Matrimonio entre dos personas

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César LópezPor César López

@cesarlopez_

En Teoría el Derecho, las leyes y todo lo relacionado con el tema legal existen para protegernos, para poder vivir en sociedad y facilitar las cosas a la hora de tomar decisiones. Pero en la práctica, y en general, sucede todo lo contrario: a veces complican lo que parece sencillo y se prestan para interpretaciones y discusiones que hacen que pierdan su razón de ser. Eso es lo que pasa con el tema del matrimonio entre dos personas, que por meterle religión, prejuicios y pensamientos conservadores se ha complicado y ha vulnerado el derecho que tienen dos personas, sin importar su género, de legalizar una relación y formalizar una serie de asuntos importantes para su futuro.

Yo sé que seguramente un abogado que lea esto dirá que estoy cometiendo errores en cuanto a conceptos y demás, pero lo que simplemente quiero manifestar es que algunos medios, dirigentes y expertos en leyes se están olvidando de lo realmente fundamental, de la condición humana. Dos personas tienen derecho a casarse, y si para algunos el problema es el significado de la palabra matrimonio, pues entonces hay que cambiarlo porque seguramente alguien dirá que se refiere únicamente a una relación entre un hombre y una mujer.

En muchas ocasiones los colombianos hemos actuado como expertos en enredar las cosas, tal vez por eso le hemos metido religión al tema, haciendo que una situación del plano terrenal se confunda con otra del plano de la fe y las creencias. Cada persona tiene derecho a creer en lo que quiera, de tener una, dos y tres religiones, de cambiarse, salirse y de no creer en nada. Pero es un tema totalmente personal que no tiene por qué afectar a los demás y menos de forma negativa quitándole derechos a otra persona.

Las parejas que abiertamente han manifestado su homosexualidad están en libertad como seres humanos de casarse y el Estado colombiano tiene la obligación de protegerlos, reconocerlos y brindarles todas las condiciones para que sus derechos sean respetados. Obviamente, un sacerdote católico, evangélico o de la religión que sea no lo hará, porque tal vez los que crean en alguna religión no lo acepten, pero insisto que ese es otro tema. Ya ellos verán si para ampliar el espectro de sus fieles se inventan algo o buscan un texto donde alguien diga que Dios también reconoce a los homosexuales como sus hijos y listo. Que entre otras cosas debería ser así en caso que una religión quisiera mostrar coherencia.

Los colombianos deberíamos ocupar nuestro tiempo en temas más productivos y encaminados a que como sociedad funcionemos de una forma más incluyente, para que como nación avancemos hacia un Estado más equitativo para todos, buscando que exista calidad de vida y bienestar para las personas. Definitivamente, no podemos olvidarnos de lo fundamental, del inicio y de lo realmente importante cuando nos refiramos a este tipo de temas. ¿O es que acaso perdemos algo si dos hombres o dos mujeres se casan? Pero por lo contrario, si los reconocemos, ganamos mucho más. Negarles a dos personas que se casen es un grave error que en unos veinte años va a ser motivo de arrepentimiento y nos va a causar una profunda pena.

No podemos permitir que los intereses personales, que las creencias religiosas de nuestros dirigentes incidan sobre los demás. En un Estado supuestamente laico no se deben presentar este tipo de discusiones que se mueven en el campo de las teorías y tradiciones que llevadas al plano legal y de los derechos se quedan sin fundamento. Es normal que nos duela cambiar, que nos cueste lo distinto y que en ocasiones nos incomode lo nuevo, pero en este caso se trata de los derechos de dos seres humanos, de la vida de dos personas y por encima de esto no debe haber nada ni nadie.

Este tema del matrimonio de personas de un mismo sexo no debería ser motivo de discusión alguna, puesto que al legalizar esta relación no se están vulnerando los derechos de nadie ni tiene consecuencias peligrosas para la sociedad. Las leyes y normas deben proteger a todas las personas sin ninguna condición, y si hace varios años la homosexualidad era un tabú, pues hoy ya no lo es; entonces, las leyes y normas se deben actualizar y adaptarse a esta nueva situación. Permitamos, pues, que más personas sean felices y que puedan llevar su vida con tranquilidad, apoyemos a los valientes que salen de clóset y luchan por sus derechos garantizando el matrimonio entre dos personas.

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