El deporte después de Aparicio

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Sin duda alguna, el recorrido de Jaime Aparicio por el deporte internacional había sido tan bueno que era difícil de superar para un colombiano. Su dedicación y amor por el deporte había sido tanto, que ni el profesional deportivo de ese entonces podía superar. Aparicio se había vuelto ‘indestronable’ en América Latina.

Con el tiempo, los reconocimientos fueron llegando, “en mi época, de verdad nadie nos daba un aplauso. Fue con el pasar del tiempo que empezaron a darme que la llave de la ciudad, que un premio aquí, que otro por allá”, lo relata con sus cejas levantadas en señal de regocijo y felicidad.

Así lucía Jaime Aparicio cuando fue un destacado atleta vallecaucano

Se convirtió en el director de los Juegos Panamericanos que se realizaron en Cali en 1971, siendo uno de los más importantes emblemas del deporte colombiano en aquel entonces, y tuvo el honor de llevar la antorcha de la competencia que inauguró el evento.

Con motivo de los Juegos, su nombre quedó estampado en una de las unidades deportivas que se construyeron, lo cual fue otra muestra de agradecimiento por su ‘romanticismo’ con el deporte.

“Ser dirigente deportivo fue muy gratificante para mí después de toda la carrera, pero también fue el detonante para dejar de lado el deporte y quedarme exclusivamente con mi carrera profesional”. Su rostro denotaba la desazón que le causa ver a los deportistas de hoy con una ideología distinta a la que él tenía.

El profesionalismo se fue apoderando del deporte, ya eran pocos los amateur que quedaban como él, ya el deportista se concentraba de lleno en lo que eran las competencias y en su preparación.

“Ahora todos querían recibir un dinero por lo que fuera, simplemente ganarse una medallita en cualquier competencia era excusa para que fueran a pedir dinero, y convertirse en el sándwich entre las entidades y los deportistas me aburrió, ya el amor por el deporte no era el mismo”.

Como todo en su vida, su despedida tomó por sorpresa a quienes lo querían en el mundo deportivo, y a su familia, pues lo veían entregado tanto a los planos y a la pista de atletismo; pero como él mismo lo expresa: “Los ciclos tienen que cumplirse y el mío, en cuanto al deporte, ya había pasado”.

Desde ahí se dedicó a lo que quería: la construcción  de muchos edificios de la ciudad fueron obra de él y de su esposa, con quien formó una firma constructora en la ciudad.

Además, se desempeñó en su otra pasión. Sí, este hombre no sólo quería el deporte y la arquitectura, también tenía en su mente la posibilidad de estudiar ciencia, de estar en proyectos de investigación que permitieran el descubrimiento de nuevos elementos útiles para la sociedad.

Por ello, se convirtió en el presidente del grupo de astronomía de Cali, con el cual desarrolló varias investigaciones, y con el tiempo fue ponente de varias charlas que tenían relación con sus investigaciones.

Finalmente, en el 2007 recibió el premio al deportista del año, premio entregado por ACORD, Asociación Colombiana de Redactores Deportivos, con el que se le hizo reconocimiento a toda una trayectoria en el deporte y lo resaltó como uno de sus los precursores en el país.

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