Las promesas incumplidas para EPA Colombia

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Por Liz Rincón

Una y otra vez, repetimos a nuestros jóvenes el rosario de promesas incumplidas. Nuestras letanías van desde hacerles creer que pueden acceder a la educación superior, hasta que lograrán el trabajo de sus sueños y podrán comprar una casa propia para ellos y su familia. La sociedad adulta juega irresponsablemente con los deseos de las nuevas generaciones desde que son niños y niñas, les asegura además que la gente es pobre porque quiere y motiva a los jóvenes al emprendimiento.

Daneidy Barrera Rojas “EPA Colombia”, es una influencer conocida por representar a esos jóvenes a quienes les incumplimos las promesas. La identificamos por los vídeos en el mundial de fútbol Rusia 2014, cuando apareció como hincha de la selección. Sus imágenes se volvieron virales desde la primera publicación y su presencia ha generado odios y amores. Para un país arribista, EPA era su némesis, lo que no se muestra, lo indeseable. Quizás porque no negaba su clase social, sino que la reivindicaba, o porque sin ningún tipo de eufemismos realizó videos con alusiones a las drogas, o porque no escondió el slang callejero de los barrios obreros, o porque en pleno goce y libertad, alardeó de su novia, entre otras cosas, una jugadora exitosa en el fútbol nacional de un equipo reconocido.

Cinco años después de su primer video, Daneidy de nuevo dio de qué hablar en las redes sociales. Esta vez, movida por los ánimos del Paro Nacional del 2019, exhibió como rompía los torniquetes de una estación de Transmilenio durante las protestas. Este acto la llevó a un proceso judicial que esta semana culminó con la sentencia de cinco años de cárcel por terrorismo. En una nación signada por la impunidad, no se explica la desproporcionalidad de la pena como tampoco el delito que se le adjudica.

Prestigiosos abogados han explicado cómo se trata de un tema de “evidencias” frente a cómo dañó el bien público y con dolo cometió sus actos. Pero volvemos al punto de una sociedad de promesas incumplidas, donde además aseguramos que, si uno comete delitos, ojalá los cometa bien y no deje pruebas. La lista sobre los criminales de la corrupción que, incluso con evidencias, han salido ilesos de los sótanos del infierno, nos rebasa. Sin embargo, Daneidy parece ser la venganza sobre los vándalos, esos que nadie puede ver porque salen encapuchados, pero que al final podrían tener los mismos orígenes, la misma edad, la misma raza y el mismo género de EPA Colombia.

Con esta condena, comprendemos que, en Colombia, la figura del terrorista, encierra la figura del opositor, del indeseable, del enemigo de clase y de género.  Lo que molesta de su condena es el revanchismo que hay detrás de ella, en un contexto posterior al estallido protagonizado por los jóvenes y que puso en jaque a los poderosos. Vimos a EPA en su video, rayar las paredes insultando al gobierno de turno y afirmar “yo estaba destruyendo lo que era del Estado, sé que tampoco está bien hecho, pero es una de las formas en las que el pueblo se puede manifestar sin pasar desapercibido. (…) Amiga, yo sé que una de sus familias que trabajan en el Estado tiene que recoger esto, pero ¿sabe qué? el Estado tiene que invertir millones, millones de lo que nos roban a nosotros para recuperar esto”. 

Volvamos a las promesas incumplidas. Por supuesto que el vandalismo, aunque válido en la conquista de los derechos, no es la mejor salida en un país corrupto por naturaleza y en el cual quienes terminamos pagando los platos rotos somos los contribuyentes.  Sin embargo ¿hemos hecho algo distinto a incumplir promesas a los jóvenes como Daneidy? ¿nos la hemos jugado por formar políticamente a las generaciones y hacer pedagogías de la paz y de la resolución de conflictos por vía del poder de la palabra? No, no lo hacemos, o lo hacemos a medias, o censuramos a los maestros de la educación pública que intentan hacerlo.  Si con un par de clases de sociales, los jóvenes se tomaron las vías, no alcanzamos a imaginar lo que harían con pleno reconocimiento y ejercicio de sus derechos.

Pese a todas las promesas incumplidas Daneidy Barrera logró emprender un negocio de belleza y generar empleo en sus salones. Un caso excepcional frente a las estadísticas que demuestran que las pequeñas empresas en Colombia están condenadas a la quiebra y que el emprendimiento es otra falacia, nuestros jóvenes habitan los call center de las empresas desnacionalizadas. Pero en este caso, EPA lo logró, ¿no debería ser ella un modelo para los discursos de las promesas incumplidas?  En contraste, la influencer es un nodo de venganzas sociales y también la expresión viva de la necesidad imperante de la formación política, como base para el ejercicio de la ciudadanía. ¿Será que los jóvenes de “el pueblo” como asegura la you tuber, lograrán pasar desapercibidos sin la digna rabia? Mientras los jóvenes siguen poniéndonos el reto muy alto, la condena ejemplar a Barrera lejos de demostrar justicia, deja un sabor a miedo, patriarcado y arribismo.

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