Impensionable

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Por Francisco Javier Pantoja Pantoja

@fjpantoja

Es más fácil saber de maternidad de gallinas que de pensiones.  El tema es más enredado que un bulto de anzuelos, y cuando alguien habla sobre cómo pensionarse, lo enreda aún más aunque a lo inentendible nadie está obligado.  El tener o no una pensión se equipara con tal cual enfermedad silenciosa que corre con el tiempo y, cuando explota, puede dejar a gran parte de la población en la calle, a algunos viviendo de la caridad del semáforo y a otros, en el mejor de los casos, de la misericordia de sus hijos.

¡Para seguir leyendo, ahí va el desenredo! En Colombia hay dos formas de acceder a una compensación por los años trabajados. Una es la que llaman prima media (Colpensiones), tal que su funcionamiento es similar a una pirámide -no la vaya a confundir con las que ‘desaparecen’ el dinero-, en la base está el joven y en la punta el viejo, de tal manera que la plata del primero se la dan al segundo.

El mecanismo opera con base en la solidaridad de los aportes del trabajador activo y los impuestos del resto de ciudadanos.  En tanto que ya se come 42 billones del presupuesto de la nación, cifra superior a la que se destina para la educación pública.  Y la cosa seguirá chupándose la ‘teta’ estatal, con el agravante de que de cada diez ancianos solo tres reciben mesada.

Y eso que es mejor no recordar, entre otros, los famosos casos del ‘carrusel de pensiones’ y de ‘Foncolpuertos’, que a imagen y semejanza de un vampiro se tragaron gran parte del dinero ahorrado por los colombianos, lo cual a la postre ayudó a que el hueco fiscal fuese tan grande como el agujero en la capa de ozono que tiene ‘en veremos’ a la entidad pública de pensiones.

Ahora bien, la otra manera es el llamado ahorro pensional (fondos privados), en que el trabajador o el que pueda trabajar, si consigue algo bueno, ahorra y ahorra y ahorra hasta que pueda retirarse a disfrutar si antes no se ha muerto.  La pensión depende de lo que haga, es el perfecto egoísta que sólo trabaja para su beneficio y de nadie más.

Y como en la viña del Señor, no todo es dulzura.  El ‘cusumbosolo’ ahorrador depende de qué tanto crezca su alcancía guardada por un particular desconocido, quien invierte las monedas comprando la deuda del gobierno colombiano o la de otros países.  Y se dedica a cruzar los dedos con la esperanza de que no vuelvan las tormentas financieras como la del 2008 en los Estados Unidos, tal que no bajen los intereses de las inversiones que quiebren al fondo y, de paso, le quiten el sueño al consumado ahorrador.

Ante este panorama soplan vientos de reforma y los argumentos, al igual que el péndulo de un reloj de pared, van y vienen, vienen y van.  Hay peligro en lo público y osadía en los privados.  Tal vez al final de este forcejeo tocará trabajar más, porque ahora se vive más.

Ya se creó una comisión de expertos que seguramente tomará la salida fácil de aumentar la edad de retiro forzoso.

Es bueno que los ‘sabios’ pensionales tengan presente lo siguiente: en el mercado laboral de Colombia, una de cada diez personas en edad de trabajar está desempleada; y de los nueve que quedan, seis trabajan en el ‘rebusque’, por raticos, de vez en cuando, o por horitas, o por contratos de cooperativas intermediadoras y evasoras, y así, de tumbo en tumbo y de cuando en cuando.

¿Y los tres restantes, qué?  Pues tienen un empleo ‘bueno’ que les permite estar en el sistema, bien sea en el régimen de prima media o en el fondo privado.  No obstante, de los tres, dos con el Estado y uno en la empresa privada que vive, muchas veces, de los contratos de aquél.

¿Y cómo sobrevive el sistema de pensiones? Los dos, tanto Colpensiones como los privados, dependen del Estado.  El uno de los subsidios y el otro de los intereses que le paga el gobierno.  Por tanto, la reforma pensional apretará al Estado y éste al ciudadano. ¿Cuál pensión? ¿Cuál ahorro?

Finalmente, que a los sabios expertos no se les ocurra cambiar el régimen de prima media, el principio de solidaridad debe mantenerse.  El esfuerzo corresponde a ensanchar la cobertura para que quepa el que gana menos del mínimo vital. ¿Pensión familiar?

Sin embargo, y de una vez por todas, el diseño del sistema pensional debe estar amarrado a una política pública que ataque frontalmente la informalidad laboral -que alcanza la alarmante cifra del 60% de ciudadanos que no pueden ahorrar nada para cubrir los achaques de la vejez-; de lo contrario, ninguna reforma servirá y el sistema estará condenado a tambalear per secula seculorum.

A todas estas, ¿qué es mejor? ¿Pasarse de Colpensiones al fondo privado o viceversa? Si no tiene la respuesta luego de leer esta columna, se le aconseja consultarle a un asesor.

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