La investigación arqueológica, un aliento para la Hacienda Cañasgordas

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La casona de la Hacienda Cañasgordas

La Hacienda Cañasgordas ocupaba las planicies desde las estribaciones de la cordillera hasta el río Cauca, y desde el río Lili hasta el río Jamundí, sumando así cinco mil hectáreas, según cálculos del Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Cañasgordas era reconocida, entre otras cosas, por la gran cantidad de cabezas de ganado y la extensa fauna que habitaba su territorio.

Como todas las haciendas de la época colonial, funcionaba para alimentar a los esclavos de la explotación minera del pacífico. Cañasgordas creció cuando aparecieron otras minas; por ello, más esclavos tuvieron que trabajar en la tierra. En la expansión, los colonos desarraigaron a tribus indígenas como los Guales y Lilíes, e impusieron la presencia afro en el territorio. Fue un espaldarazo a la diversidad.

El trapiche de la Hacienda procesaba grandes cañaduzales y producía mieles y panela para todo el país. Se consolidó como uno de los más importantes de su época. Su sistema de funcionamiento también era reconocido por su sofisticación al aprovechar el flujo del agua del río Lili a través de canalizaciones que movían los mecanismos del trapiche.

La Hacienda Cañasgordas fue sinónimo de autoridad durante largo tiempo pues el Alférez Real, representante vitalicio de la Corona en la región, era su propietario y vivía por épocas en ella. La casa era un centro de poder distante de la ciudad, que recibía visitas de párrocos, hombres de negocios y demás figuras ilustres.

La familia Caycedo era propietaria de la Hacienda y el jefe de casa ostentó el título de Alférez por varias generaciones hasta el fusilamiento del prócer Joaquín Caycedo y Cuero, quien dio nombre a la Plaza de Caycedo en el centro de la ciudad. Su viuda, Juana Camacho, decidió fragmentar la Hacienda, y hacia finales del siglo XIX la propiedad llegó a sus actuales propietarios.

La Hacienda Cañasgordas es también reconocida pues en ella tuvo lugar El Alférez Real, novela histórica escrita por Eustaquio Palacios. En ella se relata, a través de una historia de amor entre un plebeyo y una mujer de clase alta, el estilo de vida de Cali en la época de la Colonia. Su rigor haría de El Alférez Real la novela histórica más destacada del siglo XIX en Colombia.

La Hacienda Cañasgordas está ubicada en la vía Cali-Jamundí, a pocos metros de la Universidad Autónoma de Occidente

José Luis Giraldo, primer arquitecto restaurador en la Hacienda, cuenta que la casona cayó en el abandono hasta que Roberto Reinales Velasco, su propietario a mediados de 1960, decidió hacer un museo basado en las escenas de la novela, como homenaje al amor entre sus protagonistas. La intención era hacer que la casa fuera reconocida y encontrara más recursos para su restauración.

Debido a la importancia de la novela en las letras nacionales y el peso de la Hacienda en el desarrollo de Cali, su casona y área circundante fue declarada como monumento nacional en 1980. Esta declaratoria pretendía salvar la casa de la destrucción natural, de la demolición para la venta de terrenos y garantizar el cuidado patrimonial y la atención del Estado.

Desde entonces poco se hizo por la Hacienda. Junto con el desgaste de los cimientos y del techo de la casona principal y la pérdida de zona circundante seis años atrás comenzó la caída del trapiche.

Igualmente, la exposición a la intemperie derritió algunas paredes y el edificio quedó expuesto al removerse una cubierta de plástico que operaba como protección provisional. Recientemente se cayeron paredes internas que aún conservaban hollín y marcas del trabajo. Ya queda poco.

Recientes gestiones entre la Alcaldía, la Gobernación y el Ministerio de Cultura adelantaron una consolidación estructural para evitar que la casa se cayera. La intervención se llevó a cabo durante la primera mitad de 2011, pero sigue pendiente la restauración arquitectónica.

Y aunque una estructura metálica sostenga ahora la casa, como daño colateral la consolidación abrió huecos en las paredes, desorganizó las baldosas de la primera y segunda planta y dejó caer gran cantidad de tejas originales del techo. La licitación para esa obra aún no está abierta.

Así se excava en la hacienda Cañasgordas, la capilla quedaba pegada a la pared blanca de la casa, que se puede ver al fondo

La arqueología de un relato

Los vacíos históricos en Colombia durante la época colonial hacen que la importancia de la Hacienda sea mayor a pesar de su desgaste. Por la conservación de huellas originales y únicas en Latinoamérica, como el trapiche y el cementerio, Cañasgordas se ha convertido en objeto de investigación científica de la arqueología, disciplina que estudia los cambios en la sociedad a través de sus restos materiales.

El arqueólogo Luis Francisco López Cano, funcionario del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), encabeza este proyecto de investigación, dirigido a la recuperación y socialización de la historia que reside en Cañasgordas, tanto en su subsuelo como en las poblaciones de su área de influencia.

El ICANH está acompañado en este proyecto por instituciones como Inciva, la Secretaría de Cultura y Turismo de Cali, la Universidad Autónoma de Occidente y la Fundación Cañasgordas (que representa a los actuales propietarios de los predios).

