No más súplicas

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ana-mariaAna María Ruiz
@anaruizpe

El cráter de la carretera Panamericana recuerda a todos quienes transitan entre Popayán y Cali que la guerra no ha cesado. Por fortuna hay paso por un solo carril, si los topos que instalaron los explosivos en la alcantarilla avanzan unos centímetros más, el suroccidente colombiano habría quedado aislado por un buen tiempo, una pésima noticia en vísperas de la Semana Santa.

Pero esta no es, ni mucho menos, la única pésima noticia que reporta la guerra en el Cauca. Sólo en estos primeros días del mes de abril, además de la voladura de la carretera en La Agustina, fue desactivado un carro bomba en Inzá, y los ataques a Morales y Jambaló dejan 3 soldados muertos. Al revisar el mapa de acciones bélicas en Colombia en lo corrido del 2014, compilado por Naciones Unidas, el Cauca es de lejos el departamento que reporta mayor número de impactos de guerra (128, seguido de Arauca con 107 hechos) y es, de manera abrumadora, el departamento que registra el mayor número de víctimas en el período, 3.817 personas. (www.salahumanitaria.co)

Nadie parece tener una respuesta concreta a la pregunta ¿porqué las FARC se ensañan con el Cauca?. Como en un cuestionario de respuestas múltiples, la suma de cada explicación parcial permite hacerse al denso y confuso panorama de una violencia que no cesa, que afecta a campesinos, a comunidades afrodescendientes e indígenas, a transportistas, comerciantes, niños y maestros, que desbarata las previsiones de las administraciones locales, los planes de desarrollo municipales, la cotidianidad de las economías familiares y la salud física y mental de miles de personas.

La respuesta que esperamos la tienen que dar las FARC. Con cada ataque, vienen los llamados casi suplicantes de unas autoridades locales desarmadas y desamparadas que piden por el cese de las acciones violentas. Clamores de la sociedad civil que caen en la bolsa infinita de demandas que las FARC han desdeñado en sus 50 años de existencia. Gritos sin eco.

“No más súplicas”, dicen todavía algunos ingenuos, “lo que se necesita es enfrentar y derrotar a las FARC”. Como si la evidencia histórica no nos demostrara tozudamente que el incremento en pie de fuerza no los derrota, como si fuera posible poner un soldado en cada alcantarillado para que no vuelen la carretera, como si en algún lugar del mundo los fusiles hubieran callado a los fusiles.

No más súplicas, es cierto. Exigencias. Ahora que se tiene sentada en La Habana a la dirigencia, el departamento del cauca debe dejar de implorar por el cese de la violencia, y encontrar una ruta para exigir a las FARC una rendición de cuentas de su actuación en el departamento. ¿No buscan acaso pasar de ser una dirigencia militar para convertirse en dirigencia política?

¡Que respondan! Entender porqué el Cauca es el epicentro de la guerra en medio de las negociaciones no es un subpunto del quinto punto de la agenda, a ser tratado cuando llegue el momento de las víctimas en la negociación. La respuesta es política, atraviesa todos los puntos de la agenda, el narcotráfico, la participación, la desmovilización y el desarrollo rural.

Pero para encontrar la respuesta que se busca, es necesario hacer la pregunta correcta, de manera directa, y dejar de lanzar clamores que naufragan rumbo a La Habana. Es el momento de exigir las cuentas claras, las explicaciones y las verdades que estos señores nos están debiendo desde hace mucho tiempo.

Nota al margen: Encabezamos un nuevo deshonroso primer puesto en el mundo, el país donde más ataques con ácido se producen. Qué dolor.

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