Historias tras los ‘Falsos positivos’

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La reconstrucción de cuatro homicidios agravados en persona protegida o ‘falsos positivos’ es el trabajo de investigación que deja importantes hallazgos judiciales, familiares y académicos. Hace pocos días el Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, le hizo un reconocimiento a Andrés Córdoba, uno de los periodistas de EL PUEBLO y de El Nuevo Liberal.

La historia de cuatro jóvenes de la Comuna 7 que viajaron hacia el departamento de Córdoba en busca de oportunidades laborales y se encontraron con la muerte, se convierte en un logro investigativo reconocido en distintos escenarios. Fotos suministradas - El Nuevo Liberal
La historia de cuatro jóvenes de la Comuna 7 que viajaron hacia el departamento de Córdoba en busca de oportunidades laborales y se encontraron con la muerte, se convierte en un logro investigativo reconocido en distintos escenarios. Fotos suministradas – El Nuevo Liberal

Veinticuatro páginas plasmadas en la crónica “Las secuelas de los falsos positivos”, un videodocumental titulado Sin retorno, camino a la impunidad y el documento académico entregado como trabajo de grado reúnen cerca de 20 meses de interrogantes, viajes, conversaciones, hipótesis, búsquedas, relecturas, mentiras y verdades.

Distintos en sus apreciaciones, auténticos, inquietos y con una gran dosis de curiosidad, Andrés Alejandro Córdoba, Harold Efrey Ordóñez y Omar Eduardo Galvis decidieron en el año 2011, cuando cursaban octavo semestre de Comunicación Social, pisar los terrenos de un tema que el país quiere olvidar.

“Los primeros ejercicios académicos de crónica requerían una historia, así que visité la quebrada Pubús y en ese caldo de cultivo de necesidades y preocupaciones escuché  sobre los ‘falsos positivos’. El tema me llamó la atención y entonces recree una historia que me dejó clavada la ‘espinita’. Meses después, cuando debíamos pensar en el trabajo de grado, los casos volvieron a mi mente y le propuse a Alejandro y a Omar profundizar en el asunto, y con una respuesta positiva empezamos a planear el trabajo que en un primer momento buscaba registrar todos los casos del Cauca”, cuenta Harold.

Así se comenzó a escribir la historia en la que al mejor estilo de Sherlock Holmes, aunque con una vestimenta más moderna, estos nacientes periodistas aprendieron a fuerza de experiencia los riesgos, la aventura, nostalgia y pasión que envuelve el periodismo de investigación.

Los medios de comunicación locales y las búsquedas incesantes a través de Internet y en registros de  fundaciones y ONG les dieron las primeras pistas y contribuyeron en la delimitación del tema: la Comuna 7, específicamente el barrio Los Campos y el asentamiento Triunfemos por la Paz, serían el punto de partida para reconstruir los últimos días de cuatro jóvenes que, tras ser asesinados en Córdoba, fueron presentados por el Grupo Gaula del Ejército de este departamento como delincuentes abatidos en combate.

Más adelante visitando la zona, preguntando casi puerta a puerta sobre la historia y poniéndose en contacto con familiares y amigos que estuvieron a punto de hacer el mismo trágico viaje, los tres estudiantes se toparon de frente con las vivencias y recuerdos de Yeison David Idrobo, Efrén Darío Chantre, Diyer Andrés Varona y Balbino Arley Gómez, quienes tras irse en busca de una oportunidad laboral, se registraban como NN en una fría sala de Medicina Legal, mientras sus familiares a kilómetros de distancia buscaban repuestas y hacían esfuerzos por limpiar sus nombres.

