Encrucijadas

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Por Camilo Granada

El profundo impacto de la pandemia en la salud, la economía y el estado de ánimo de la gente es indiscutible. Esto se refleja en las prioridades políticas de cada sociedad, y por lo tanto, en sus preferencias electorales. Este año y el entrante habrá elecciones en varios países de América Latina. La región, golpeada y polarizada, podría ceder a populismos y autoritarismos variopintos.

El primero en responder a ese dilema fue Ecuador. El país vive desde hace unos años una crisis económica severa, agravada por la caída de los precios del petróleo, una deuda galopante y la camisa de fuerza ortodoxa que le impone la dolarización. A todo esto vino a sumarse la recesión por la pandemia, que llegó en medio de un clima social y político muy tenso por las marchas indígenas y populares de octubre de 2019 que frustraron el intento del gobierno de eliminar los subsidios a los combustibles, parte del programa de ajuste fiscal, y por la durísima pelea entre el expresidente Correa y su sucesor, Lenin Moreno.

La segunda vuelta de la elección presidencial del domingo pasado era un referendo sobre Rafael Correa, aliado de Chávez en Venezuela, exponente del autoritarismo populista de izquierda de principios de siglo. Correa estaba representado por su pupilo Andrés Arauz quien se enfrentaba a Guillermo Lasso, banquero de derecha. La victoria de Lasso culmina el retorno a la institucionalidad democrática iniciado por Lenin Moreno y aleja al Ecuador de las tentaciones populistas. Colombia se beneficia igualmente de este resultado, pues un triunfo de Arauz habría recreado la pinza con Venezuela que tantos dolores de cabeza nos causó en el pasado. Sin embargo, Lasso no la tendrá fácil. No tiene mayorías en la asamblea y los ajustes que se vienen serán difíciles y provocarán nuevos paros, liderados por el movimiento indigenista Pachakutik, que recibió una alta votación para las presidenciales y las legislativas.

Perú, que votó hace ocho días, está en una situación más precaria. A pesar de haber conocido durante los últimos años una prosperidad envidiable, la pandemia profundizó el caos político e institucional, con cuatro presidentes en cuatro años. Dos líderes con tintes populistas y autoritarios, Pedro Castillo, líder sindical marxista y Keiko Fujimori, hija del expresidente Fujimori, de derecha, se enfrentarán en la segunda vuelta presidencial a principios de junio. Ambos comparten una visión retrógrada de la sociedad, contraria a los derechos de la población LGTBI o el aborto y son nacionalistas a ultranza. Sin embargo, son radicalmente opuestos en su modelo económico. La campaña ahondará la polarización entre “comunismo” y “neoliberalismo”. Sin importar quien gane, la inestabilidad política seguirá al orden del día en Perú.

Disyuntivas similares se vivirán a lo largo de los próximos 18 meses en la región. En Chile, luego de las violentas confrontaciones de 2019, habrá elecciones para la constituyente en mayo y presidenciales en noviembre. Luego de años de alternancia entre el centro izquierda y el centro derecha, pero siempre anclados en un modelo heredado de la dictadura de Pinochet, los chilenos podrían dar un viraje drástico a su modelo de sociedad y su organización política. Centroamérica también irá a las urnas próximamente. En Nicaragua, en noviembre, la batalla parece que será la repetición incesante de lo mismo: Ortega contra el resto. Veremos si ese país logra sacudirse del yugo de Ortega, quien lleva ya 14 años en el poder. México y Argentina tendrán elecciones de mitad de mandato en junio y octubre respectivamente, una oportunidad para que los electores manden un mensaje a los controvertidos gobiernos de López Obrador y de Fernández..

La temporada electoral seguirá en el 2022. Brasil verá probablemente enfrentados a Lula da Silva y Bolsonaro, en una confrontación ideológica inédita por su virulencia. Y en Colombia, aunque tenemos todavía cerca de cincuenta personalidades que creen que pueden suceder a Duque, lo que es claro es que Gustavo Petro seguirá siendo el gran polarizador de la campaña.

Más allá de la coincidencia de estos tiempos electorales, lo que se avecina en toda la región son decisiones complejas, enmarcadas en un creciente populismo de ambos extremos y poco espacio para el centro. Los ciudadanos saldrán a votar en medio de dificultades económicas, incertidumbres sanitarias y una agravación severa de las desigualdades en el continente más desigual del mundo. El miedo, la necesidad y la pobreza son terreno abonado para bandazos ideológicos y promotores de quimeras y paraísos imposibles. Difícil encrucijada para una región que necesita claridad de propósito y unión para salir del hoyo negro en el que se encuentra.

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