“¿Habrá pronto proceso de conversaciones formales con el ELN?”

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Por Alejo Vargas Velásquez

Profesor Titular Universidad Nacional

Hoy día nos encontramos en una situación en la cual todo indica que las conversaciones con las FARC-EP van andando a buen ritmo; lo que no significa que no se presenten altibajos o crisis –estas son normales en este tipo de procesos y es altamente probable que se puedan seguir presentando hasta que se llegue a la firma del Acuerdo Final-, o estar claros que la Mesa de Conversaciones en La Habana tiene por delante temas muy complejos, como lo son los de justicia que muy seguramente van a llevar varias semanas de discusión a la Mesa tratando de construir fórmulas que sean políticamente viables –recordemos que las FARC invocan que su condición de alzados en armas no les permite aceptar ser considerados delincuentes y el Estado argumenta que el tiempo de las amnistías e indultos no es el actual y que hay que diseñar una salida en el marco de la llamada justicia transicional, pero al tiempo el Gobierno no tiene un buen ejemplo a mostrar con el caso de la aplicación de la Ley de Justicia y Paz a los miembros de los grupos paramilitares-; algo similar va a suceder con lo relacionado con la refrendación de los acuerdos –qué mecanismo se va a utilizar, en qué momento, con qué impacto político y legal-, así como con los temas de terminación del conflicto y diseño del cese definitivo de hostilidades, que igualmente les va a tomar tiempo a la Mesa de Conversaciones.

Desde que se iniciaron formalmente las conversaciones con las FARC-EP, se puso sobre el tapete la pregunta por la situación con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Se conoció por los llamados ‘correos de las brujas’ que ya habían acercamientos y finalmente el año anterior, en medio de las dos vueltas para la elección presidencial, hubo un comunicado conjunto entre Gobierno y ELN en el cual se informaba que se estaban realizando estas conversaciones preliminares –técnicamente conocidas como pre-negociación- y que ya había dos puntos de agenda acordado –Víctimas y Participación de la sociedad-. Posteriormente el líder de las conversaciones por parte del ELN, Antonio García, en una entrevista a un diario argentino señalaba que eran seis los temas de la agenda y que ya estaba acordado un tercero –Democracia- y que iban a abocar con el Gobierno el análisis conjunto del tema Transformaciones para la Paz, terminación del conflicto e implementación de los Acuerdos.

La semana anterior el comandante del ELN, Nicolás Rodríguez Bautista, conocido como Gabino, en una entrevista a la agencia Reuters dijo que todavía faltaban algunos puntos para que arrancara formalmente un proceso de paz con ellos y agregó «hay un 80 por ciento de acuerdo (en la agenda), queda un 20 por ciento que es lo que falta para establecer una mesa pública«, pero a continuación envió un mensaje optimista diciendo que «el tren de la paz puede arrancar pronto«, y anunció la posibilidad de gestos de paz una vez comenzaran las conversaciones como colaborar con programas de desminado en zonas del territorio, pero igualmente dejó planteado que uno de los temas centrales de su preocupación era el tema de la justicia y por supuesto su negativa a aceptar cualquier tipo de pena privativa de la libertad para sus miembros y rechazando injerencias de organismos de justicia transnacional.

Debemos abrirle un margen de credibilidad al jefe del ELN y esperar que efectivamente los delegados de esta insurgencia van a hacer todo lo posible para llegar a acuerdos acerca de los temas pendientes en las próximas rondas de conversaciones y que los delegados del Gobierno igualmente van a tener la misma disposición –entendiendo que no se trata de la capitulación de un adversario derrotado, sino la búsqueda conjunta de salidas para concluir este largo período de enfrentamientos violentos-, teniendo claro que el objetivo final de las conversaciones no puede ser otro que la terminación del conflicto interno armado, con todo lo que esto conlleva, y abrir las posibilidades para avanzar en la construcción de paz con la amplia participación de los colombianos y en medio de disputas, sin duda, que serán conflictivas pero que justamente se tramitaran en el marco de un clima democrático.

Estamos convencidos que ni el Gobierno Nacional ni el ELN van a querer cargar con la responsabilidad política de desaprovechar esta oportunidad para cerrar este ciclo de uso de la violencia con motivaciones políticas y lograr finalmente que los colombianos todos puedan seguir debatiendo sus diferencias, sus aspiraciones diversas y sus proyectos de futuro, sin necesidad de acudir al uso de la violencia para acallar las voces de sus opositores. Es decir avanzar en la construcción de una democracia más real para todos.

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