, aún estamos atrapados por este terrible y mortal virus e igual sucedió con el paro; muchos pensaban que era cuestión de unos pocos días y miren donde llegamos.

El proceso de vacunación a mi juicio ha traído avances muy importantes, no obstante a ello, las consecuencias que se padecen son muchas, principalmente la pérdida de vidas humanas, de empleos, y la crisis económica en los países, desde lo público hasta lo privado, desde lo corporativo hasta lo individual. ¿Que quedará después de esta crisis? … Dolor profundo en muchas familias por la pérdida de sus seres queridos; virtualidades de todo tipo, para reuniones de trabajo, para la pedagogía, para las misas y actos funerarios, sesiones de cuerpos colegiados, reuniones presidenciales, en fin, donde quepa la virtualidad allí va a estar. Lo anterior sin mencionar los cambios en los sistemas de salud, desde la prevención hasta la atención en las UCI. A nivel global, la OMS y las naciones muy seguramente revisarán lo revisable para que cosas como estas no le vuelvan a ocurrir a la humanidad.

Cambiando de tercio como se dice en el mundo taurino y ya referidos a la segunda crisis, miremos los que a mi juicio podrían venir en Colombia, si es que algún día salimos de la crisis social y política que hoy padecemos. Tenemos el infortunio que el país viene de una violencia que se inició en la década del 40 y sistémicamente fue tomando diferentes matices a medida que fueron apareciendo otros fatores y otras circunstancias. Violencia guerrillera, de narcotraficantes, de minería ilegal, de las esmeraldas, secuestros y los corolarios que han ido apareciendo como carteles de la chatarra, la cebolla, los textiles, oficinas de cobro, extorsiones, y cuanta forma de delincuencia se requieran, se inventa. Hoy todo o casi todo en nuestra sociedad, se resuelve es a las malas como se dice coloquialmente. La desconfianza, la trampa, el engaño, la mentira son otras derivaciones del perverso escenario que fuimos edificando como sociedad.

Observando entonces la triste realidad descrita, pienso sobre lo que nos podría dejar la crisis del paro. Por el lado positivo, que el gobierno actual y los que vengan, a todo nivel deberán darle un trato diferente al tema del desarrollo social y ya dejará de ser un simple cliché para ser un se hace o se hace, y esto incluye impulsar la creación de oportunidades de trabajo, de estudio, apoyar los emprendimientos, etc. No hacerlo, es seguir engordando la inconformidad y ya sabemos entonces lo que puede suceder.

De igual manera el sector empresarial ha entendido que deben revisar su oferta, tanto de oportunidades laborales como las externalidades sociales que aporten a la ergonomía del conjunto de la sociedad. Es entendible que no será fácil para algunos empresarios porque les puede significar erogaciones adicionales, pero es la realidad y como lo exprese en alguna de las anteriores columnas, a TODOS nos toca poner para resolver este lio en el que estamos. Hay que reconocer y valorar que desde ya algunos empresarios empezaron a hacerlo.

Pero también nos debe preocupar algo que puede afectar el funcionamiento de nuestra democracia. Para muchos el paradigma ahora es, lo que no nos guste lo tumbamos a las bravas, nos tomaremos las calles y bloquearemos las vías y de allí no saldremos hasta que ocurra lo que estamos exigiendo. Empecemos por el ejecutivo, llámese presidente, gobernador(a) o alcalde(sa), cualquier decisión que tomen vía decreto o cualquier disposición que la constitución les permita y que no sea del agrado o la conveniencia de algún sector, ya saben lo que les espera. En el congreso, cualquier proyecto de ley que afecte a la comunidad o sea presentada por alguien con intereses políticos como algo que es nocivo para la gente, originará lo que ocurrió con la famosa reforma tributaria y la reforma a la salud, las cuales para muchos fueron retiradas o hundidas gracias a los mecanismos de movilización y bloqueos.

A partir de lo vivido en el último mes, algunas personas considerarán que les es rentable extender un lazo e impedir el paso de vehículos en cualquier vía pública, hasta que se les pague la tarifa que impongan, según sus propósitos y ambiciones. Para otros ir a vandalizar un local comercial puede ser un instrumento de venganza o cuenta de cobro porque pidió trabajo y no le dieron, o simplemente por una extorsión. En fin…Ojalá este equivocado y que esto ultimo no sea el nuevo paradigma. Pero como dijo el alcalde Armitage en su momento, no demos papaya, o sea, gobernemos bien, tratemos bien a la gente y luchemos para que sean felices.

Comments are closed.