¿Hegemonía cultural en el Valle del Cauca?

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jair-villanoJair Villano

@Villanojair

-Es absurdo –dice indignada la bibliotecaria María Teresa Palau – por qué siempre que tienen que hacer recortes presupuestales se los tiene que quitar a la cultura.

María Teresa lleva más de 30 años trabajando en la Biblioteca Departamental. Dice con gran veracidad en su tono y sus palabras que lo más gratificante que tiene este trabajo es poder ver los rostros felices de los niños cuando tienen un libro, un instrumento, cuando asisten a uno de los tantos talleres que se imparten en la biblioteca. Uno de ellos –ingenuo ante la tensa situación que padece lo que desde la calle Quinta se puede ver como una edificación que merece respeto– pregunta por libros que contengan historias tenebrosas. Me dan ganas de decirle que busque Narraciones Extraordinarias, La Divina Comedia o cualquiera  de las novelas de King; léalas de noche, le agregaría, pero para qué antojarlo si él, que frisa en los quince años de edad, no se los podrá llevar a casa debido a que está suspendido el servicio de préstamo de libros.

Desde la entrada del recinto, que el día en que escribo esto es acompañada por unos parlantes y unas pancartas en las que se manifiesta la crisis, se puede intuir que gravita un ambiente de incertidumbre. Se puede observar que constantemente se forman grupos  pequeños de personas que parecen hacer comentarios relacionados a la circunstancia que atraviesa la biblioteca. No obstante, la amabilidad de los funcionarios es esperanzadora, cuando pregunté si podía fotocopiar  un capítulo de un libro que busco desde hace un buen tiempo, me dijeron que no había servicio, pero que al frente sacaban copias y que alguien me podría acompañar. Cuando hablé con ese alguien se me ocurrió escribir esta columna, seguramente Oliveira le hubiera sugerido a La Maga que se uniera a la causa…

La prudencia de Palau se puede ver reflejada con el aplomo con que responde las preguntas que le hago.

-Hace poco Lucía Villa (directora de la DAF) habló de un superávit presupuestal del departamento, lo cual quiere decir que sí hay recursos.

-Sí –piensa reflexivamente– pero usted ve los cuadros que muestra la Secretaría de Hacienda y también le cree, o sea, usted le cree a la que dice que hay plata y también a la que dice que no hay.

En efecto, hace unos días se formó un pequeño escándalo debido a las palabras de Lucía Villa, quien dijo que la crisis de las entidades descentralizadas obedecía a la mala planeación en la distribución de los recursos por parte de la Gobernación. Alba Leticia Chávez, secretaria de Hacienda, salió a defenderse arguyendo que el superávit del que hacía alusión la directora de la DAF ya tenían un destino.

-No hay recursos ni para la salud, la educación, ni para las víctimas del conflicto…

Ah, eso otro, el conflicto. ¿El futuro: el posconflicto?

Retórica, retórica: ¿Cómo hablar de un posconflicto cuando los escenarios en los que se puede resocializar a las personas que han estado por años cargando un fusil los acecha el peligro? ¿Cómo hablar de un país más educado cuando cuatro de las entidades que llevan años y años fomentando el arte como estilo de vida se ven abocadas a una crisis que podría generar su cierre? Por ahí dicen, y no soy yo el de la ironía, que quieren volver a Cali un Distrito Cultural y Deportivo: ¿es en serio? El alcalde, muy orondo, sale y espeta que la problemática es de la gobernación; Ubeimar habla de los gobernantes que lo han sucedido. Pero es en el fondo falta de voluntad política, la inopia intelectual es más lamentable que la inopia en –digamos– infraestructura, usted no podrá tener un carro para desplazarse pero sí una biblioteca con historias para contar, la plata que se pierde en la infraestructura se podría invertir en las vías de la prosperidad intelectual.

-Falta de conciencia cultural –concluye la bibliotecaria–.

Paradójicamente, y ahí sí me excusarán los protestantes, en Cali ha venido creciendo un impulso en las industrias culturales y creativas. Hablo con Leyidi Higidio, Coordinadora del Proyecto Industrias Culturales de Cali, dice que la ciudad está avanzando determinantemente en los proyectos culturales, el Mercado Musical del Pacífico es una muestra de ello, tan solo en el primer evento se lograron contratos que no se había logrado en otras ciudades donde también se lleva a cabo festividades similares. Artistas entusiasmados y expectantes por lo que pasó en el segunda celebración de este certamen reafirman lo que dice la coordinadora, muchos de ellos hablan de mercadear, proponer, de economía.

Los festivales de salsa también son un ejemplo, detrás de la salsa se mueve una economía importante, en este diario se hizo un reportaje a propósito de eso.

De ahí que la idea de la homogeneización emerja con ímpetu: ¿Será entonces que quieren volver hegemónica la cultura? Que Cali y el Valle es solo salsa y sabor… ¿Será que es típico artilugio neoliberal: dejar que las circunstancias se agraven para luego hablar de la panacea, o sea de la privatización?

Verlaine hablaba de matizar, pero en una situación tan obscura como esta se hace difícil hallar un gris. No puede haber avance cuando hay un menoscabo en entidades que fomentan la cultura. No puede haber paz si los escenarios idóneos para cambiar los fusiles por los libros, las brechas y los instrumentos se dejan desamparados. No se puede hablar de democracia cuando las minorías culturales se les siguen marginando; por solo poner un ejemplo, en la feria del libro de Bucaramanga Coetzee –en un diálogo con Juan Gabriel Vásquez– presentó su biblioteca, en la más reciente feria de Cali  en la que Perú fue el país invitado y en la que por obvias razones se le rendía homenaje a Vallejo y Vargas Llosa, un poeta del que Villanueva Chang se reservaba los comentarios se puso dizque a contar anécdotas de Varguitas.

 

Por si acaso…

Los recursos que se invertirán en  Incolballet, Bellas Artes, Inciva y la Biblioteca Departamental de hace rato tienen destino, es decir, una vez se pague la nómina, se cancelen deudas y demás cosas, las entidades podrán regresar a la misma situación. Hace falta entonces menos pañitos de agua tibia y más compromiso.

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