“Lo que los buenos hombres dejan de hacer”

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Nicolas Orejuela, Director Ejecutivo de la Unidad de Acción Vallecaucana.
Nicolas Orejuela, Director Ejecutivo de la Unidad de Acción Vallecaucana.

Por Nicolás Orejuela

Director Unidad de Acción Vallecaucana

La corrupción es un mal generalizado entre la sociedad colombiana, lo que lleva consigo que cuando falla el principal elemento natural, el hombre, los demás recursos carecen de valor y el factor corrupto se convierte en combustible y motor de la pobreza, la violencia y otros fenómenos nocivos.

Según Transparencia por Colombia, en el balance del año 2009 sobre este flagelo, indicó que este fenómeno nos hace perder anualmente casi 4 billones de pesos. El índice de transparencia Nacional revela que de 138 entidades públicas evaluadas, tan sólo el 4% de ellas tienen bajo riesgo de corrupción, el 41% riesgo medio y el 17% riesgo alto y muy alto. Así mismo, el año pasado el Zar anticorrupción afirmó que el nivel de impunidad llega al 4.5, siendo 5 el más bajo.

Ahora bien, Cali y nuestro Departamento no son la excepción, hemos visto cómo los malos manejos administrativos, en especial, en los recursos fiscales, nos ponen en un alto riesgo. Dos empresas fundamentales para el fortalecimiento de lo social en la municipalidad se encuentran intervenidas y una en liquidación EMCALI y EMSIRVA. Es evidente que el mal endémico de la corrupción deja como resultado en nuestra región dos Alcaldes de la capital Vallecaucana y tres gobernadores que no terminaron su periodo por diferentes causas, muchas de ellas atinentes a conductas de corrupción. En el mismo sentido, el informe de desarrollo humano de 2008 que realizó el PNUD nos confirma que en el periodo 2004-2007 diez Alcaldes del Valle del Caucafueron destituidos o sancionados por irregularidades, lo que pone de manifiesto problemas serios de gobernabilidad e institucionalidad en la región que apenas hasta ahora con la gestión local se empieza a visibilizar un panorama esperanzador.

Con todo esto, Colombia es elpaís que presenta en el contexto internacional el mayor número de instituciones e instrumentos legales en la lucha anticorrupción, e incluso concedepotestades alos ciudadanos tanto para intervenir en la gestión pública, como en su control y seguimiento. Pese a ello, el corrupto no se asusta, no se intimida, hecho que denota una creciente incapacidad del sistema para alcanzar el interés público.

¿Cuál es entonces el origen de la corrupción? Podríamos hacer al respecto elucubraciones sobre diversos factores históricos: ¿La misma corrupción, durante elperíodo colonial del agonizante imperio español?, ¿El régimen de caudillos durante nuestra independencia y los primeros años de la república?,¿ las luchas por el botín burocrático, durante la primera mitad del siglo XX, cuando el Estado era el principal generador de empleos?, ¿ El clientelismo, durante el frente nacional? ¿El auge del crimen organizado, durante las recientes décadas? ¿La creciente desigualdad social y la pasividad de los gobernantes para solventarla? Podríamos seguir ahondando por mucho tiempo en las posibles causas de la corrupción en nuestro país. Corrupción que, sólo en la última década se llevó cerca de 32 billones de pesos.

Pero además de un análisis histórico, debemos observar los aspectos sociológicos en su génesis. Tenemos una sociedad que ha confundido el materialismo y el hedonismo con el bienestar material, la sociedad de consumo con la democracia, el egoísmo y el individualismo con el personalismo. Una sociedad que de estas confusiones ha creado una verdadera “cultura” de la corrupción, con sus propios “códigos” y sus propias “leyes”.Es decir, un “Infra-Estado” clandestino, dotado de sus propios caracteres y tributos.

Ante la rutinización y lo que es peor una banalización de estas situaciones, debemos comenzar entonces por descartar los falsos remedios y las recetas simplistas. Se necesita elaborar un nuevo concepto de sociedad. Uno que no esté basada en el consumo y en el saqueo de la naturaleza. Una sociedad con menos desigualdades sociales y económicas y por ello mismo con menos probabilidades de corrupción. Es necesario un cambio individual y colectivo de nuestra gente, donde propiciemos una nueva cultura incluyente sobre lo público, de verdadera pertenencia social, participativa y de respeto y trato sagrado por lo que es de todos. Un Estado Social en el que los hombres son ante la ley, lo que todas las almas ante Dios: Iguales por derecho de nacimiento, desiguales sólo según sus obras, en que la ley asegura igualmente la propiedad y trabajo del rico y el pobre; la ciencia del sabio y el estudio del ignorante; la vida digna del anciano y los primeros pasos del niño. Un Estado Social en que todo hombre de bien, sea cual fuere su raza, su patria, su profesión, sus opiniones, su culto, su traje, su nombre, rojo, azul, amarillo o verde, descanse en la probidad de su conducta y en el poder público que lo protege.

La inflación normativa generada por el Estado para contrarrestar este fenómeno per se, no es suficiente, si no hay quién aplique el derecho próbamente, si no hay quién denuncie, si no existen respuestas inmediatas de las autoridades competentes, si no se rinden y publicitan íntegramente los informes de cara a la comunidad. En otras palabras, si cada uno de nosotros no juega su rol en sociedad.

Por todo lo anterior, celebro el avance en la firma del convenio entre la admnistración departamental y la Federación Nacional de Departamentos encaminado a contrarrestar el contrabando en la región. Esperamos cuanto antes se defina su política pública, e implemente los mecanismos y estrategias para su concreción y resultados. Es decir, que no quede como un convenio más que generá efervescencia y esperanza en su anuncio y una desilusión en su aplicación.

El proceso de transformación de nuestra sociedad no es mañana, ni pasado, es hoy, es ahora, es nuestra responsabilidad, es el legado que debemos darle a esas nuevas generaciones y así, no caer en la premisa de Martin Luther King al manifestar que “No me preocupa tanto lo que los hombres malos hacen sino lo que los buenos hombres dejan de hacer”. ¿Usted que está haciendo?

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