La fuerza tranquila

0

Por Camilo Granada

En sus cien días de gobierno, el presidente Biden ha sorprendido a tirios y troyanos. En 1981, François Mitterrand, candidato socialista a la presidencia de Francia, definió su propuesta de gobierno como “la fuerza tranquila”. Era una estrategia destinada a disminuir las prevenciones de los electores del centro frente a una candidatura de izquierda que incluía al partido comunista francés. Ese mensaje resultó ganador y Mitterrand terminó siendo presidente por catorce años, el mandato más largo en la historia republicana de ese país. Esa misma frase podría usarse para describir el estilo de liderazgo del presidente Joe Biden de Estados Unidos.

Muchos veían a Biden como un reservado, dedicado a una transición a la civilidad, luego de los 4 años de mentiras, polarización y declaraciones altisonantes de Trump. Su campaña fue un modelo de moderación, con el objetivo claro de ganar la batalla por el centro. La única movida audaz de la campaña –y muy significativa—fue designar a Kamala Harris como vicepresidenta, primera mujer y primera mestiza en ser postulada para ese cargo. Eso confirmaba la idea de que, a sus 78 años, Biden iba a ser simplemente un puente generacional e ideológico.

Pero desde que asumió el cargo, Biden se ha revelado como un verdadero líder reformista, con grandes iniciativas y ha logrado unos éxitos contundentes. El primero, ha sido la vacunación la cual aceleró de manera vertiginosa: se administraron más de 220 millones de dosis de vacunas en sus primeros cien días. Al punto de que va en camino vamos a cumplir su promesa de que los americanos puedan celebrar el día de independencia como antes, con aglomeraciones para ver los fuegos artificiales o asistir a las fiestas de barrio o almuerzos familiares.

Su paquete de estímulos de 1.9 billones de dólares ha sido un éxito. Los resultados se empiezan a ver. Las generosas ayudas a los hogares estadounidenses reactivaron el consumo y la economía creció 6,4% en el primer trimestre del 2021. Ahora le apunta a lograr la aprobación de un plan de modernización de la infraestructura por 2 billones. Este paquete consolidaría la reactivación y la generación de empleo y permitiría la urgente modernización de la red de autopistas, trenes y aeropuertos del país. También debería incluir estímulos para la transición energética vía subsidios para adecuar viviendas y reducir el consumo de energía, parte de su estrategia contra el cambio climático.

En los temas de sociedad, Biden ha sido más cauto. Si bien celebró la condena al policía que mató a George Floyd y se ha opuesto a las leyes electorales que limitan el derecho al voto de los afroamericanos aprobadas en varios estados, el racismo prevalente no ha sido objeto de grandes iniciativas presidenciales. Algo similar se puede decir de la inmigración. Después de grandes anuncios, no ha podido establecer una política que responda efectivamente a la llegada masiva de latinos por la frontera con México.

En materia de relaciones internacionales Biden no ha tenido que enfrentar grandes crisis. Pero ha tomado decisiones importantes, desde la búsqueda de retomar el acuerdo nuclear con Irán y el retiro militar de Afganistán luego de veinte años de intervención fallida hasta el medio ambiente, en el que demostró su ambición y su voluntad de liderar una estrategia mundial contra el calentamiento global. Convocó con éxito una cumbre de líderes y se comprometió con una reducción audaz de las emisiones que provocan el calentamiento del planeta.

El punto gris de Biden en temas internacionales tiene que ver con la solidaridad para enfrentar el Covid. Su primer anuncio, reciente, fue donar 60 millones de dosis de AstraZeneca, la cual aún no ha sido aprobada en Estados Unidos. Su defensa del multilateralismo no ha llegado a la pandemia.

En todo estos temas, su anunciada búsqueda de consensos bipartidistas se ha moderado por cuenta de la oposición cerrera de los republicanos y, probablemente porque escogió la audacia sobre el consenso. Biden decidió hacer jugársela por un modelo basado en una intervención más grande del Estado en materia de política industrial y de redistribución del ingreso. Ha anunciado una reforma tributaria enfocada en eliminar las exenciones otorgadas por Trump y subir los impuestos al 1% más rico. Es el retorno de políticas que fueron descartadas de plano desde la revolución conservadora de Ronald Reagan a principio de los años 80.

Veremos si logra mantener el apoyo popular para que su “fuerza tranquila” no sea bloqueada por un cambio de mayorías en el congreso el año entrante. Por ahora, Biden ha demostrado ser el presidente que necesitaba Estados Unidos en este momento.

Comments are closed.