Elemental

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Por: Francisco Javier Pantoja Pantoja

@fjpantoja

Hace más de 60 años un ‘olvido’ del Estado privó a más del 60% de la población del más elemental de sus derechos. Así como si nada, entre los años de 1946 a 1957 el país viviría en la denominada época de la ‘violencia’.

El combustible para este episodio de terror, del que aún se oye su eco y el cual nunca podrá condenarse al olvido, radicó en gran parte a la poca, ausente o nula escolaridad de la Colombia rural. Tal vez, el poco menos del 40 % de los pobladores urbanos tenían acceso a ‘mejores’ condiciones de vida: la miseria reinaba por doquier.

Pero, lo llamativo de esta época era el alto desempeño económico de la nación.  De 1945 hasta 1955 la tasa promedio de crecimiento económico se situaba en el 5%. La economía crecía y los muertos también. En este mismo tiempo Argentina pasaba de país rico a pobre y Colombia se codeaba con aquellos países latinos prósperos, aunque dicho sea de paso, no tan buenos en distribuir la riqueza.

Y ¿cómo se dio este oscuro episodio? El punto de quiebre se dio cuando el predominio de la República Liberal llegaba a su final e iniciaba la etapa de los conservadores en el poder. Lo cierto es que este modelo político se repetía, en 1930 había ocurrido lo mismo pero al contrario, finalizaba la hegemonía conservadora y la transición política se había dado en absoluta calma.

En un principio todo parecía llamarada de hojas secas: los unos poco dados en aceptar la derrota y los otros dedicados a cobrar viejas ofensas políticas. Tal vez similar a lo que ocurre hoy en día, luego de jugar un partido de fútbol de la liga nacional, no obstante, el pitazo final acrecentó el incendio y este se propagó por más de una década.

Tal era el caso que el caudal de los ríos Cauca y Magdalena crecía, crecía y crecía por la cantidad de cadáveres que navegaban en sus aguas. En común, los muertos se podían identificar fácilmente: todos venían descalzos porque en general no traían cabeza. De todas maneras su característica relevante estaba en la condición de pobre.

Gran parte de la ‘violencia’ se libraba en el campo, la vida urbana de alguna forma estaba ajena al pánico del machete. Las razones de la migración del campo a la ciudad no se debían tanto a huir del horror sino al incentivo del empleo manufacturero.

¿Migraba entonces la ‘violencia’ a las ciudades? Revise su realidad y dese su propia respuesta no sin antes recibir una ayudita: la migración a la ciudad llegó al tope del 75 % y pasará al rebose.

Al parecer en Colombia, los episodios violentos de la historia reciente presentan la siguiente recurrencia: Luchas fratricidas, intestinas y partidistas entre algunos y no todos los sectores sociales; unas veces pobres con pobres y otras élites contra élites; puesto que de otra forma no fuere posible registrar datos económicos como los del párrafo precedente, en una guerra total no hay quien se salve.

Ahora, ¿Cuál es el beneficio que recibe el ciudadano de a pie cuando la economía no se estanca? Pues, una tasa alta de crecimiento económico se traduce en más y mejores bienes, hay trabajo y riqueza para distribuir y hasta aquí porque no cabe en la columna.

Ahora bien, cuando se comienza a hablar de distribuir para acá, distribuir para allá se forma la de Troya, se forma la tormenta. Distribuir deja de ser verbo y por arte de magia aparecen sectores olvidados, discriminados y descartados y después como en la biblia: “porque al que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia”.

En fin, esta columna no es de historia por lo que es mejor ubicarse en el presente, en la coyuntura.  Las comparaciones son odiosas y al final necesarias y en este punto del argumento útil.

Diez años antes, diez años ahora. Desde el 2005 la economía de la patria ha crecido cerca del 5%, similar al promedio de la ‘violencia’.  Y a veces todo cuadra: la nación crece económicamente y vivencia la época del denominado ‘conflicto interno’. La historia tiende a ser cíclica ¿se repite la historia? O Colombia ¡por fin! tendrá la capacidad de escribir una nueva historia.

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