¿La carretera Panamericana?

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leo quinteroPor Leo Quintero

Tiene un número con el cual recorre todo el continente. Es la 25. La llamada carretera Panamericana cuya construcción comenzó a mediados de los cincuentas en los Estados Unidos, con el propósito de enlazar todo el continente por una sola vía. La Panamericana.

Trunca está en el acceso a Colombia sobre el Urabá chocoano, donde solo se enlaza mediante el sistema de rústicos transportes entre puertos panameños sobre el caribe hasta el territorio de nuestra patria.

Pero que tiene ya su cuello de botella. ¿Dónde? Claro a su paso por Cali, que no supo ni quiso planificar su desarrollo, especialmente hacia el sur  y convirtió un tramo de menos de quinientos metros en un embudo que se irá congestionando día tras día, mientras más crecen las urbanizaciones o planes de expansión urbana aprobados a los trancazos bajo la presión de constructores agremiados en Camacol.

Estamos hablando desde el llamado puente de sobre la vía férrea que une en un nudo sin terminar la autopista Simón Bolívar, la calle Quinta o la Cien y la vía Cali-Jamundí.

Este trayecto que es el recorrido diario de miles de personas que trabajan en Cali, pero que escogieron como dormitorio proyectos habitacionales en Jamundí o en la vía a esa villa de Ampudia, es un enorme caos, especialmente en horas pico, o sea en los horarios de ingreso y salida a colegios y universidades, que en gran proporción se trasladaron al sur de la ciudad.

Toda esta barahúnda comenzó cuando  en un momento de afán un alcalde en los años noventa ordenó demoler  los puentes  o pasos férreos sobre la  carrera octava y muy especialmente sobre el llamado, y que cosas, canal Ferrocarril, o sea la unión del río Cañaveralejo que viene canalizado y del canal de la galería de Santa Elena, que se convierten luego en el Canal CVC sur, el más grande de la ciudad.

Con esa decisión el funcionario selló para siempre la historia del sur de Cali, porque condenó a la ciudad a no tener un sistema de transporte diferente a los buses o los articulados. Los trenes ligeros, los trenes eléctricos, desaparecieron de la escena y de las opciones para esta urbe.

Además, generó que los tramos de la red férrea fueran ocupados por particulares que primero se tomaron la calzada central de la autopista Simón Bolívar y luego las márgenes de la vía Cali-Jamundí, en donde construyeron desde piqueteaderos hasta bailaderos, apropiándose de las áreas definidas para el transporte férreo.

Antaño recordemos que los Ferrocarriles del Pacífico tenían un servicio entre Cali y el norte del departamento del Cauca, generando el ingreso de alimentos y otros productos desde ese departamento hasta el Valle del Cauca.

La ocupación de esas áreas ahora se evidencia cuando en los 500 metros entre la última estación del Sistema de Transporte Masivo de Cali y el llamado cruce del callejón o camellón de las Chuchas, o sea el desvío hacia Puerto Tejada, no quedó el espacio para ampliar la carretera Panamericana.

Arteria que se quedó estrecha, congestionada, saturada y además sin doliente, porque como es una vía nacional, esa obligación le corresponde al Instituto Invías, que tiene en la ciudad una oficina regional en donde a sus funcionarios les prohibieron decirle a los vallecaucanos qué sucede con los recursos que ejecuta esa entidad en el departamento.

A lo que se añade que esa carretera internacional carece de bermas, no tiene opción de ampliación, porque los nuevos proyectos habitacionales casi que tienen las salas de los conjuntos residenciales pegadas a la vía Jamundí.

Todo en el marco de una ausencia de planeación a futuro, que sigue exponiendo  el desastroso estado de los accesos a Cali, que a pesar de los múltiples anuncios no cambia, tal como sucede en el ingreso desde Buenaventura, Candelaria y Palmira.

Por ahora, la carretera Panamericana en su paso por Cali, o sea la 25, está solo de nombre, la congestión permanente y falta de planeación son sus apellidos.

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