Dos años del proceso de conversaciones entre Gobierno-FARC: Avances, pendientes y desafios

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Estamos cumpliendo por estos días dos años del inicio formal de las conversaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC y sin duda es un hito importante que hay de resaltar, porque por primera vez se coloca en el horizonte de los colombianos la posibilidad de cierre de más de medio siglo de confrontación armada con la guerrilla mas longeva de nuestro país.

Antecedentes

Este nuevo esfuerzo por terminar el conflicto armado es el cuarto, después del desarrollado por el gobierno del Presidente Belisario Betancur (1982-1986) en el cual se firmaron los llamados Acuerdos de La Uribe; luego el intento adelantado en el gobierno de César Gaviria (1990-1994) en Caracas y Tlaxcala con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar de la cual era parte sustancial las FARC y que terminaron sin ningún tipo de acuerdo y luego en el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) donde se adelantó en la zona de despeje del Caguán, conversaciones hasta comienzos de 2002 sin que se hubiera llegado a acuerdos importantes.

En esta ocasión, debemos destacar, se hizo un importante trabajo de pre-negociación entre delegados del Gobierno Nacional y de las FARC-EP que llevó, después de varios meses de trabajo reservado, a la firma del documento «Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera» que sin duda es una Hoja de Ruta para el desarrollo de las conversaciones que se están adelantando en La Habana, en la medida en que define claramente, con el referente del principio de ‘que nada está acordado hasta que todo esté acordado’, una agenda, unos procedimientos, un acompañamiento internacional, unos mecanismos de participación de la sociedad civil y sobre todo un punto de llegada: la terminación del conflicto interno armado. Ahora bien, el acuerdo implica negociar en medio de la confrontación militar, situación bien difícil de manejar para el gobierno, porque es el que tiene que manejar todo el impacto que en la opinión se genere por los hechos de violencia, al tiempo que se están adelantando las conversaciones en el exterior; este probablemente es el talón de aquiles de estas conversaciones, pero de otra parte era la fórmula políticamente viable para las mismas.

Lo avanzado

Hasta el momento las dos delegaciones han construido acuerdos sobre los tres primeros temas abordados de la agenda, ‘Políticas de desarrollo agrario integral’, ‘Participación Política’, ‘Solución al problema de las drogas ilícitas’, que van a permitir, de una parte orientar la atención del Estado y sus políticas hacia el sector rural colombiano, grandemente excluido por las políticas públicas y de otra, permitirle a sectores políticos y sociales excluidos, participar en la vida política con garantías. Acuerdos sobre temas como el Fondo de Tierras, los programas de desarrollo rural con enfoque territorial, fortalecer las zonas de reserva campesina son todas posibilidades muy importantes para garantizar a la población campesina el desarrollo y el buen vivir; igualmente los acuerdos de participación que van a garantizar mayores posibilidades para que nuevos actores políticos y sociales entren a participar en la competencia política legal sin que se vaya a repetir un genocidio como el producido contra la Unión Patriótica y que haya posibilidad de que aquellos territorios más azotados por el conflicto puedan tener una representación especial en el Congreso, esto sumado a un serio Estatuto de Oposición, una profunda reforma al sistema electoral y explicitando que la protesta social es una forma legítima de participación política, son herramientas muy importantes para ampliar nuestra democracia; igualmente un programa nacional concertado con las comunidades de erradicación de cultivos de uso ilícito, acompañado de un serio programa de sustitución de cultivos y políticas para prevenir el consumo de drogas y luchar contra las organizaciones de traficantes, es una forma de mandarle un sólido mensaje a la comunidad internacional de la contribución colombiana al cambio de las políticas globales contra las drogas ilícitas.

Adicionalmente, las partes empezaron a trabajar el tema de ‘víctimas’ y al respecto, la Mesa de Conversaciones tomó una decisión de la mayor importancia como fue definir diez principios que van a orientar el abordaje de este tema y acordaron invitar a sesenta víctimas, en delegaciones de doce personas en cada caso, para que directamente vayan a la Mesa de Conversaciones y expongan sus puntos de vista al respecto. Hasta el momento han asistido cuatro de las cinco delegaciones a La Habana.

Así mismo se empezó a trabajar, en paralelo con la Mesa de Conversaciones, una sub-comisión con participación de oficiales de la Fuerza Pública y comandantes de las FARC sobre el tema de la terminación del conflicto, especialmente como se abordarían aspectos como la dejación de armas, el cese de fuego definitivo y todo lo relacionado -localización de fuerzas, verificación, etc-. También se creó una sub-comisión de género para garantizar que el enfoque de género, tan importante en los tiempos actuales, esté permeando los Acuerdos que  se construyan.

 

 Los pendientes

 

Están por terminarse las discusiones en los Acuerdos sobre el tema de ‘Víctimas’, ‘Fin del conflicto’, así como el de ‘Implementación, verificación y refrendación’, dentro de los cuales hay temas fundamentales a definir como lo son el de la justicia, que no es de poca monta, el de dejación de armas, el macanismo de refrendación de los acuerdos -hasta el momento la posición del Gobierno parece inclinarse por el referendo o la consulta popular, las FARC por el contrario se inclina por una asamblea nacional constituyente- y todos los mecanismos para implementación de los acuerdos, un desafío grande para el Estado colombiano que históricamente ha sido bueno para llegar a acuerdos para solucionar distintos tipos de conflictos, pero poco eficaz para la implementación de los mismos.

 

Los desafíos por delante

No hay duda de que nos encontramos en estos días ante un gran desafío y es la crisis generada con el secuestro o retención del General del Ejército Ruben Darío Alzate, que es un efecto nocivo de conversar en medio de la confrontación armada, sin embargo esperamos que se pueda resolver esta situación con la colaboración de los países garantes, Cuba y Noruega y del CICR. Esto debe llevar a a la necesidad de pensar mecanismos reales de desescalamiento de la confrontación militar para lograr avanzar sin mas sobresalto en el proceso de concluir las conversaciones.

Adicionalmente hay otro desafío y es cómo lograr que la opinión nacional efectivamente se encamine mayoritariamente a apoyar este proceso y esto se refleje en la refrendación de los acuerdos; aquí se evidencia una de las grandes deficiencias del proceso y es la dificultad que ha tenido el Gobierno para comunicar adecuadamente a los colombianos las bondades de los acuerdos y lograr neutralizar los mensajes de los adversarios del proceso de conversaciones. Si no se logra una estrategia adecuada en estea dirección el apoyo político va a tambalear. Esto es igualmente válido para las medidas de justicia transicional que se acuerden, tanto para los miembros de la insurgencia como para los miembros de la Fuerza Pública.

Concluímos señalando que a pesar de las dificultades por las que pasa en estos momentos el proceso de conversaciones, nunca hemos tenido los colombianos una mejor oportunidad para terminar este largo y anacrónico conflicto interno armado.

Análisis Especial

Alejo Vargas Velásquez

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