Las laderas de Cali: ¿construcción de un desastre ambiental?

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Por Hernando Uribe Castro
Magíster en sociología, candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
Profesor de la Universidad Autónoma de Occidente
Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Santiago de Cali es una ciudad cuya expansión urbana se ha dado sobre las más distintas zonas de alta fragilidad ambiental: áreas de inundación, antiguos cauces de ríos, rellenos de lagunas, fallas geológicas, entre otros lugares. Su expansión hacia el sur, por la valorización de estas tierras, va incorporando sin precaución áreas de amortiguamiento de bosques y humedales. La ciudad consume la naturaleza.

En los últimos años en esta ciudad, la discusión sobre el riesgo ambiental ha sido más álgida con respecto al caso del dique del río Cauca al oriente pero poco se dice y se debate con respecto a las zonas de laderas en el occidente. ¿Razones políticas? ¿Económicas más que ambientales?

Un proceso de poblamiento que inició desde mediados del siglo XX con distintas oleadas migratorias. Con el paso del tiempo, este crecimiento urbano, logró tomarse increíblemente las colinas y trepó las montañas sin control alguno y sin planeamiento. Los diversos tonos de color verde de las colinas imperantes en tiempos anteriores, van diluyéndose entre las tonalidades de grises, cafés y de todo el multicolor producido por la dinámica de la ciudad. Sobre las montañas en las noches, desde cualquier punto de la ciudad, se perciben constelaciones palpitantes luces. Poco a poco la urbe extiende sus enormes tentáculos sobre las faldas de la cordillera Occidental.

Un proceso de urbanización que combina toda clase de población y de construcción. Hace presencia aquí los asentamientos legales e ilegales, barrios oficiales y barrios piratas, e incluso, edificios de apartamentos, conjuntos cerrados, urbanizaciones para familias de estratos socioeconómicos altos.

La ciudad ha enfrentado en los últimos años la “Ola de calor y sequía”, pero las agencias como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia –IDEAM- ya han empezado a considerar la posibilidad de la llegada de una fuerte temporada de lluvias, que de darse en los niveles que se pronostican, puede producir afectaciones, deslizamientos y desprendimientos de las laderas como montañas que se escurren como lava hacia abajo, sobre todo porque su capa de protección vegetal ha sido afectada a lo largo del tiempo, y de modo especial, en esta temporada de sequía por la constante tala del bosque, deforestación e incendios.

Hasta el momento no se escucha nada de parte de las autoridades con respecto al planteamiento de planes de prevención y/o programas de mitigación de riesgo. Los pobladores de esta ciudad parecen estar desprotegidos y desinteresados del tema.

A medida que la ciudad avanza hacia las zonas más altas, se van produciendo un conjunto conflictos ambientales no solo por los procesos de deforestación sino de afectación continua de las cuencas hidrográficas que son proveedoras de agua, bosque y biodiversidad.

En casos como el río Pance, la urbanización para estratos sociales altos avanza incesante hacia las zonas más altas y de protección, abriendo vías, tumbando árboles y afectado la flora y la fauna. Se privilegia el mercado de la tierra que la necesidad de conservar y preservar estos importantes ecosistemas. En otros sectores como Siloé, los Chorros, Montebello, Vistahermosa, Terrón Colorado, entre otros, el proceso de ocupación continua incesante. Municipios vecinos como Jamundí empiezan a sentir el peso del mercado del suelo y la urbanización en zonas frágiles de ladera.

La gestión del recurso hídrico presenta graves problemas en tanto no solo se da una fragmentación de competencias de los entes administrativos y del Estado sino también que los distintos planes de desarrollo parecen ruedas sueltas de los Planes de Ordenamiento Territorial y estos, a su vez, de los Planes de Ordenación de las Cuencas Hidrográficas. Planes, planes y planes, que parecen estar escritos en papel mojado, sin coordinación, integración y eficiencia. Ruedas sueltas como sueltas las instituciones del Estado responsables del orden y control territorial.

Se presencia entonces, todo un proceso de degradación ambiental municipal entendida como el resultado histórico de las constantes intervenciones y acciones humanas que someten el territorio a presiones, sobre todo por la valoración de la tierra, y que van generando transformaciones como afectaciones a las condiciones propias de los ecosistemas para dar paso a la configuración de estructuraciones urbanas.

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