Eel pájaro de la economía

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 Por Francisco Javier Pantoja

Magister en Economía Aplicada

@fjpantoja

Destacado: De resto, si quiere un consejo, coma poco arroz y cambie de peluquería si en ella usan productos americanos, el alza en los precios no se detendrá y los industriales le trasladan los costos al consumidor final, o sea a ¡usted!

¿Qué hacer? ¿Qué controlar? todo parece indicar que el alza en los precios no será momentánea. La inflación desbordada y el dólar caro y el crecimiento de la economía en duda, y como en el Titánic: el barco hundiéndose y los músicos tocando. Entre tanto, el Banco de la República espera un milagro para que la economía se mantenga a flote.

La respuesta a estos interrogantes podría arrancar por los efectos que dejó la crisis financiera del 2008. En aquellos tiempos la economía estadounidense caminaba hacia el abismo, no obstante, el gobierno americano actuó con la rapidez de Superman y con dinero abundante y barato evitó el despeñadero: se generaron nuevos puestos de trabajo y la riqueza creció.

El paso siguiente consistió en cortar el chorro de dinero estatal y abrirle la puerta al hijo pródigo, los dólares que viajaban por otros países -entre ellos Colombia- debían volver a casa. No se necesitó mucho; bastó con el mensaje de la confianza y la rentabilidad, el cual se viene transmitiendo mediante el alza en la tasa de interés gringa. Lo que significa que invertir y ahorrar en esa economía da mayores ganancias. De nuevo su moneda está otra vez fuerte.

Ahora como los billetes verdes quieren volar a su nido, Colombia tendrá -si quiere enjaularlos- que dar muchos pesos por cada uno de ellos -por lo pronto en el último mes se han pagado en promedio $ 2.583-; lo escaso sale caro. Y en este punto cabe la pregunta ¿seguirá Colombia dando más plata por cada dólar? Los siguientes factores podrían acercarlo a la respuesta:

Uno: los americanos pasaron de ser compradores necesitados a futuros productores de petróleo, la técnica de quebrar la piedra les permitió sacar el oro negro de debajo de ellas; pero, ante el embate gringo, Arabia Saudita -donde el combustible brota con solo raspar en la arena- respondió con más barriles. De esta manera en el mercado mundial habrá más y más y más galones a bajo precio y eso que sin contar con la entrada del carburante iraní.

Dos: de todo lo que vende Colombia en otras naciones, el petróleo representa el 55 % y al estar barato aunque sea el bien más vendido pagaran con pocos billetes verdes. Y para completar la trinidad, la industria nacional hace rato está en picada lo que convierte a la patria en una economía que compra mucho en el exterior. Al final, en sumas y restas, entrarán menos dólares y saldrán muchos, por tanto reinará la escasez. ¿Es bueno o malo que esta moneda sea cara?

La felicidad está por los lados de los pocos empresarios que venden productos nacionales en el extranjero, su billetera se está abultando; al igual que a quienes les envían plática de Norteamérica o Europa, ahora recibirán más aunque los familiares manden lo mismo.

De resto, si quiere un consejo, coma poco arroz y cambie de peluquería si en ella usan productos americanos, el alza en los precios no se detendrá y los industriales le trasladan los costos al consumidor final, o sea a ¡usted! No compre celulares ni televisores. Por lo pronto, la enfermedad del dólar caro contagiará a la economía de inflación, de carestía.

¿Qué le importa más a la gente? Una inflación por debajo del 4 % o un crecimiento económico por encima del 4%. ¿O las dos?, en tiempos de crisis, de las aguas tibias líbrame señor.

Una inflación alta afecta a todos. Un ejemplo, si hoy con mil pesos compra cinco panes, en unos meses si esto sigue así, es muy probable, y dado que la harina es importada solo podrá comprar 4, habrá perdido un pan y estos incrementarán su precio en 50 pesos. Su dinero volando, esfumándose, desapareciendo y no es magia.

La inflación podría pensarse como un impuesto. No hay ley que obligue a pagarlo, pero le saca la plática del bolsillo sin sentirlo, con el agravante de que a quien tiene poca plata, la inflación le hará sentir que tiene menos.

Pare un momento, y ¿si se toma el camino de crecer la riqueza? La primera medida sería la de abaratar el crédito para que haya inversión, empleo y más, más, más abundancia. ¡Claro que es bueno! No obstante, el Banco de bancos deberá decidir entre la mano izquierda o la derecha puesto que las cosas están en el rebose y al punto del desborde.

La primera autoridad monetaria tiene que sacrificar el crecimiento y proteger a la economía ciudadana del fenómeno inflacionario. El problema es que lo que sube difícilmente baja, el salario alcanza menos, se come menos y se empieza a vivir menos.

No se llene de nervios por no tomar la otra opción, con el engranaje económico existente la abundancia que hay no disminuirá. Además, no es el tiempo de acrecentar la riqueza de algunos sectores privilegiados; recuerde que en Colombia todavía la prosperidad se acumula en pocas manos.

Finalmente, si el control no se ejerce contra los vientos inflacionarios se corre el riesgo de generar tormentas y en este escenario el pájaro de la economía tomará el rumbo equivocado, aunque vuele y aleteé, aleteé y vuele.

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