Las fronteras de la ética

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Por Oscar Gamboa Zúñiga

Inicio esta columna desde la dimensión académica-conceptual recordando lo que es la ética y la moral. La palabra ética proviene del griego ethikos (“carácter”). Se trata del estudio de la moral y del accionar humano para promover los comportamientos deseables. La moral es un conjunto de normas, valores y creencias existentes y aceptadas en una sociedad que sirven de modelo de conducta y valoración para establecer lo que está bien o está mal. Interpreto entonces que la ética es la gerencia de la moral. En esta masa amorfa desde lo moral y lo ético que llamamos sociedad y donde no vivimos, sino que sobrevivimos, hay hechos del día-día que sin duda nos generan sentimientos de impotencia.

Interesante hacer un viaje por las realidades de nuestra “sociedad” y empiezo por el ejercicio de la profesión del derecho, que es quizá la más difícil de ejercer porque los abogados que acusan o defienden, tienen como arma las mismas leyes y los mismos códigos, pero quien tenga mayor habilidad y/o capacidad de argumentar y convencer, será el vencedor. Lo que confunde, es que esas habilidades o capacidades profesionales para acusar, pero sobre todo para defender a veces como que también transgreden la ley o al menos las fronteras de la ética que deben ser por cierto ejemplares. Cuando se esgrimen hasta problemas estomacales de un defendido para dilatar audiencias, o que el abogado se enfermó y sin él no se puede realizar la audiencia, o que, a propósito de las audiencias virtuales, se cayó el internet y entonces no se pudo realizar. En fin, excusas de toda laya para dilatar y llegar a preclusión por vencimiento de términos y listo. Fue exitoso el abogado e inmediatamente le “llueven” nuevos clientes porque este abogado si sabe. ¿Es eso ético?

Es claro que a pesar de que un abogado sepa que su cliente es evidentemente culpable, hace lo que sea para que no lo condenen. Si estamos por ejemplo en el campo del derecho penal, me confundo con el tema de lo ético, o sea, a pesar de saber que mi cliente es un bandido, lo saco libre a toda costa y no me importa que siga haciéndole daño a la sociedad con sus andanzas delincuenciales.

Si vamos al escenario de lo electoral, a pesar de saber que mi cliente se robo la elecciones, es ya conocido como un corrupto, que compra votos, y que hizo lo que fuera necesario para ganar, y ganó. Lo demandaron, lo defendí y quedo en firme su elección. Aquí vuelvo y me confundo con lo ético ¿Condeno a mi pueblo a que lo gobierne una persona de esas conductas?

Si tocamos algunas otras conductas de la cotidianidad, podemos irnos al deporte. Vi hace poco un partido de futbol donde el portero de uno de los equipos en contienda simuló que padecía calambres y desde luego por reglamento es el único jugador que goza de mayores privilegios para ser atentado y detener el partido. Lo curioso es que el supuesto portero lesionado cojeaba a la hora de sacar el balón para “validar” su condición de lesionado, pero inmediatamente en otras jugadas, volaba y corría, demostrando que todo era una farsa. ¿Dónde está la ética de un profesional del deporte? Muchos me dirán, pero Gamboa, eso es experiencia, eso es lo normal y le toca hacerlo así para ganar tiempo, o sea que mentir y engañar es parte de los paradigmas de nuestra “sociedad”. A los que me dicen esto último, les digo, ¿dónde está la ética ciudadana para aceptar cosas como estas?

En una de las columnas anteriores, como dirían los parce, “cante la zona” sobre lo que se vendría cuando llegaran las vacunas y comenzaran a aparecer los inmorales avivatos, los carteles de las vacunas y los recomendados para saltarse la fila. Creo que no me equivoque y desde luego ya hasta hay avisos callejeros anunciando que se venden vacunas y con teléfonos de contacto para “adquirirlas”. Lo más grave es que no me cabe duda que deben estar congestionadas las líneas telefónicas de la gente llamado para “adquirirlas”. Lo anterior lleva a preguntarse… ¿y la ética del que pretende vender y del que pretende comprar?

Desde lo ético, estamos en una sociedad donde ya casi no se puede dormir son los dos ojos cerrados porque la desconfianza es total en todo. Vivir así se vuelve una carrera de obstáculos donde cada día toca armarse de energía y coraje para enfrentar los goles que nos quieren meter en cada paso que se da. Qué triste.

Les invito a que, desde la conducta individual, desde lo más trivial de la cotidianidad, actuemos con criterios éticos y avancemos hacia una restauración moral como bien lo expresaba Jorge Eliecer Gaitán, y eso que en esas épocas no creo se veían las aberraciones que hoy se ven. Quizá si Gaitán hoy viviera diría entonces: ¡por la resurrección moral, a la carga!

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