“La historia era de no creer, toda una novela. Las víctimas se conocían entre sí, eran amigos de infancia, compartieron su adolescencia y juventud, incluso algunos no se separaron ni para  prestar el Servicio Militar, una rara coincidencia. Sin embargo, a su regreso y con muy pocas posibilidades laborales se dejaron tentar por el mismo negocio. Victoria Montenegro, vendedora de la galería ‘Las Palmas’, por petición de José Tránsito Lucumí, tío del Sargento Wilmar Criollo Lucumí, teniente del grupo Gaula en Córdoba, le comentó a Yeison y a los otros jóvenes que necesitaban gente con conocimiento de armas para cuidar fincas ganaderas, propuesta que lamentablemente terminaría por convertirlos en parte de los tres mil casos de asesinato a mano de las Fuerzas Militares”, explica Alejandro.

Con hipótesis más claras y la responsabilidad en ascenso, los periodistas debían llevar a la práctica la teoría aprendida en los salones de clase. Su tarea era buscar las pruebas que les permitieran ir más allá de los rumores y comprobar, en un ambiente hermético y viciado, que todo hizo parte de un montaje para dar falsos resultados y que no existió enfrentamiento y, mucho menos, que los payaneses muertos, eran delincuentes, como se anotó en un principio.

“Pasamos días enteros discutiendo hipótesis, buscando pequeños detalles, revisando expedientes, haciendo visitas sin resultado porque mucha de la información era reserva judicial. Hasta viajamos a Bogotá en cuatro ocasiones siguiendo información, contactando a nuevas fuentes, esperando filtraciones y entrevistando a quienes tenían un conocimiento más profundo del tema. Nos apasionaba seguir pistas, unir historias y aunque teníamos muchas limitaciones económicas nos la jugamos y aprovechamos hasta el bajo perfil con que nos atendían para entrar en un asunto del que no íbamos a salir sin respuestas”, dice emocionado Omar.

Entre tanto, Alejandro recuerda que en esa maraña de datos, verdades a medias y tristezas sin resolver, el haber accedido a documentos como necropsias, órdenes de operaciones, versiones libres de los soldados que estuvieron en el lugar de los hechos y misiones tácticas, les ampliaron el espectro y, así, con una versión elaborada y convencidos que lo ocurrido fue una ‘cacería’ y no una operación estratégica, buscaron ayuda de expertos en balística, Derechos Humanos y tema judicial para corroborar y nutrir con argumentos la versión que ahora le da tranquilidad a las familias, y permitió conocer las circunstancias reales de los asesinatos.

Momento en que los egresados del programa de Comunicación Social de la Universidad del Cauca: Andrés Alejandro Córdoba, Harold Efrey Ordoñez y Omar Eduardo Galvis fueron reconocidos por el CPB en la modalidad Mejor Tesis de Grado
Momento en que los egresados del programa de Comunicación Social de la Universidad del Cauca: Andrés Alejandro Córdoba, Harold Efrey Ordoñez y Omar Eduardo Galvis fueron reconocidos por el CPB en la modalidad Mejor Tesis de Grado

Y es que como lo indica la crónica, los errores se empezaron a desgranar:

“…Según el Informe de Patrullaje, realizado por el capitán Guillermo Parra Gonzáles, se tenía    conocimiento por inteligencia que algunas bandas delinquían “sobre el sector de la Vereda Buena Vista, municipio de Los Córdobas, mediante actos terroristas”. No obstante, Parra Gonzáles puso en entredicho una verdadera actividad de inteligencia al expresar que no tenía conocimiento exacto de dónde sería la operación.

“Wilmar Criollo Lucumí, segundo al mando, hizo lo mismo por su parte manifestando en versión libre que no sabía sobre las denuncias recibidas por la Unidad Investigativa. “La misión principal era verificar una presencia armada de la cual no había denuncia que yo tuviera conocimiento. Seguramente mis superiores, la Unidad de Inteligencia, el comando de la Brigada y mi mayor Parga Rivas, lo sabían”.

