El suplicio de Tántalo

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Por Camilo Granada

Comparado con países similares, Colombia empezó tarde el programa de vacunación en buena parte por cuenta de la demora en la negociación y su apuesta por el mecanismo Covax para recibir las vacunas.

Se dijo entonces que ese tiempo adicional había sido utilizado para establecer un plan sólido y garantizar la compleja logística que requiere vacunar en corto tiempo a más de 35 millones de personas. Y si bien ha habido casos de éxito en algunas regiones, el ritmo general de vacunación está por debajo del requerido para cumplir la meta de terminar la vacunación del 70% de la población antes de terminar el año.

Por supuesto que dependemos de la llegada de las dosis al país, y es claro que sigue habiendo un cuello de botella a nivel mundial en el suministro. Pero a un poco más de un mes de iniciado el proceso, tenemos más de 3,2 millones de dosis disponibles, pero apenas 1,3 millones han sido ya aplicadas. Hay problemas logísticos tanto en la distribución hacia departamentos y ciudades como en la aplicación a nivel local. En lo local hay secretarías de salud que no han logrado poner las vacunas recibidas. Varias de las Empresas Prestadoras de Salud (EPS), que son las responsables de contactar a los pacientes, no están vacunando al ritmo esperado porque—sorprendentemente—no cuentan con registros actualizados de sus afiliados a pesar de tener como primera responsabilidad velar por su salud.

Es necesario entonces hacer ajustes. Un plan siempre es bueno, pero no se puede convertir en una camisa de fuerza. El plan se definió sobre el supuesto de la escasez: como hay pocas vacunas disponibles, lo importante es decidir cómo se raciona el mercado de manera a maximizar el objetivo social buscado. Se priorizó entonces – válidamente—la mayor exposición al riesgo y la mayor letalidad: el personal de salud de primera línea y los adultos mayores de ochenta años.

Esos supuestos siguen siendo válidos, pero algo está fallando dado que ninguna de esos dos grupos ha sido completamente vacunado, a pesar de contar con dosis suficientes para ello. Hoy en Colombia hay más vacunas almacenadas (incluso si se toma en cuenta la necesidad de reservar suministros para la segunda dosis). Por lo tanto, la hipótesis de base –la escasez— está superada. Como el objetivo final del proceso es reducir los contagios y finalmente alcanzar la inmunidad de rebaño, el plan debería adaptarse para avanzar en ese sentido. Las restricciones de edad deberían relajarse, ampliarlas a los más de sesenta (que aunque se dijo, no se ha hecho en la práctica), o a las personas con enfermedades prexistentes graves que los ponen en alto riesgo de complicaciones y muerte por la Covid.

Para lograr eso, debería permitirse una postulación y un acceso a la vacuna más amplio, y por demanda, no por oferta. Quien quiera vacunarse y cumpla con alguno de los criterios de priorización debería poder acercarse a un centro de vacunación y recibir la dosis, en lugar de tener que esperar a ser contactado y citado por su EPS.

Otra opción que ayudaría a disponer de las existencias almacenadas es aceptar la propuesta de los empresarios que quieren ayudar. Ellos podrían organizar puestos de vacunación, contratar personal calificado y así incrementar el número de puntos de vacunación habilitados. Para ampliar los sitios de vacunación, debería autorizarse que las droguerías y farmacias que cuenten con capacidad de refrigeración adecuada de las vacunas ofrecieran el servicio.

Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional han demostrado que tienen una gran capacidad logística y enorme compromiso al momento de ayudar a los colombianos en momentos de necesidad. Cuentan esas instituciones con personal de salud capacitado y tienen amplia experiencia en llevar ese tipo de servicios a los rincones más alejados del país. Ha sido tradicional que la fuerza pública organice brigadas de salud como parte de lo que se llamaba hace años las acciones cívico-militares o de relacionamiento y apoyo a la comunidad. Deberían ser movilizados en esta cruzada.

Frente a la emergencia que vive el país y el impacto dramático que tiene la demora de la vacunación en la incipiente recuperación económica, el gobierno puede y debe usar todos los medios públicos y privados para superar los cuellos de botella logísticos, sobre todo ahora que se anuncia que en abril, o sea a partir de la semana entrante, deberían llegar a Colombia más de ocho millones de dosis de diferentes vacunas. Sería inexcusable que como en el suplicio de Tántalo, muriéramos de hambre rodeados de comida.

 

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