Las tarjetas

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Por Oscar Gamboa Zúñiga

En el futbol, para castigar malas conductas físicas o verbales existen las tarjetas amarilla y roja. En el primer caso, o sea, la amarilla es una advertencia del juez a un jugador por un mal comportamiento físico o verbal y una notificación que, en la próxima agresión física o verbal, ¡se va!

Lo que ha venido acumulando Colombia cada vez se me parece más a este escenario de las tarjetas. ¿Por qué? Porque como estado desde hace mucho tiempo venimos cometiendo faltas, y muy graves. Menciono las cometidas en las últimas cuatro décadas:

a. En 1990, bajo el gobierno de Cesar Gaviria se inició la apertura económica que pudo ser más gradual, mientras algunos sectores como el agrícola se preparaban mejor para enfrentar la competencia que se venía, pero no, la metieron sin pausa y esto afectó duramente al campo;

b. También en el año 1991 entró en vigencia la Ley 50, que modifico el régimen de cesantías, en detrimento de los trabajadores;

c. En el año 1993, se aprobó la Ley 100, la cual supuestamente se diseñó para hacer frente a un sistema de atención en salud inequitativo con serios problemas de acceso y calidad para la mayor parte de la población colombiana pero lo que hemos visto es que algunas IPS apenas sobreviven porque las EPS no les pagan, y estas dicen que los entes territoriales y el estado les debe plata y se acusan de un lado para otro y el que sufre es el usuario;

d. Posteriormente se impuso que solo a partir de las 10 de la noche se podía pagar el recargo nocturno que antes iniciaba a las 6pm, lo cual fue en detrimento de los trabajadores;

e. Hoy lo normal es la contratación por órdenes de prestación de servicio y ello no genera una estabilidad laboral que le de seguridad a los ciudadanos frente al diario vivir;

f. Los avances tecnológicos que son innegablemente necesarios, para muchos empleadores es símbolo de disminuir personal y punto. En fin, en las últimas décadas la oferta del estado paso de ser social a ser antisocial porque la verdad en su conjunto ha terminado golpeando dramáticamente al ciudadano de a pie de las clases media y hacia abajo.

Por la múltiples faltas sociales cometidas, la ciudadanía le ha sacado tarjeta amarilla al estado colombiano. Lamentablemente, se aparece esta pandemia que nos agobia y de postre la famosa reforma tributaria que ya sabemos el rumbo que tomo, pero con una huella que aun padecemos porque fue la excusa para estallar.

Hoy se requiere entonces si es que lo logramos, recomponer el camino, lo cual no será fácil en el corto plazo, pero el problema es que necesitamos desactivar la bomba con victorias sociales tempranas y en medio de esta pandemia, en lo personal no veo fácil con la clase política que se tiene, donde, aunque existen políticos serios y honestos no estoy seguro que sean la mayoría y por ello, a parte de la clase política la considero parte del problema.

El presidente a mi juicio debió iniciar los diálogos en territorio, romper el esquema de iniciar en palacio, ser más audaces, arriesgar… ¡toca hacerlo! A escenarios atípicos, respuestas atípicas. ¡El mismo formato no aguanta para enfrentar esta crisis, entiéndase es una crisis mayúscula! Sino nos vamos a fondo para cambiar esto, se nos viene la tarjeta roja y esto nos va a llevar a un escenario de caos total, desobediencia civil y por mucha conmoción interior que se decrete, la gente se va a tirar a las calles y es la debacle total de nuestro estado de derecho y…Dios nos libre.

Colombia debe recupera su estabilidad institucional y sobre todo avanzar en una agenda concertada para enfrentar de inmediato lo que el DANE con su muy diligente director nos ha expresado, que casi dos millones de hogares, o sea, algo cercano a 8 millones de personas pasaron de ingerir tres a dos comidas diarias. Esto es de la mayor gravedad sobre todo para la población infantil porque están en etapa de crecimiento y una mala alimentación puede afectar sus capacidades cognitivas y sus condiciones de talla y peso.

Lo anterior requiere como lo ha expresado monseñor Héctor Fabio Henao, que se acuerdo un pacto por la paz y la reconciliación, pero sumándole otra variable, contra la pobreza y el desempleo. Lo anterior debe posibilitar la aprobación con urgencia de políticas que respondan a ello y esto requiere entonces el concurso del congreso, el banco de la república, el sector privado y desde luego la reorientación por parte del ejecutivo de recursos para atender la emergencia social que se tiene.

¡Por favor NO esperemos que llegue la tarjeta roja ¡Los niños que están naciendo en este momento en suelo patrio deben llenarnos de responsabilidad para que luchemos por dejarles el país que se merecen!

 

 

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