Se comprobó que la misión fue planeada “sin anexos de inteligencia”, según el Fiscal 69 especializado de la Unidad Nacional de Derechos Humanos (UNDH) y Derecho Internacional Humanitario (DIH)” y fue claro el desorden temporal en cómo, según los militares, sucedieron los hechos. “Por ejemplo, la Orden  de Operaciones emitida por Julio César Parga Rivas, presenta una inconsistencia entre su fecha de expedición y la forma como ocurrió todo”, indica el escrito final publicado ya en varios medios de comunicación nacionales.

Estos y otros detalles que permitieron llegar a las profundidades de este lamentable suceso y ponerle rostro a cuatro familias de víctimas de estos homicidios, hicieron que este trabajo universitario recibiera mención de honor en la Universidad del Cauca y lograra reconocimientos entre los que se cuentan Premio a Mejor Documental en los Premios Césares, Premio de Periodismo Semana, en la modalidad de Mejor Crónica o Reportaje en Televisión -la investigación periodística fue publicada como una crónica de largo aliento por la revista Semana– y hace algunos días, a mejor trabajo de grado por parte del Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB.

A estos logros se suman aprendizajes igual de importantes como dar respuestas a las familias, aportar en las investigaciones judiciales y testificar para la historia una realidad que aunque dolorosa, ya no se puede borrar.

 “Este proceso deja muchas lecciones. En el ámbito académico aprendimos a manejar y confrontar las fuentes, a no hacer juicios, organizar y estructurar la información, a dudar y hasta a concursar. En cuanto a las familias, les dimos un poco de tranquilidad, las madres, esposas, hermanas y amigos conocían los hechos hasta que los muchachos salieron de la casa y así pasó hasta que nosotros les contamos cómo murieron y por qué, algo que los Fiscales e investigadores hasta el momento no lo había hecho en detalle”, comentan los periodistas.

Asimismo, esta investigación deja claro que la pasión, el instinto y la perseverancia son los insumos más importantes del periodismo, y que desde regiones como el Cauca se puede hacer reportería con calidad, bajo el precepto de que el periodismo es la herramienta con que la sociedad defiende los valores éticos y la verdad.

Entre tanto, y a nivel judicial, la Fiscalía abrió investigación por delito de homicidio agravado, concierto para delinquir y peculado por apropiación y falsedad ideológica en documento público, contra el mayor Julio César Parga Rivas, contra quien fue proferida medida de aseguramiento. A la fecha, otros ocho miembros del Grupo Gaula están pendientes de una vinculación formal al proceso y el mes entrante se realizará en Montería, una audiencia que de seguro entregará nuevos resultados.

El 24 de mayo de 2009, dos años después del asesinato de los jóvenes, los cuerpos llegaron a Popayán luego de una ardua labor de sus familiares por trasladarlos desde Montería, Córdoba; y meses después de llevar a cabo el proceso a los militares, el teniente Wilmar Criollo Lucumí, presunto autor intelectual de estos hechos, murió en un campo minado, después de que fuera traslado al departamento del Meta en un sector conocido como Caña Brava, jurisdicción del municipio de Vistahermosa.

Los jóvenes investigadores siguen buscando espacios para mostrar y dar cuenta de este caso con el propósito de que su relato sea un insumo importante para la verdad y la justicia, y aunque la  investigación para ellos ya terminó, esperan, en algún tiempo, escribir un libro con nuevas infidencias, porque en el periodismo como en el amor, aunque tras cada final se prometa no volver a involucrase, el instinto y la emoción que conlleva una nueva historia hacen que se incumpla esa promesa.

Después de seis años de haberse presentado los crímenes, los allegados a las víctimas siguen pidiendo justicia y que estos hechos no queden en la impunidad. En la imagen, las madres de los mal llamados ‘falsos positivos’
Después de seis años de haberse presentado los crímenes, los allegados a las víctimas siguen pidiendo justicia y que estos hechos no queden en la impunidad. En la imagen, las madres de los mal llamados ‘falsos positivos’

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