La investigación en Cañasgordas gira en torno a una propuesta del mismo López Cano, denominada la Arqueología del Relato. Consiste en conectar a la gente con sus propias narraciones y usar la historia para valorar el patrimonio, despertando la sensibilidad popular frente a un relato reconocido antes de la existencia del proyecto.

Según el arqueólogo, la complejidad de la iniciativa ha obligado a pedir apoyo en las zonas aledañas a la casa en áreas como la arquitectura, la ciencia forense y la tradición oral. La propuesta de investigación también representa trabajar las construcciones como fuentes de conocimiento para tener un contexto establecido y solucionar con mayor autoridad y precisión las dificultades de la restauración.

El arquitecto restaurador, José Luis Giraldo, ha establecido que “la idea es conservar lo histórico y hacer la restauración auténtica, la recuperación de los hechos tangibles o intangibles de la comunidad que hayan llegado a nosotros”.

Los primeros pasos en la casona

La investigación comenzó en 2010 con exploraciones orientadas por la novela –basada, a su vez, en  archivos que aún se pueden consultar en el Archivo Histórico de Cali– y por la tradición oral de la época. Las descripciones que contiene El Alférez Real junto con el seguimiento a las intervenciones arquitectónicas que se hicieron en la Hacienda a finales del siglo XIX permitieron ubicar la capilla, el cementerio y las viviendas de los esclavos.

Con ayuda del Departamento de Criminalística, encabezado por el antropólogo William Romero del extinto DAS, se llevó a cabo en septiembre de 2010 una prospección por toda la Hacienda. Se innovó en el uso del georradar de penetración, aparato que mostraba interrupciones en el subsuelo del lugar para encontrar posibles lugares de excavación.

El resultado de esta primera prospección fue la identificación de varios puntos de interés en el área de cementerio-capilla, en la que el georradar encontró alteraciones del subsuelo, es decir, posibles tumbas.

 

El arqueólogo Luis Francisco López estudiando uno de los arcos del Trapiche de la Hacienda

La primera excavación, en el cementerio

Hacia mediados de 2011, y durante un mes de trabajos continuos, el equipo de excavación conformado por López Cano y Gustavo Cabal, arqueólogo asociado del Inciva, llevó a cabo la excavación en uno de los puntos que había mostrado alto potencial arqueológico según evidencias arrojadas por el georradar. A más de un metro y veinte de profundidad de la tumba fueron hallados e identificados cinco individuos, de los cuales cuatro eran adultos, y uno, subadulto.

Según el arquitecto Benjamín Barney, tras la liberación de los esclavos bajo el mandato de José Hilario López no hubo necesidad de tener capilla en las haciendas y empezaron a demolerse. En 1894 esta tendencia llegó a Cañasgordas y el cementerio entero fue reconvertido en área para ganado. Más testimonios de la época confirman que salieron esqueletos completos de la tierra cuando se llevó a cabo esta fuerte transformación.

Debido a los cambios en el terreno, la conservación de los huesos no fue óptima y cuando fueron sacados de la tierra perdieron muchos rasgos. El reporte de laboratorio de Inciva concluyó que dos muelas y un canino presentaban caries, coherente con la dieta alta en carbohidratos de una hacienda con trapiche y producción de azúcar.

Según el informe, no se observan rasgos adicionales a las caries, pero cabe resaltar que algunos huesos largos, como el fémur, tenían marcas de actividad, por lo cual es posible que se tratara de individuos con alta actividad física.

Entre otras conclusiones, se dice que las personas inhumadas en el cementerio colonial de la Hacienda son de diferentes edades, sexos, y presentan rasgos caucásicos, afro e indígenas; lo que podría representar un cementerio de baja categoría, sin ninguna discriminación aparente. La presencia de individuos con rasgos caucásicos podría interpretarse también como mestizaje o personas de origen europeo pero con bajo estatus.

La entrada del área de excavación, el cementerio y la capilla.


Regreso al cementerio y la capilla

Ahora viene la segunda temporada en la zona del cementerio-capilla, que consistirá en excavar en zonas colindantes a la capilla, consideradas menos afectadas por la intervención que se le ha hecho al terreno.

Luis Francisco López declaró que se busca cumplir dos objetivos. Tras reconocer que  la primera excavación ayudó a saber cómo pudo haber sido el cementerio y a concretar el año 1862 como la fecha límite de uso, López dijo que “primero hay excavar otra tumba relacionada con otra anomalía, que nos aporte más información que la anterior”.

El segundo objetivo es aclarar la aparición de una anomalía por el costado norte de la capilla, “que si bien podría corresponder a un piso en piedra o a una acumulación de escombros, también podría ser interesante. Ahí vamos a hacer un pozo de exploración para tratar de ver de qué se trata”.

Todavía se esperan resultados de la anterior prospección, que manejó el equipo del DAS. En este caso, y hasta diciembre, no será posible contar con el apoyo de la Fiscalía para hacer otras prospecciones en el terreno.

“Recuperar y fortalecer los edificios implica conservar una tradición, pero esas tradiciones necesitan permanentemente otros soportes que, como referencia, mantengan viva esa memoria y el significado que conlleva”, concluye López, quien durante todo julio liderará las excavaciones en la Hacienda.

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