Nobel a la carrera

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LA HISTORIA ES UNA CARICATURA

En países burlescos como Colombia la historia se repite cíclica e inexorable, y a veces la única manera de sobrevivir es mediante la ironía y la sátira propias de la caricatura. En esta columna recordamos caricaturas antiguas que siguen vigentes y que, como nuestro país, a veces dan más amarguras que sonrisas.

 NOBEL A LA CARRERA

Una vez más, este pueblo se engalana con el nombre de Gabriel García Márquez. En todo el país hay celebraciones por su obra, sus premios y la inmortalidad de la que se invistió no solo él sino su terruño, que trascendió fronteras y colonizó todos los países y todos los idiomas impresos. Sin embargo, esa merecida celebración tiene un lunar que no se puede tapar con ninguna mariposa amarilla de cartulina.

Cuando García Márquez murió hace dos años, toda Colombia se manifestó en un gran sollozo y un único clamor de agradecimiento. Excepto cierta tontarrona que no voy a mencionar para no darle prensa, todos en el país alabaron la vida y la obra del Nobel. De todas partes aparecieron amigos, parientes, vecinos y hasta rivales que resultaron íntimos aduladores de Gabo, como le decían sin reparo, ávidos lectores de sus novelas y hasta confidentes de sus últimos escritos y secretos. Desesperados por aparecer en los noticieros de farándula, hablaban generalidades sobre su obra y la mayoría no pasaba de citar mariposas amarillas sin saber muy bien por qué y tenía sus libros en ediciones de lujo sin abrir. Cada aniversario, en los homenajes resucitan los politicastros, curas y militares que se pavonean alabando al ilustre literato, confiados en la flaca memoria de los colombianos que han olvidado que en 1981, durante el gobierno del general Camacho Leyva, perdón, de Julio César Turbay Ayala, amparados bajo el Estatuto de Seguridad varios artistas e intelectuales fueron detenidos e interrogados, es decir torturados, por posibles nexos con grupos guerrilleros o, simplemente, por ser peligrosos terroristas al denunciar la verdad inenarrable con sus valientes plumas. Eso le pasó al futuro nobel, quien estaba en la mira de los militares y, gracias a un oportuno aviso, alcanzó a refugiarse en la embajada de México, país donde decidió residir el resto de su vida; exilio con el que realmente castigó a su patria, pues nos enrostró siempre la vergüenza de permitir, hasta hoy, dictadorzuelos dispuestos a castigar el intelecto y ciudadanos pasivos que ven indiferentes cómo desaparecen al vecino.

Por eso, mientras tanto hipócrita iletrado y poderoso  desfilaba hace dos años ante el féretro del inmortal escritor y aún hoy se sube a estrados a lavarse con su gloria, cobra importancia esta caricatura de Arcamor de 1981. En ella, García Márquez huye, con un pasaje a México y una máquina de escribir, de un Turbay Ayala en traje militar, alusión a quienes verdaderamente tenían el poder, con un sable que reza “Estatuto de Seguridad”. García Márquez no se marchó ingrato de Colombia, como afirman muchos, sino que fue expulsado de su patria por tener el mismo talento, valor e inteligencia que le dieron la gloria internacional. Eso no se nos puede olvidar, porque los sátrapas que pretendían prenderlo hace décadas han conseguido perpetuar su intolerancia con el poder en las manos y en los sables.

OSCAR PERDOMO GAMBOA

Escritor

Magister en Literatura

 Doctorando en Humanidades

oscarperdomo@yahoo.com

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