La Convención Nacional Conservadora

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Pablo UribePor Pablo Uribe
@pablouribe90
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Épica, heroica y revolucionaria fue la convención conservadora del 26 de enero, nunca en mi vida había presenciado un momento tan histórico, tan digno, tan lleno de fuerza y orgullo, jamás mis ojos habían podido ver cómo un grupo de héroes se habrían de levantar contra el yugo corrupto de un régimen que, a través de todas las artimañas posibles, trató de someter los principios de todo un partido.

Empecemos por la semana anterior ¿Quién habría de apostar en contra de un sometimiento a la Unidad Nacional? Nadie, absolutamente nadie (incluidos los mismos conservadores) pensaba que el Partido Conservador iba a tomar el camino del candidato propio. Llegó el sábado y los delegados comenzaron a llegar a Bogotá, dispuestos a dar la última pelea por su partido, dispuestos a enfrentarse contra la maquinaria politiquera de los congresistas santistas, pero sin mucho optimismo por el futuro…

8 de la mañana del domingo y ya se asoma una fila de varias cuadras en la convención conservadora, pasan los delegados pregonando por la dignidad de su partido, pero hay algo diferente en el ánimo de los “godos”, las pancartas en contra de Santos llenan la entrada de la convención conservadora, sale Martha Lucía a saludar y ¡la fila estalla en gritos!, los delegados se empiezan a dar cuenta de que la batalla no se ha perdido. La fila sigue creciendo y corren rumores de que van a haber más de 3 mil asistentes, el partido no está muerto…

Después de varias horas, empujones y confusión, entran a la convención, y se encuentran con el Centro de Convenciones completamente lleno, la gente está sentada en los pasillos, apoyada contra la pared, los asientos se agotaron hace varias horas, pero ¿de dónde salieron tantos delegados? Del altiplano cundiboyacense, de las colinas del Eje Cafetero y Antioquia, de la Costa Atlántica y la pacífica, de las selvas amazónicas, del Valle del Cauca, de todo el país. Aquellos que estaban ese día en la convención no hacían parte de la misma maquinaria de siempre, no, eran los conservadores de verdad, el directorista, el exconcejal, el diputado, los candidatos, los que vivieron su juventud agitando el trapo azul, los que lloraron sobre la sangre de Álvaro Gómez.

Reinaba la confusión sobre la convención, pues no se sabía cuál era el bando mayoritario, y comienzan los discursos. Primero Álvaro Leyva, aquel viejo soldado, elaboró un discurso lleno de sentimiento, en donde a cada grito de “¡candidato propio!” la gente respondía con aplausos ensordecedores. El auditorio estaba caliente, seguía Pablo Victoria, otro conservador de mil batallas, otro discurso fuerte y lleno de orgullo, cuyo clímax fue la frase: “Este partido no se rinde y no aceptará entregarse sin la gloria del combate”. Termina Victoria y el auditorio estalla en gritos ¿Será que recuperaremos nuestra dignidad? Parecía que sí y llegaba el turno de Martha Lucía.

Llena de decencia, esta dama de hierro que no compró un voto, que habló con todos y cada uno de los directorios del país, quien armada de dignidad escogió enfrentar la corrupción con las ideas y la visión de una Colombia mejor, se paró en frente del auditorio, y dio el discurso más importante de su carrera, superando a todo pesimista logró hacernos parar de emoción, logró hacer que el partido conservador de verdad, se pusiera de pie a ovacionarla, ella iba a ser la elegida.

Llegó la hora del santismo y la rechifla cayó como una tormenta sobre la convención, todos y cada uno de los asistentes repudió al representante del gobierno que intentó someter a al partido a través del clientelismo, Gerlein no pudo hablar porque su mismo partido lo rechazó, esta fue la gran muestra de que los conservadores no queremos estar con Santos.

La votación trató de ser torpedeada, acudiendo a las artimañas más sucias, los santistas comenzaron a sacar gente de la convención para acabar con el quorum y evitar la decisión que se venía como un tanque: la del Candidato Propio. A pesar de todas las tretas votamos y aquello que se daba como un imposible, sucedió: ¡el Partido Conservador tenía candidato propio!

Que sepa Juan Manuel Santos que este fue un primer campanazo, él no va a ser capaz de comprar toda la conciencia de un país, aquello que sucedió en la Convención Conservadora va a volver a suceder en todo el país y ahora tenemos a una persona que decentemente se le enfrentó a la maquinaria y la derrotó, el señor Santos tiene los días contados.

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