La historia es una caricatura

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En países burlescos como Colombia la historia se repite cíclica e inexorable, y a veces la única manera de sobrevivir es mediante la ironía y la sátira propias de la caricatura. En esta columna recordamos caricaturas antiguas que siguen vigentes y que, como nuestro país, a veces dan más amarguras que sonrisas.

Caricatura Pepón

Quienes han seguido esta columna con regularidad ya saben que suelo tomar una caricatura antigua y compararla con un hecho de actualidad. Sin embargo, hoy me atrevo a romper esa rutina porque sucedió algo que lo amerita. Me refiero a la partida de uno de los más grandes caricaturistas de Colombia, José María López, Pepón.

No haremos aquí un panegírico lleno de las cifras de caricaturas publicadas o su recorrido por varios periódicos y revistas, eso ya se ha escrito mucho en los últimos días. Mejor, recordaremos que el caricaturista es algo más que un simple ilustrador, un comentarista de la realidad, un humorista. El caricaturista es un censor, un vigilante de esta sociedad distópica y enferma. Incluso, a veces esa aguda visión del mundo es abrumadora y llega a consumirlo. No olvidemos que el más grande caricaturista que ha dado este país, Ricardo Rendón, decidió suicidarse ante el vacío de la humanidad.

Pero, romanticismos aparte, solemos admirar las caricaturas pero ignorar al caricaturista. Nunca sabemos quiénes son, aparte de un nombre que muchas veces es un seudónimo; no identificamos su rostro, no los reconocemos si nos los cruzamos por la calle. Y cuando mueren, vemos sus obituarios pero no nos dicen nada, porque lo que conocimos de ellos fueron trazos que desaparecieron para siempre.

Por eso para despedir al gran Pepón y para celebrar su obra, en lugar de recordar algunas de las caricaturas publicadas durante sus décadas de trabajo, traigo este autorretrato o, mejor, autocaricatura con la que Pepón ilustró su libro “Ahí están Pintados” editado en 1993 Esta es, seguramente, la mejor manera de agradecerle tantos años dedicados a hacernos pensar mientras nos arrebataba una sonrisa.

Oscar Perdomo Gamboa

Escritor

Doctorando en humanidades

 

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