El costo de la democracia

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Por Oscar Gamboa Zúñiga

A medida que se estrechan las avenidas de la democracia que tanta sangre y dolor ha causado en la historia, que bueno los que seguimos creyendo en ella, trabajemos con denuedo para que no nos arrebaten lo que de ella queda. No hay duda de que sostenerla tiene un alto costo.  Quizá el costo  más alto que toca pagar, es entender que la democracia empieza por  el respeto del pensamiento diferente. Ya para muchos es difícil entender que es precisamente a partir del pensamiento divergente desde donde se nutre la democracia.

Lo anterior, impone una gran dosis de sosiego, ponderación, mesura y humildad. Estas conductas, no aparecen como un regalo de la lampara de Aladino, esto es la materialización de una formación desde el hogar, cuando una persona es formada a partir de actitudes no racionales ni razonadas, sino de imposiciones, allí comienza la distorsión del concepto de democracia. Por ello quienes creemos y practicamos la democracia debemos desde nuestros hogares, ponerla en práctica.

La humildad merece un tratamiento diferente, ya que se contrapone a la arrogancia, la soberbia y el orgullo. El engreimiento y la vanidad nos descalifican como actores de la democracia ya que inducen a comportamientos irracionales, pasionales, impositivos y hasta irresponsable porque enceguecen y buscan resultados hasta a través de las armas y la violencia.

Para muchos seguramente hablar de democracia es retorica y algo que ya paso de moda. Me disculpan, pero la falta de democracia es insumo para la violencia, la falta de democracia es presupuestar injusticias, es depreciar valores, es solo darles valor a las personas si coinciden con lo que yo pienso. Inclusive, se va volviendo parte del inconsciente en el día-día. A fulano de tal no le inviten porque con frecuencia lleva la contraria…o más bien seré yo el insensato.

El gran país del norte, Estados Unidos está inmerso en una quizá sin antecedentes campaña política hacia la presidencia. La sigo muy de cerca. Escucho con muchísima frecuencia la frase “la defensa de la democracia”. Creo que tienen mucha razón quienes la emiten porque como nunca (que yo conozca) se ha observado una campaña tan polarizada en este importante país. Llena de agravios, mentiras, calumnias, y otras cosas que me han comentado buenos amigos, ciudadanos de este país y residentes allá, pero que prefiero no hacerlo publico para evitar meterme quizá en problemas. Que peligro todo esto. No es cualquier país, es el país que duélanos o no, marca rumbo en la economía mundial, en el tema ambiental, en importantes disciplinas del deporte, en fin. En ultimas serán los ciudadanos de la tierra del Tío Sam quienes libremente escojan quien les gobernará los próximos cuatro años. Lo que si esperamos es que quien gane, respete los principios básicos de la democracia. Por el bien de ellos y del resto del mundo.

Si revisamos la historia de nuestra querida Colombia, lamentablemente hemos pagado uno de los más altos costos para sostener nuestra precaria democracia, y digo precaria porque no solo el ejercicio del voto es democracia, también lo es un sistema electoral confiable y transparente, un sistema judicial al que igualmente se le pueda creer, que los ciudadanos hombres y mujeres puedan acceder sin discriminaciones a la oferta social del estado, que el estado no se nos pierda cuando nos alejamos de Bogotá, y hasta de las mismas capitales de departamento, en fin tantas cosas que nos siguen faltando. El alto costo al que me refiero es porque hemos soportado violencia partidista, guerrillera, paramilitar, del narcotráfico, inseguridad urbana, entre tantas. Pero lo que más preocupa hoy, son los niveles de intolerancia por el pensamiento diferente al que estamos peligrosamente llegando. Si miramos la justicia, depende. Si me trata bien o a la persona de mi interés, sirve, sino la encasillamos en el bando ideológico contrario al mío y esa justicia entonces no sirve. Si tal o cual columnista escribe según como yo piense, lo leo, de lo contrario, no lo leo y también lo ubico en el bando ideológico contrario al mío. Ya condenamos la violencia y las muertes (masacres u “homicidios colectivos”) dependiendo quien caiga, si es afín con mi perfil ideológico, condeno las muertes, de lo contrario, mutis por el foro.  Estamos entrando peligrosamente a un espiral sin fin y aún falta tiempo para entrar en forma al fragor de las campañas. ¿Se imaginan si seguimos así, como va a ser esto?

Ya habíamos mencionado en una columna anterior el tema de la deformación de los partidos políticos, lo cual también conspira contra el sostenimiento de la democracia.

No importa el costo, pero sigamos defendiendo la democracia, así sea incompleta, es mejor vivir en ella que bajo regímenes dictatoriales, donde se corre el riesgo de que nos metan a cuarentenas y todo tipo de prohibiciones porque al mandatario de la gana o porque se levantó o se acostó de mal genio, o porque existe oposición y no le quieran aceptar sus caprichos o andanzas ideológicas.

 ¡VIVA LA DEMOCRACIA! 

 

 

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