No debemos perder la esperanza

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CÉSAR LÓPEZPor César López

Twitter: @cesarlopez_

En los partidos de fútbol que se transmitían por televisión hace varios años se escuchaba al narrador decir que “el que pierde dinero pierde mucho, el que pierde un amigo pierde un tesoro, pero el que pierde la fe y la esperanza lo pierde todo”. Era la época en que la selección Colombia se encontraba matemáticamente eliminada, pero aun así se invitaba a soñar con un cambio, con un resultado distinto. De la misma manera, uno puede hacer un análisis de nuestro entorno a través de las noticias, de las cifras y de los estudios y fácilmente llegar a un resultado tan negativo, que revertirlo parece imposible. Pero lo único que permite pensar que las cosas pueden cambiar es hacerlo a través de soluciones, de alternativas pero siempre manteniendo la energía y la esperanza de que las cosas puedan transformarse; en caso contrario, no hay sentido.

Víctor E. Frankl publicó El hombre en busca de sentido en 1946 y en él cuenta cómo sobrevivió a pesar de la adversidad en los campos de concentración de la antigua Alemania nazi, manteniendo la esperanza viva. Hoy en día es fácil que los líderes desfallezcan debido a las grandes dificultades y crisis de valores y falta de compromiso de las personas, pero en su capacidad para innovar y afrontar los problemas con diferentes estrategia está la salida, siempre y cuando no se pierda la fe en que las cosas pueden mejorar, así se trate de una utopía.

Nada logra darnos más esperanza de cambio que cuando vemos a los niños, cuando tenemos la posibilidad de educarlos, de inculcarles valores y apoyarlos. En ellos está la renovación, un nuevo impulso, un nuevo aire y la posibilidad de alimentarnos de nuevas ideas. Cuando se pierde la fe, debemos buscar personas que gracias a su falta de información y poca contaminación, vean posible lo que nosotros ya no, esa es la fuente del cambio y de dejar que otros lo intenten.

En este momento nuestro país pasa por un momento histórico, una coyuntura que le puede permitir firmar un acuerdo de paz con el que no se dará solución a los problemas de nuestra Nación, pero por lo menor habremos ‘chuleado’ una de las acciones que todavía nos tiene en el milenio pasado en materia social y como Nación. Darle fin a esa situación de años de sufrimiento e incertidumbre que confunde a un país, que ha decidido la elección de por lo menos tres presidentes y que concentra todo lo malo de Colombia, cuando el verdadero problema está en la corrupción y desigualdad, hará que las cosas sin duda alguna mejoren.

Por eso, a pesar de los cientos de intentos de saboteo a las conversaciones de paz, de fotos y comunicaciones tergiversadas, necesitamos mantener la esperanza en que se va a firmar el acuerdo con las Farc, porque es más lo que se gana que lo que se pierde y después de ellos vendrán los otros movimientos guerrilleros, que así tengan un potencial militar inferior, producen muertes y alimentan la violencia en Colombia. Es difícil creer en personas que han asesinado a otros colombianos, pero es a través del perdón y la búsqueda incasable de soluciones como podremos avanzar.

Entonces no podemos perder la esperanza, porque en este mundo de injusticias y lógicas autodestructivas sólo la fe y creer que las cosas van a mejorar pueden generar que en algún momento se produzca el cambio. En el pesimismo y la falta de entusiasmo no está la solución, sin hacer nada y quedándonos quietos no van a existir efectos y haciendo lo mismo vamos a obtener los resultados de siempre. En una época donde parece no haber salida, donde los problemas no parecen tener solución, la esperanza juega un papel fundamental en la construcción de un camino hacia el cambio y de una situación mejor.

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