El olvido del profe

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FRANCISCO JAVIER PANTOJA PANTOJA

Magister en Economía Aplicada

@fjpantoja

Disfrutar de un derecho es una prioridad, pero de prioridad se ha pasado a prelación, de prelación a preferencia, de preferencia a ventaja, y de ventaja a minoría, y ahí va la cosa. Una minoría lo disfruta -con calidad- y el derecho aventajado se llama educación.

El consejo que le dan a todos, desde niños es: “estudie para que sea ‘grande’ y no se quede como yo” y este ‘como yo’ no es más que el estatus discriminatorio que adquiere quien no logra estudiar porque las puertas de la escuela están abiertas de par en par, las del colegio medio cerradas y las de la universidad hay que tocar duro a ver si abren.

Después de abiertas las puertas se ha preguntado: ¿Cuánta platica le metió al estudio?  Se la pasó de la escuela al colegio, del colegio a la universidad, de la universidad a no sé dónde y de donde no sé a la nada. Cuando haga la suma de la inversión en su educación, incluya lo que gastaron sus papás y lo que usted ha metido, incluya también, el tiempo que estuvo sentado en un pupitre frente a un tablero y tenga presente que mientras estudiaba pudo haber perdido otras oportunidades. No importa, al final sume y sume y sume y después reste los salarios recibidos hasta hoy.

Luego de tantas cuentas tal vez determinará que la inversión en educación es igual a la de comprar un taxi, a punta de carreras debe devolver el costo del amarillo y dejar ganancia. Recuerde que en educación, una cosa es el sector privado y otra el público. No desconozca el esfuerzo estatal en sus sumas y restas.

En toda inversión hay riesgo, riesgo de salir de la universidad a manejar un taxi, casos se han visto. Así que el taxista aprende en la universidad de la vida y usted tiene que dedicar toda la vida a aprender porque de lo contrario se le oxidan los conocimientos y pierde la inversión inicial.

No obstante, la educación de calidad lo pone a sacar pecho. Usted mejora el círculo de amigos, habla más refinado y en las fiestas, si dice que estudió medicina le preguntarán: qué es bueno que me duele aquí. Aunque las cosas buenas de educarse dependen de la fama del colegio y la fama no es más que la cacareada calidad y la calidad que es difícil de medir no depende solamente de la buena infraestructura o de la nutrición del aprendiz, la calidad está en manos del profe.

Ahora bien, en el mar del olvido y en el abismo del tiempo está guardado cuando al profesor le pagaban en especie, ¡con cajas de aguardiente! Ya es hora de reivindicar al profe para que no se vuelva el eslabón perdido del sistema educativo, no solo se debe incrementar el salario – que por cierto es una petición justa e histórica, que de histórica a negada y de negada a nada porque como decía en un chaleco de un manifestante “25 años de lucha y movilización” recordándole al estado el deber incumplido – sino la posibilidad de acceder a más estudios y tecnología.

Y volviendo a la calidad, que les va alcanzar el exiguo salario a los profesores para comprar libros o a viajar de intercambio adonde otros colegas, a conocer otras formas, a desaprender, en fin a construir calidad que pueda transferirse a niños y jóvenes. Si Colombia quiere ser la más educada para el 2025 tiene que pasar de destinar el 3,8 % del PIB de hoy a un mínimo del 6%, tal que los recursos públicos, de una vez por todas, preparen la Colombia del posconflicto, al país que será miembro del club de países desarrollados OCDE.

Porque tal como está hoy el diseño del sistema educativo no ha hecho sino discriminar, descartar y ningunear. Una cosa es estudiar en Bogotá y otra en una escuelita del litoral pacífico ¿cuándo el estudiante de la costa va alcanzar el nivel del educando del centro del país?, no se puede nivelar por la miseria.

Al estado le conviene, y mucho, que la gente vaya a la escuela porque entre más educado el ciudadano menos pleitos busca en la calle, de ahí que en los últimos 24 años la política pública en educación se ha volcado en favor del estudiante, más tabletas para los niños, más subsidios para las mamás, y eso es muy bueno. Entre tanto, el maestro, el profe como el ternero del dicho popular, en el olvido. ¿Cuál política pública se ha diseñado para el docente? Nunca se olvida al buen profesor, se lo recuerda toda la vida.

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