Llegó Navidad, ¿nos reencontraremos?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda
Twitter: @Florohermes

La Navidad simboliza el reencuentro con nosotros mismos, la divinidad y los otros. Igualmente, representa la reconciliación y la reflexión.

Pero, ¿cómo lograr el reencuentro de todos los colombianos alrededor de un propósito común, si muchas familias viven estas fechas en ausencia de sus seres queridos porque el secuestro se los arrebató y aún no regresan? ¿Cómo cantar “noche  de paz, noche de amor/todo duerme en rededor”, si con nuestra élite del poder hemos construido uno de los países más desiguales de la tierra?

Para responder esta cuestiones es necesario reflexionar sobre los daños que nos ha producido, desde nuestra Independencia, la institucionalidad política y económica extractiva, que las derechas de este país han defendido a sangre y fuego, que el liberalismo (el centro) ha criticado sin pasar a la acción y que las izquierdas han respondido, unas con ideologismos y otras con más violencia, la cual ha degenerado en el saqueo, el secuestro, la detracción de rentas, el expolio y la miseria.

Por lo tanto, el reencuentro de los colombianos atraviesa por la ruptura de esa institucionalidad política y económica extractiva, que excluye y que arrebata, para sustituirla por una institucionalidad política y económica incluyente, que innova y que crea; es decir, proponernos todos los colombianos el ideal liberal de la libertad de competencia y empresa, lo cual se traduce en el lema de Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Entonces, es menester clamar por la libertad de todos los secuestrados colombianos como por la igualdad de los desamparados, pobres y miserables de este país; es necesario dolerse de la ausencia de fraternidad expresada a través de los abusos de la propiedad privada como de la violencia que nos ha envuelto desde la Independencia.

¿Qué quiere decir todo esto? Que desde nuestros lugares de encentro debemos reflexionar sobre la necesidad de la defensa de la libertad, sobre el logro no alcanzado de una igualdad que no hemos podido ‘internalizar’ y sobre la poca práctica de la fraternidad entre nosotros los colombianos; es decir, volver a la cantera del liberalismo y gritar, como lo hicieron los revolucionarios franceses, ¡libertad, igualdad y fraternidad!

Luego, ¿qué mejor regalo para Colombia, para esta patria dolida y ensangrentada, que la libertad, la igualdad y la fraternidad?

En conclusión, abogo desde esta columna, para que todos los colombianos clamemos por la libertad de todos y cada uno de nuestros secuestrados y por la igualdad de todos los desamparados, pobres y miserables de este país; para que nos dolamos de la falta de fraternidad, de unos y otros, y nos consagremos a la paz a sabiendas de que (como lo señalé en mi columna del 29 de junio) “en pro de la paz será necesario hacer renuncias a la justicia que solo serán sostenibles políticamente si dichas renuncias a la justicia las sabe explicar mejor el Gobierno Nacional que el uribismo”.

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